Y si la verdad no existe…

¿Existe o no la verdad? ¿Tiene cada persona su propia verdad?

El tema fue tratado por una persona, la que más o menos dijo esto (según lo recuerdo)

«Es fáctico y de cotidianeidad real que la verdad no existe, por lo que es necesario e irremediable el sometimiento a esa sustantividad que mancomuna a la aprehensión personal que manufactura verdades personales y únicas que se encuentran en un escenario de supervivencia».

Para entender lo anterior, ofrezco un resumen simple: es verdad que la verdad no existe. Una posición curiosa al menos es esa de afirmar que es verdad que la verdad no existe y que encuentra situaciones curiosas.

— ¿Existen las noticias falsificadas? Es universal el aceptar que existen y si eso se acepta significa que se acepta la presencia de lo falso.

Lo falso es, por definición, eso que no corresponde con la verdad. Cuando alguien dice que no existe la verdad, puede usted preguntarle si cree que existen las noticias «fake». Tendrá que decir que no existen para no caer en contradicciones.

— O bien, haga otra prueba, pregunte a quien dice que no existe la verdad si dejará de operarse porque su médico le ha diagnosticado apendicitis aguda (y, como todos sabemos, el doctor tiene su verdad, pero otros tendrán la verdad de que no es apendicitis).

— Incluso,, recuerdo el caso de una persona que se quejaba de los engaños que contenían la publicidad y los empaques de muchos productos, especialmente de los «productos milagro», como un anillo para bajar de peso.

La misma persona, en otra ocasión resultó apoyar la idea de que la verdad no existe y de que cada quien tiene su verdad, la que tiene que ser respetada y honrada sin juicios ni críticas.

Eso nos lleva a algo que creo que bien vale una segunda opinión.

Si la verdad no existe realmente, eso presentaría una contradicción insuperable. La que supone que es verdad que la verdad no existe, un imposible real, como un círculo cuadrado. 

Aún así, la idea sobrevive por lo que me parece es una causa desidia y dejadez. Por simple pereza se evita la discusión entre dos juicios u opiniones y se concluye con el socorro del argumento cada-quien-tiene-su-verdad. Y voilà, todos felices.

El fervor exaltado por la tolerancia tiene ese mismo efecto. Quien es un tolerante apasionado tiende a recurrir con frecuencia al argumento cada-quien-tiene-su-verdad porque provee un remedio de amabilidad mal entendida: es de mala educación decirle a alguien que está equivocado.

Una manera de examinar el tema es pensar en lo que se tendría de ser cierto eso de que la verdad no existe. ¿Qué sucedería en caso de que eso fuese cierto? Responder a eso nos lleva a, primero, tener una idea de qué es la verdad. Es razonable decir que

«El término verdad se usa informalmente para significar la coincidencia entre una afirmación y los hechos, o la realidad a la que dicha afirmación se refiere o la fidelidad a una idea».es.wikipedia.org

Ahora supongamos que vivimos en donde no hay posibilidad alguna de lograr esa coincidencia entre lo creído o afirmado y la realidad.

Stephen Hawking hubiera sido una de tantas personas con ideas que no tendrían más valor que las de cualquiera otra persona (incluso las de un político hablando del Big Bang).

— El movimiento «me too» dejaría de tener sentido y todas las acusaciones de abuso sexual valdrían lo mismo que las negativas de sus autores. Cada quien tiene su verdad, después de todo.

— Sería imposible defender y atacar al comercio internacional, pues sus enemigos y sus partidarios solo creen en sus verdades, lo que los dejaría vacíos de argumentaciones, razonamientos y evidencias.

Y como eso, sería inútil proponer que se castigara a delincuentes, pues la negativa de ellos serían suficiente como para declarar que también ellos tienen su verdad.

No sería un escenario agradable, ni sostenible. Resultaría en una renuncia a nuestra naturaleza.

«[…] el hombre que vive en contra de la verdad también vive en contra de la naturaleza». Ratzinger, Joseph Cardinal. Christianity And The Crisis Of Cultures (p. 95). Ignatius Press. Kindle Edition.

Y algo más…

En «La tercera olla» describí algo parecido a ese escenario de no-verdad:

«La tercera olla es ésa a la que Lennon alabó en “Imagine” diciendo que no hay cielo, que se viva al día, que no hay religión, que no hay nada por qué luchar y que eso es la paz. Es el canto a la medianía y la conformidad sin razón. Es el canto hecho para cangrejos miopes, que ni siquiera intentan escapar individualmente. Es la olla de mucho de la sociedad actual que toma a la opinión pública como el máximo valor y a ella se somete sin discusión».

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