No hay gobernante que no haga ofrecimientos. No hay político que no ofrezca esperanzas. Son ellos una fábrica de promesas políticas y electorales que van de lo obvio a lo ridículo, pasando por lo absurdo. Estas son las leyes que describen la producción de promesas políticas, especialmente electorales.

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Producción abundante de promesas políticas y electorales

El contenido de las campañas de elección de gobernantes es un sujeto de estudio que puede ser resumido en reglas, o quizá leyes que las rigen.

Las leyes para la producción de un número inacabable de promesas electorales y políticas son apuntadas a continuación. Más abajo uso un ejemplo concreto que ilustran esa sobreproducción.

1. A más candidatos, más promesas

Conforme aumenta la competencia entre candidatos, se eleva el número de promesas que ellos hacen, llegando a producirse decenas de ellas creciendo con cada discurso.

Las plataformas electorales de los candidatos dejan de tener principios y se convierten en listas compromisos que siguen el formato de «si soy elegido entonces haré Xn». Donde Xn es un número colosal de promesas.

Por ejemplo, pensiones, becas, servicios médicos, albergues para madres solteras, útiles escolares gratuitos, transportación sin costo, créditos blandos, universidades gratuitas, apoyos a artistas y campesinos…

2. A más promesas, más invasión de la esfera personal

Conforme aumenta el número de promesas se acaban los terrenos propiamente gubernamentales y ellas comienzan a invadir la esfera personal.

La producción de promesas políticas incluirá cosas como regalar útiles escolares, dar Viagra a los ancianos y ayudar a las madres solteras, servicios de salud, renta universal. Y no se detiene allí, llega con facilidad al clímax de prometer la felicidad personal.



3. A más promesas, menos atención a responsabilidades naturales del gobierno

Conforme aumenta el número de promesas, desaparecen las promesas de lo que es obvio para un gobierno, como respetar la ley y la libertad de prensa, la seguridad, los servicios judiciales y similares.

La producción de promesas políticas ha sido tan abundante que las funciones centrales de los gobiernos se pierden en medio de tantas y tan numerosas promesas convertidas en responsabilidades.

4. A más promesas, menos atención a sus costos

Conforme aumenta el número de promesas, desaparecen las consideraciones acerca de las limitaciones de recursos y el gasto público llega a concebir, si es que se piensa en él, como infinito.

Hay promesas de becas, pensiones, subsidios, construcción de casas, préstamos para autoempleo, proyectos de infraestructura, inversiones públicas.

Tal es la producción de promesas políticas que se ignoran conceptos como costo de oportunidad e ingresos gubernamentales. Toda la atención está en el gasto social.

5. A más y más promesas, más tendencia a la fantasía

Conforme aumenta el número de promesas, comienza la economía mágica. Como prometer elevar el salario mínimo por encima de la inflación, al mismo tiempo que mantener la estabilidad económica y elevar el gasto social sin elevar impuestos. Un optimismo sin límites.

Toda la atención del candidato o gobernante se centra en el gasto de gobierno, no en los ingresos. Su mente descuida y desatiende la condición de que su gasto proviene de la actividad económica privada a la que suele despreciar.



6. A más promesas, menos diferencias en candidatos y gobernantes

Conforme aumenta el número de promesas, se llega al punto en el que candidatos y gobernantes se copian promesas entre sí, lo que tiende a dificultar las diferencias entre ellos.

El electorado, convertido en un objeto en subasta, se vende al de mayor producción de promesas políticas y así, por inercia los gobiernos crecen debido a compromisos electorales y políticos cada vez más numerosos.

La tendencia al socialismo resulta caso inevitable y puede resultar que se dé entrada a candidatos y gobernantes con tal pasión por gobernar que las más alocadas ideas comiencen a tener la apariencia de ser posibles.

7. A más promesas, menos probabilidad de realizarlas

Es tal la cantidad de promesas políticas y electorales que se producen que una vez en el gobierno, su realización de torna imposible.

Por supuesto, se implantarán algunas, las más visibles, pero el mundo virtual que ellas crearon no es sostenible a la larga. En el corto plazo se verán logros y ellos serán usados como propaganda, pero no podrán durar.

Consecuencias

Esas leyes de la producción de promesas políticas y electorales ofrecidas en tiempos de elección tienen efectos.

Gobiernos son proveedores de auxilio universal

Los gobiernos se convierten en proveedores de soluciones a los problemas personales de los ciudadanos, una especie de agencia de ayuda a la que se acude en busca de todo tipo de auxilio.

No importa qué tan alocadas sean esas solicitudes, ellas serán exigidas al gobierno. Como rebajas del precio de la electricidad, aumento de pensiones, transporte gratuito, hipotecas de tasa reducida, subsidios agrícolas, proteccionismo comercial, y muchas cosas más.

Democracia convertida en subasta de votos

La democracia, que supone la emisión de un voto razonado, que elige gobiernos capaces de cumplir funciones esenciales, es modificada.

La producción masiva de promesas políticas y electorales, la convierte en una subasta de votos dados a quien se percibe ha hecho las mejores ofertas de compra de voto —como reducir el precio del frijol, dar transporte gratuito, ayudas a estudiantes, estudios gratuitos y demás.

Creación casi inevitable de un estado de bienestar insostenible

Los candidatos y gobernantes, convertidos en una fuente irrestricta de emisión de promesas se convierten en variantes de una sola opción política, el estado de bienestar.

Cuando se vote por el que se vote, se tendrá el mismo tipo de gobierno intervencionista, grande y caro. Uno muy alejado de su tamaño óptimo.

El primer corolario de esta transformación es el aumento del tamaño del gobierno —más personal y más gasto—, lo que lleva a una situación futura inevitable: la falta de recursos públicos para cumplir con las promesas implantadas en medio de una economía estancada.

El segundo corolario de esta transformación es la metamorfosis del ciudadano en una entidad receptora de promesas que resuelven su vida sin necesidad de trabajo personal —la conversión en un animal que solo sabe estirar la mano para pedir.

El tercer corolario de la transformación se presenta en el momento en el que comienzan a escasear los fondos y recursos, lo que lastima el modus vivendi del ciudadano convertido en ente receptor —cuando los ciudadanos realizan el único esfuerzo que pueden pensar, protestar en la calle.

La producción de promesas políticas, en resumen

Las leyes anteriores, sus consecuencias y los corolarios siguientes muestran un cambio importante de la política de cualquier país.

La conversión de los gobiernos, antes dedicados a gobernar haciendo posible que los ciudadanos vivieran en un estado de derecho, a una agencia de ayuda social cuyo propósito en resolver cuanto problema tengan los ciudadanos.


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[Actualización última: 2021-08]