Los sustitutos de Dios, sus alternativas y sucedáneos. Eso que acontece cuando se desaparece a Dios y se intenta encontrar un reemplazo de él. Los movimientos e ideas que intentan desaparecerlo.

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Introducción

¿Cómo saber si alguna acción, o alguna idea trata de hacer desaparecer a Dios o intenta sustituirlo? ¿Y qué efectos tendría eso? La reflexiones de Johnson ayudarán en este tema tan difícil.


La idea de esta carta proviene de la obra de Paul Johnson, The Quest For God : A Personal Pilgrimage. New York. HarperCollins Publishers, chapter 3, Is there an alternative for God?, pp 18-33.


Punto de partida

El autor inicia su capítulo señalando lo que según él es un hecho notable: la gran mayoría de la gente en la actualidad cree en Dios. Esto es cierto aún en los países más ilustrados.

Sin embargo, al mismo tiempo, existe un espíritu que él llama de Prometeo. Lo poseen las personas que creen que pueden pasársela sin Dios, o que le encuentran sustitutos.

Por tanto, en la actualidad conviven dos corrientes contrarias, una que cree en la existencia de Dios y otra que quiere vivir sin Él o con sus suplentes.

Prometheus Chained, Paris, France«Prometheus Chained, Paris, France» by Grufnik is licensed under CC BY-NC-ND 2.0

El espíritu de Prometeo

Ese espíritu de Prometeo ha crecido en los últimos 250 años. La razón de ese crecimiento es el cúmulo de progreso y una gran confianza en el potencial del hombre.

Eso produce un deseo de no sometimiento a la subordinación que implica por definición la idea de Dios.

Quienes de cualquier manera forman parte del espíritu de Prometeo, son portavoces de la modernidad que hace absurda la noción de Dios. Más aún, son personas que hacen objeto de burla las creencias religiosas, especialmente las Cristianas.

En esta parte se detiene el autor para dar datos históricos que muestran que esos Prometeos han propuesto ellos mismos ideas ridículas.

Por ejemplo, esa definición del alma que dice que ella es la suma de los movimientos del plasma en las células glandulares.



Johnson da argumentos críticos contra B. Russell, A. Comte, J. P. Sartre y otros, con la intención de mostrar la debilidad de las ideas que ellos han desarrollado para sustituir a Dios.

Esos y otros intelectuales han hecho intentos por combatir o sustituir la idea de Dios. Sin embargo, esas pretensiones intelectuales, dice, no son tan peligrosas como otros intentos más recientes. Estos nuevos intentos apelan a instintos bajos y malos.

El poder: uno de los sustitutos de Dios

El autor considera al deseo de poder como uno de las alternativas de Dios. La Primera Guerra Mundial fue provocada por la adoración del poder.

Una causa principal de este conflicto fue el terror de Alemania ante el crecimiento industrial ruso. Este deseo de poder es una manifestación del creciente materialismo: la creencia de que el objetivo único de la vida es satisfacer los instintos y deseos de poseer, usar, consumir y controlar.

Cuando esos instintos y deseos de controlar y poseer llegan a los gobiernos, se crean situaciones llenas de horror, como las guerras de ese tiempo, con niveles enormes de crueldad.

O como el establecimiento de regímenes totalitarios que imponen por la fuerza la negación de Dios.

El comunismo es un ejemplo claro: negó formalmente a Dios y realizó persecuciones de creyentes. Más aún, sustituyó los ritos religiosos con otros, como la adoración de Lenin.

Johnson cita a los viejos regímenes de Albania, de Rumania y de la China de Mao, como otros ejemplos de gobiernos materialistas que intentaron combatir a Dios.

Lo mismo sucedió con el Fascismo y el Nazismo. Igual pasó en el sudeste asiático, donde los misioneros franceses fueron sustituidos por el totalitarismo de Ho Chi Min. Situaciones iguales se dieron en Africa con los regímenes comunistas que la han gobernado.

El común denominador de esos gobiernos totalitarios fue su materialismo, que intentó el reemplazo de Dios y la negación de la moral.



Continuada búsqueda de alternativas

Desde luego, esos sistemas de gobierno han fracasado y muy pocos estarían dispuestos a probarlos de nuevo. Sin embargo, la búsqueda de sustitutos de Dios no ha sido abandonada.

En la actualidad esos intentos toman otras formas. Por ejemplo, dice el autor, el marxismo es un sistema sin méritos, que a pesar de eso ha hecho su reaparición en la Teología de la Liberación.

Pero también hay otros intentos actuales. Son movimientos sociales de muy fuerte atractivo para los idealistas. Son activismos con programas radicales de acción y que pueden implicar la sustitución de Dios.

Hay movimientos o activismos en boga, con agendas que enfatizan el bienestar material a tal punto que implican la sustitución de Dios y sus mandamientos.



Naturaleza humana

Es obvio que para Johnson el ser humano tiene un rasgo que es el principal de su naturaleza: la conciencia de Dios.

Esa conciencia es lo que nos distingue del resto de las criaturas. Si desapareciera esa conciencia, ese respeto a Dios, nuestro destino sería terrible, dice el autor.

