¿Estamos predestinados? Si lo estamos, no existe la libertad. La vieja pregunta acerca de la oposición entre predestinación y libre albedrío.

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Introducción

Si el destino existe y es algo predeterminado, el libre albedrío resultaría ser un mito. Sentiríamos ser libres, pero todo estaría ya definido anticipadamente. Nunca podría haberse evitado guerra alguna. Habría sido imposible esquivar la escritura de esta columna.

Si la libertad existe, entonces, al contrario, nadie tiene la seguridad lo que sucede a continuación en la vida. El asunto de la predestinación y libertad.

Y eso es lo que usualmente trae a colación el tema de una Divinidad que todo lo sabe, incluyendo lo que haremos usted y yo mañana y el mes que viene. 

Predestinación

En su sentido estricto la predestinación es la voluntad divina desde toda la eternidad ordenando a quienes han de ser salvados para la gloria eterna. Es decir, Dios ha sabido desde siempre quiénes llegarán al Cielo.

En un sentido más laxo, la predestinación es la existencia de una vida predefinida para cada persona, es decir, desde su nacimiento hasta su muerte, toda su existencia ha sido predestinada. Eso incluye, en el sentido religioso, la salvación o no de su alma.

Ella se ha planteado en un cuestionamiento sencillo. ¿Es posible conocer con anticipación el vida de una persona, su destino? Es el origen que plantea la disyuntiva examinada. ¿Somos libres y forjamos nuestro destino y vida, o todo está ya predestinado y solo tenemos la ilusión de ser libres?

Cita

«La pregunta no es qué pretendíamos ser nosotros mismos, sino qué pretendía Él que fuéramos cuando nos hizo».

— C. S. Lewis

¿Estamos predestinados y sin libertad?

Un autor lo ha expresado claramente:

«¿Destino o libre albedrío? Si Dios sabe todo lo que sucederá, ¿cómo podemos tener libre albedrío? Pero si se requiere la libre elección del individuo para la salvación, ¿cómo puede estar predestinado? La respuesta siempre es: el libre albedrío existe incluso cuando todo está predestinado». Hill, Charles. Grand Strategies: Literature, Statecraft, and World Order (p. 29). Yale University Press. Mi traducción. 

El asunto es fascinante, algo imposible de resistir para examinarlo más de cerca.

Tratemos de ponernos en el plan de la Divinidad que todo lo sabe, incluyendo lo que haremos mañana, las tonterías que hará algún gobernante, sabrá todo sin excepción y con lujo de detalles.

Sabe la Divinidad que mañana usted verá la televisión, alguna serie de Netflix, o que leerá ese libro de Charles Hill, que es muy recomendable por cierto.

¿Significa eso que no somos libres? ¿Quiere decir que estamos predestinados a hacer eso exactamente y sin remedio aunque no lo queramos? ¿Predestinación o libertad?

Muchos pensarían que sí y en eso consiste la negación de la libertad humana: creemos que somos libres, suponemos que los somos, pero si existe Dios y él sabe de antemano lo que haremos, entonces efectivamente la libertad no es más que una sensación engañosa.

Pero eso no es todo. Hay algo más.

La otra explicación

Sin embargo, hay otra posibilidad, una explicación alternativa.

Suponga usted que efectivamente si somos libres y que mañana efectivamente elegirá entre ver la televisión o salir a cenar con la familia. Sea lo que sea que usted haga con entera libertad, eso ya lo sabe la Divinidad que todo lo conoce.

La Divinidad no lo fuerza a usted a hacer nada, usted es libre, pero el conocimiento que ella tiene es absoluto y aunque yo no lo sepa con total seguridad, ella supo anticipadamente que ayer tomé unas copas con unos amigos, libremente. 

Interesante suposición que es posible gracias a que admite la existencia de un Dios que todo lo sabe pero que nos deja en libertad. Lo contrario a otra Divinidad que por algún medio nos fuerza a hacer lo que ella quiere.

Lo que es complejo es la posición de esa Divinidad que nos deja libres pero que sabe lo que haremos. ¿Como es posible?

No lo sé exactamente, pero puedo especular si entiendo a esa Divinidad como existiendo fuera del tiempo, en una posición en la que todo es conocido por ella. Donde las ideas de pasado, presente y futuro no existen.

Esa posición, creo, tiene un nombre humano, la conocemos como ‘eternidad’: siempre ha existido, sin principio ni fin. Tremendamente complicado de comprender desde nuestra posición tan condicionada por el tiempo, los inicios y los fines.

Personalmente, me parece racionalmente admisible la existencia de un Dios que todo lo conoce, pero que al mismo tiempo nos deja libres.