Esos propósitos loables

¿Resultados predeterminados o reglas prefijadas? Esta es la pregunta que diferencia a dos enfoques políticos muy distintos, a los regímenes socialistas de los liberales.

No es muy sencillo que digamos, pero puede ser comprendido con cierta facilidad, que es lo que intento explicar abajo.

Según el planteamiento socialista, se pretende buscar el bien común. La frase es lo suficientemente vaga como para ser inservible. El socialismo la ha interpretado como «resultados predeterminados», es decir, una serie de metas que un gobierno pretende alcanzar. Su propia definición de bien común.

Una serie de metas predeterminadas que se alcanzan por medio de la acción gubernamental directa, como la implantación de tasas fiscales redistributivas, o el cierre de fronteras a la importación. También, los aumentos de salarios mínimos, la estatización de empresas, o el control de precios.

Según el planteamiento liberal, se pretende también buscar el bien común, lo que insisto no tiene gran significado si no se especifica cómo. El liberalismo renuncia a la idea de resultados prefijados y prefiere un método indirecto: la propia e individual acción humana para, bajo reglas prefijadas, permita que cada persona use sus recursos y alcance las metas que cada quien se ha propuesto.

Para ejemplificar menos etéreamente esto: si el socialismo definiera al bien común solo con la meta de que todos tuvieran vestido, su gobierno se encargaría de fabricar en una planta propia un vestido igual para todos. El liberalismo, por el contrario, dejaría que cada quien se procurara ese vestido según sus ideas personales, pero bajo ciertas reglas comunes para todos (como no robarle la tela a otro).

Otra manera de entender esto es un partido de futbol. Jugando al estilo socialista, el resultado final sería predeterminado antes de jugarse el partido y las reglas del juego se irían modificando para lograr ese resultado fijado de antemano. En el caso de la Copa Mundial se sabría el ganador de antemano.

Para el liberalismo, por el contrario, lo que importa son las reglas y que bajo ellas cada equipo busque con sus recursos lo que quiera. No hay resultados predeterminados, solo las reglas han sido fijadas y son conocidas por todos.

El asunto tiene su importancia. La meta socialista de resultados predeterminados por medio de acciones directas de gobierno supone que se tiene conocimiento de lo que cada persona desea para ella en cada momento (lo que es imposible de saber).

El socialismo, sin embargo, es atractivo por esa misma característica de buscar resultados predeterminados. Su error es, curiosamente, su atractivo. Los resultados predeterminados son en su esencia misma nada más que buenas intenciones y son muy pocos quienes no sucumben ante una lista de intenciones admirables.

Me parece razonable pensar que lo que mantiene vivo al socialismo es eso precisamente, las admirables intenciones, los altos propósitos, las metas loables. La seducción que eso produce es irresistible. ¿Quién no quisiera vivir en la sociedad justa, rica, caritativa y amorosa que promete el socialismo?

Tiene aquí el liberalismo la ingrata labor de arrojar agua fría sobre la fascinación soñadora de las buenas intenciones, señalando que son un simple embaucamiento, un engaño. No solo es imposible esa sociedad perfecta descrita por las buenas intenciones, también la acción directa del gobierno empeorará las cosas. La promesa del paraíso político lleva al infierno igual para todos.

Y, en su ventaja, el liberalismo tiene su defecto de escaso atractivo: no provee la ilusión ensoñadora de los resultados maravillosos, no promete utopías y, lo peor, propone una relación entre trabajo, ahorro y esfuerzo con prosperidad personal. Todo sin el atractivo sustancial que cree que tiene la mágica acción gubernamental.

De nuevo, piense en el futbol y los jugadores a los que el socialismo ha prometido resultados predeterminados. ¿Cree usted que jugarán bien, que se esforzarán, que darán lo mejor de sí mismos? No, por supuesto; sería los peores partidos de la historia.

En fin, esa pregunta inicial, ¿resultados predeterminados o reglas prefijadas?, tiene sus sutilezas y viéndola de cerca tiene el poder de explicar el porqué de la supervivencia del socialismo, una forma de pensar que no tiene realmente pies ni cabeza y que se conserva gracias a la ensoñación que produce.

Ensoñación como esa de quien compra cierta loción y tendrá a decenas de bellas mujeres corriendo tras él.

«Las acciones pueden ser atroces, y las intenciones puras». Conde de Mirabeau

El camino de la estupidez está pavimentado con buenas intenciones.

 

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