La característica que separa al hombre de otras especies es la aceptación de Dios, un poder mayor, al que nos debemos y cuya enseñanza debemos seguir.

Otros intentos de sustitutos de Dios

El autor, a continuación, menciona y analiza movimientos actuales que, según él, pueden tener como efecto esa intención de sustituir a Dios. Por ejemplo, el homosexualismo.

Es una conducta humana reprobable que, en la actualidad, no recibe castigos legales bajo ciertas condiciones. Los defensores de este movimiento han exigido privilegios para sus miembros, como la demanda de una cuota de homosexuales en algunos gobiernos locales.

Otro ejemplo son los movimientos basados en la defensa o protección de segmentos raciales. Estos activismos empiezan por hacer demandas legítimas que se convierten después en exigencias de privilegios para la comunidad que defienden.

Estos activismos presentan agendas extremas y radicales, de exigencias de privilegios, que se fundan más en el enojo y la intolerancia que en el amor y la razón.

Un ejemplo más, el del movimiento verde. Su punto de partida es el de la idea cristiana del mundo: los hombres somos responsables de su cuidado. Sin embargo, pueden degenerar en ideas ateas de la Madre Tierra.

Y otra instancia adicional, el de los movimientos que apoyan el aborto y la eutanasia. Son movimientos que proponen acabar con la vida. Estos activismos tienen en común el énfasis en el bienestar puramente material y la creación de una actitud de una arrogancia intelectual, soberbia e infalible.

Conclusión: no hay sustitutos de Dios

Johnson termina ese capítulo con la afirmación de que es imposible reemplazar a Dios. La razón es sencilla.

Dios no puede ser sustituido porque sólo la creencia en Él nos ofrece un después de la muerte. Ninguno de esos activismos materialistas ofrece ese después de la vida terrenal. Ellos colocan toda su atención en el bienestar material y se olvidan de la vida futura.

Más aún, dice el autor, Dios no puede ser probado al estilo de un teorema matemático. El es algo que intuimos, aceptamos y que tratamos de alcanzar con la oración.

Las experiencias de los intentos de sustitución de Dios han provocado situaciones terribles. No solamente han fracasado, también han producido miseria al desechar la maravillosa idea de Dios.

Ese es el peligro de las nuevas agendas radicales de activismos extremos. Aunque pueden dar otra apariencia, deshumanizan al hombre. Igual que lo hicieron los regímenes totalitarios.

Examinemos, por tanto, los movimientos y activismos actuales. Reconoceremos como negativos a aquéllos que de alguna manera intentan sustituir a Dios.


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[La columna fue actualizada en 2021-02]

Patologías religiosas 

Por Eduardo García Gaspar

Inicio con una cita:

«Hemos visto que existen patologías en la religión que son extremadamente peligrosas y que hacen que sea necesario ver la luz divina de la razón como un “órgano de control”. La religión debe permitirse continuamente a sí misma ser purificada y estructurada por la razón; y esta era la opinión de los Padres de la Iglesia, también». Ratzinger, Joseph Cardinal. Europe today and tomorrow(p.80). Ignatius Press. Versión Kindle. Mi traducción.

Reconocer patologías de la religión es una postura que no suele ser fácil, pero son una realidad: interpretaciones equivocadas, acciones erróneas, crueldades sin justificación. Es cierto y puede llevar al ateísmo.



Pero, ¿no hay acaso también patologías de la razón? Vuelvo a citarlo:

«[…] también hay patologías de la razón, aunque la humanidad en general no es tan consciente de este hecho hoy. Hay una arrogancia de la razón que no es menos peligrosa. De hecho, teniendo en cuenta sus posibles efectos, plantea una amenaza aún mayor: basta pensar en la bomba atómica o en el hombre como un “producto”. Esta es la causa por la cual la razón también debe ser advertida para que se mantenga dentro de los límites apropiados, y debe aprender a estar dispuesta a escuchar las grandes tradiciones religiosas de la humanidad. Si se corta completamente a la deriva y rechaza esta disposición a aprender, esta relación, la razón se vuelve destructiva». Ibídem, (p.80)

Tenemos entonces un asunto de equilibrio destinado a evitar esas patologías de la religión, pero también de la razón y con una conclusión que me parece genial: razón y religión se equilibran una a la otra, se purifican entre sí.

No creo que produzcan así una situación de armonía absoluta en nuestro mundo, pero al menos evitan extremos indeseables.

La religión sin razón se descontrola y la razón sin religión se vuelve destructiva. No es una mala idea, al contrario y que recuerda a las ideas de Tocqueville sobre la religión y la libertad.



Sin creencias originadas en la religión, las personas no soportaríamos a la libertad. La libertad necesita la fe en algo, sin lo que la búsqueda de un amo se volvería la acción natural. Para ser libres necesitamos creencias y sin ellas seremos siervos.

Al final, después de todo, parece ser un asunto de evitar extremos exagerados. Quien rechaza a la idea de la religión cierra una buena puerta para él mismo, lo mismo que quien descarta a la razón.