Dosis correcta de gobierno

Es la vieja discusión. Esa de qué tan grande debe ser un gobierno. La de cuántas responsabilidades debe tener; de cuál es su función.

¿Cuál es la función central de un gobierno? La interrogante ha sido contestada de dos grandes maneras:

Por un lado, la respuesta liberal, variada en intensidad, asigna al estado un papel importante, pero limitado y enfocado (aunque en versiones extremas, el gobierno no existiría).

En esta perspectiva, no es original decir que los gobiernos tienen un papel importante, pero sí es propio del liberalismo limitar a los gobiernos, acotar sus poderes, enfocarlos a una función vital pero concreta y de la que no puedan salirse.

Del otro lado, está la posición socialista o progresista, la que tampoco causa sorpresa en cuando que afirma que el gobierno es muy importante. Pero es característico de esta forma de pensar que proponga gobiernos grandes, con múltiples funciones y responsabilidades.

También hay una variedad de posiciones socialistas o progresistas, que van desde la de un gobierno responsable del bienestar de la persona desde que nace hasta que muere hasta posiciones menos intensas y que incluso se encuentran cerca de la doctrina liberal.

Un ejemplo clásico de esta mentalidad es el intenso caso del comunismo cuando el gobierno se vuelve propietario de los medios de producción, lo que convierte a los ciudadanos en trabajadores al servicio del gobierno.

Una posición salomónica y no muy desencaminada propondría que los gobiernos tienen más funciones de las que sugiere el liberal y menos de las que piensa el socialista. Una propuesta que, indica un camino razonable: la razón práctica de no irse a los extremos tan radicales de todo o nada.

Sin embargo, debe haber una dirección que indique hacia dónde debe inclinarse la dosis de gobierno; hacia mucho o hacia poco. Ir tras el punto medio es demasiado vago como para ser de utilidad.

Para determinar la dosis correcta de gobierno, tenemos que entender cuál es su razón de ser; su propósito. No creo que haya mucho desacuerdo si digo que los gobiernos deben ser un elemento importante para que sea posible la prosperidad de los ciudadanos. Eso que puede llamarse florecimiento de la comunidad.

Esto ya permite una conclusión: descartar a la posición extrema socialista que vuelve a los gobiernos la única fuente y causa de la prosperidad. Sería extraordinariamente difícil creer que los gobiernos y su desempeño sean la razón exclusiva y sola de la prosperidad.

Y, aunque teóricamente no excluye la posibilidad de que sin gobierno pueda prosperarse más, parece razonable la necesidad de que la prosperidad tenga más oportunidad con la colaboración de un gobierno que sin ella.

Lo anterior lleva a la cuestión obvia siguiente, la de las fuentes variadas de prosperidad. Debe haber varias, múltiples y distintas. La prosperidad es un fenómeno complejo como la civilización. ¿Cuáles son estas fuentes de prosperidad?

Imagino que el más simple vistazo a la historia arroje luz sobre el tema. Resulta aceptable entender que las causas diversas y múltiples del florecimiento están en los desempeños de las personas. Toda esa serie de pequeñas y grandes contribuciones individuales, que solas pueden no ser gran cosa, pero que en conjunto acumulado resultan descomunales y colosales.

Si esto es cierto, entonces los gobiernos serían uno de los factores que ayudarían a elevar la prosperidad, pero con una condición mínima: no obstaculizar la oportunidad de las contribuciones individuales. Expandamos esto un poco más.

La dosis correcta de gobierno es aquella que como requisito mínimo no obstruya ni impida las aportaciones de las personas al florecimiento de la comunidad. Y, como requisito ideal, que construya un espacio propicio al aumento de esas aportaciones individuales. Seguramente encontraremos que en la realidad tenemos más del necesario.

Esta conclusión parece razonable. Descarta la riesgosa idea de apostar el bienestar nacional a una sola supuesta fuente de prosperidad suponiendo que nadie crea prosperidad excepto el gobierno. Y hace razonable la idea de que los gobiernos sean necesarios para prosperar siempre que, como mínimo, no obstruyan las aportaciones de otros a esa prosperidad.

Como lo expresa un amigo: «En ningún punto de la historia ningún gobierno ha aportado a la prosperidad lo que han aportado individualmente gente como Edison, Jobs, Tesla o Bell, por no mencionar a los anteriores a ellos conocidos, ni a los anónimos».

Por supuesto, lo dicho aquí influirá poco o nada entre quienes tienen opiniones en los extremos. Sin embargo, hay una obligación moral de pensar y razonar, con la esperanza de ayudar a decidir a la gran cantidad de personas que no se han ido a los extremos.

Y una cosa más…

Piense usted en inventos como el lenguaje, el dinero, los tornillos, o los aparatos para medir el tiempo y piense si ellos fueron el producto de personas o el producto de gobernantes.

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