Stalin arrepentido

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«Es ridículo. Si Stalin en el último momento de su vida se hubiera arrepentido de todos sus crímenes, según el cristianismo, Dios lo hubiera llevado al cielo. Si Hitler en los últimos momentos de su vida se hubiera arrepentido de sus crímenes, Dios lo hubiera llevado también al cielo. No lo entiendo. Es absurdo».

Eso dijo la persona en un tono agresivo de superioridad presupuesta. Implicaba que no era lógico que tal tipo de personas tuviesen cabida en el cielo junto con personas que, por el contrario, habían llevado vidas admirables, incluso santas.

«No lo entiendo. Me parece ridículo que exista un Dios que perdona a esos monstruos», terminó diciendo.

Con cierta frecuencia he encontrado esa misma idea en otras partes. ¿Cómo es posible que en solo unos instantes pueda Dios perdonar años de crímenes terribles?

El tema bien vale una segunda opinión, aunque me meta en algunos problemas teológicos que otros tratarán mejor que yo.

Pensemos en un caso hipotético, el de una persona que fallece a los 70 años, después de una vida de maldad clara e inconfundible. Por décadas ha tenido una existencia de crímenes, excesos, delitos, todo lo que usted pueda imaginar.

Sin embargo, en el lecho de su muerte, la persona pasa por una media hora digamos, de arrepentimiento. Por la razón que sea, se da cuenta del mal que ha hecho y se da cuenta de que habría sido mejor no hacerlo. Su arrepentimiento se real.

¿Se salva esa persona, es decir, irá al cielo en términos cristianos? 

La sola posibilidad de que pueda salvarse es lo que parece producir esa reacción de indignación humana. Sería absurdo y ridículo que pudiera salvarse por solamente unos minutos de arrepentimiento. Y, sí, claramente a nuestros ojos eso no tiene sentido.

Pero esa posibilidad de salvarse tiene otro lado más congruente con la visión cristiana de amor infinito de Dios y su consecuencia, una capacidad infinita de perdón. Entonces, si la persona en sus últimos momentos de vida se arrepiente de lo que ha hecho, sí, Dios lo podrá perdonar. Y lo hará si ese arrepentimiento es sincero y completo.

¿Se indignará, digamos santa Teresa de Ávila de que llegue al cielo junto a ella esa persona mala que se ha arrepentido? Después de todo, ella llevó una vida completa de santidad y la otra una vida de maldad. Lo humano sería eso, sentir indignación. Sin embargo, estoy seguro de que no sucederá eso, al contrario.

Habrá alegría de que se salve un alma. Es eso de que «habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión» (Lucas 15, 7).

Lo que creo que sucede es que nuestro juicio humano es distinto al de Dios. Si se cree que la salvación de una persona malvada no es posible incluso a pesar de que se arrepienta sinceramente en los últimos instantes de su vida, es que estamos pensando sin ese amor infinito de Dios. Y que llega a niveles que no sospechamos.

Concluyo que esa persona que dijo que era absurdo y ridículo que Dios llevara al cielo a personajes de tanta maldad, que se arrepienten sinceramente antes de morir, no ha comprendido aún la mentalidad del amor cristiano.

Y una cosa más…

Es aplicable también a la parábola (Mateo 20 1-16). En ella se narra que el propietario de una viña contrata obreros al principio de la jornada de trabajo acordando un denario por el día. Más tarde contrata aún a más obreros.  De nuevo hace lo mismo algo después. Y ya casi para terminar la jornada contrata a otros trabajadores más.

Termina la jornada y el propietario ordena que se pague a los trabajadores comenzando por los últimos que contrató. A ellos se les paga un denario y viendo esto, esos que trabajaron desde la primera hora piensan que recibirán más, pero no, reciben ellos un denario también. Se indignan y protestan pues ellos han trabajado muchas más horas. La respuesta del propietario es la siguiente:

«Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario?Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno? Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos» 

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