Preparados para gobernar

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¿Existe una persona que esté realmente preparada para gobernar a los demás? La pregunta es rara vez planteada —y, sin embargo, se encuentra en el corazón mismo de toda la Política.

¿Tiene alguien las cualidades que requieren las posiciones de más alto poder en una sociedad? Cualquier intento para desarrollar el «perfil del puesto» terminará como una lista de atributos que describen al gobernante como un ser casi perfecto.

Mises (1881-1973), el economista, apuntó una idea que trata el asunto:

«El hecho de que la intercesión de personas influyentes desempeñe un cierto papel en el nombramiento de cargos oficiales en el servicio civil, no se debe a una peculiar bajeza de carácter por parte de los responsables de llenar esos puestos, sino al hecho de que desde el principio no hay un criterio objetivo para determinar la calificación de la persona para su nombramiento». Ludwig von Mises, Liberalism: The Classical Tradition, pp.100-101. Mi traducción.

La parte medular es la de que no existe «un criterio objetivo para determinar la calificación de la persona» que ocupe un puesto gubernamental —es decir, en el mejor de los casos es posible hacer una lista de virtudes y cualidades que correspondan a una persona ejemplar.

Bien, eso puede hacerse, pero cuál es el criterio para que una persona específica tenga la capacidad para estar en un puesto como un ministerio de economía —y, más todavía, para ocupar la posición de jefe de gobierno, primer ministro, o presidente.

La muy sobada respuesta es la de «los mejores÷, pero eso no responde la pregunta —después de todo, lo de quiénes son los mejores está sujeto a una variación demasiado amplia y muy sujeta a discusiones.

Uno se siente inclinado a aceptar que en la realidad no existe persona alguna que cumpla con eso que se necesita para tener poder sobre todos los demás —nadie tiene esa condición que se necesita para poseer tanto poder y, los que mejor han hecho ese trabajo son llamados ‘estadistas’.

La mejor conclusión a la que puede llegarse, pensando fríamente, es el aceptar la realidad de que nadie tiene la preparación y los conocimientos para gobernar a otros —y que es precisamente por eso que el problema se soluciona con algo que tiene mucho sentido común.

Y eso es la filosofía de la división del poder político, económico y cultural; el imperio de la ley, las ideas republicanas y los cambios periódicos de gobierno —una solución imperfecta pero que es la mejor que está al alcance de las personas.

Addendum

Hace años elaboré una lista de atributos visibles de un buen presidente y que son signos positivos de su interior.

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