Un panel de control económico

Para unos la Economía es como el panel de control de una máquina y con mover algunas perillas o apretar algunos botones, se logran resultados económicos predecibles y seguros.

Esta manera de entender a la Economía es incorrecta —aunque es la que impera entre esos gobernantes que moviendo alguna variable, como el salario mínimo, los aranceles, o la tasa de interés, creen que lograrán un paraíso económico inmediato y cierto.

La Economía es una ciencia que estudia el comportamiento humano —«trata de hombres, su significado y sus acciones», como escribió Mises. El panel de control que imagina tener el gobernante no funciona porque las personas no son robots.

Tampoco, la Economía es el estudio de cosas, recursos y materiales —sino el examen de la acción humana que transforma las cosas en medios limitados, usando la razón, para satisfacer necesidades.

Es el estudio de personas que deciden entre opciones y oportunidades en concordancia con una escala personal de valor en un momento concreto —y no puede, por eso mismo, reducirse a la idea del panel de control que está en manos de un gobernante.

Lo que me propongo, con esta columna, es enfatizar esa conocida pero ignorada idea de que la conducta humana es de tal naturaleza que no puede ser manipulada, controlada, ni alterada sin consecuencias serias y dañinas a la persona.

El caso extremo, e imposible, es el del total mando sobre todas las personas de un país —un gobernante, en su panel de control, aprieta algunos botones y ellas actúan de la manera anticipada por el panel: sube el salario y todos compran más, se vive mejor y ¡presto! todo se ha arreglado.

A ese caso extremo se acerca el totalitarismo con su anulación de la individualidad, pero es insostenible —las cosas no funcionan con tanta simplicidad: subir el salario es subir los costos y los precios; con precios más altos es difícil vivir mejor.

Las dosis de control pueden moderarse, reduciendo su amplitud, pero el principio sigue yendo en su contra: la conducta humana es imposible de ser manipulada desde el panel de control que el gobernante supone tener —es imposible la meta de mover a la economía del país, es decir a la conducta humana, desde ese tablero de controles económicos, legales, y regulatorios que el gobernante posee.

Todo lo que puede hacerse es entender a la conducta humana como producto de percepciones personales que mueven a mejorar la posición personal usando cosas transformadas en medios de maneras y modos imposibles de controlar con éxito.

¿Qué hacer? Simple, respetar a la conducta humana creando condiciones que la fomenten y con leyes sencillas que minimicen conflictos o llevan a formas simples de solucionarlos.

Eso es lo que hace absurdo que se tome la perilla del panel de control y se mueve a más nivel creyendo que las cosas serán mejor y que no habrá consecuencias —por ejemplo una de las promesas electorales:

«Ricardo Anaya quiere duplicar el salario mínimo. De ganar la Presidencia, se buscaría llegar a los 190 pesos diarios de salario básico, dijo su asesor y coordinador, Salomón Chertorivski». elfinanciero.com.mx

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