La desilusión políticas del ciudadano, su decepción ante la democracia y sus gobernantes. Se crearon expectativas de sociedades perfectas con gobernantes irreprochables. La realidad fue otra haciendo que la política y la democracia vaciaran su significado.

Introducción

Esta columna explora dos ideas sobre el tema de la decepción y la desilusión política de los ciudadanos. Su desencanto ante la democracia y el fiasco ocasionado por promesas políticas no alcanzadas y por gobernantes notoriamente imperfectos

Para examinar la desilusión política del ciudadano se presentan las ideas de dos autores. En la primera parte, la de Joseph Ratzinger y Fareed Zakaria en la segunda. La tercera es una sesión de preguntas y respuestas sobre el tema.

La desilusión que la política y democracia han provocado. La política y sus profesionales prometieron producir sociedades ideales que no fueron logradas. Los proyectos de nación que juraron regímenes ideales, casi utópicos, con un optimismo sin medida, no cumplieron sus garantías.

I. PARTE: La desilusión política y democrática del ciudadano


La idea explorada en esta parte fue tomada la obra de Ratzinger, JosephIglesia, ecumenismo y política. Madrid. Biblioteca de Autores Cristianos, Parte Tercera, Sección Segunda, II «¿Orientación Cristiana en la Democracia Pluralista?», pp, 223-231.


La desilusión con la política, el inicio

Ratzinger inicia esta parte de la obra diciendo que después de la Segunda Guerra Mundial, Europa recibió con entusiasmo a la democracia.

Fue tanto ese entusiasmo que con inocencia se pensó en la democracia como una religión. Pero hoy las cosas son distintas, existe malestar a causa de las expectativas demasiado grandes que provocó la democracia.

Inclusive en las ocasiones de buenos gobiernos democráticos, no se ve a este sistema como la mejor de las posibilidades. Los problemas económicos y algunas formas de pensamiento están atacando a la democracia en sus raíces. La democracia ha producido desilusión política.

Por eso es necesario examinar con orden eso que amenaza a la democracia y, por consecuencia, a la libertad.

La causa de la desilusión con la política y la democracia

El principal peligro es la falta de capacidad para reconocer que somos imperfectos y que las cuestiones humanas son por tanto imperfectas. El ansia de lo perfecto es enemigo de lo bueno que se hace a diario.

Pero la realidad es que lo cotidiano produce tedio, un hastío creciente que alimenta un anhelo y un apetencia por la anarquía. Creemos que debe existir algo mejor en alguna otra parte.

De la democracia se esperó más de lo que ella podía realizar. No se tuvo en cuenta la imperfección humana y que, por tanto, la democracia es también imperfecta.

Sin embargo, se conserva la expectativa de perfección. Si la democracia no lo fue, se concluye, debe buscarse otro camino que lleve a lo perfecto. A la sociedad intachable.



La ambición de la perfección en el mundo

Continúa Ratzinger diciendo que en la actualidad hay una idea vaga y difusa que es común denominador en muchas ideas y pensamientos.

Incluso esta idea imprecisa y ambigua se encuentra entre los cristianos. Hasta en obispos. Se trata de la idea de que nuestra historia ha sido hasta nuestros días una trayectoria sin libertad. Pero que en el futuro podremos tener una sociedad perfectamente justa.

Esa nueva sociedad justa y perfecta que se anhela no es el Reino de Dios. Es simplemente un reino en el que un nuevo moralismo ha sustituido a las razones de política y economía.

Esta idea de una sociedad así, nueva y perfecta, perturba por tres razones principales, que el autor menciona a continuación.

1. Esperanzas en los cambios de estructuras

La primera razón es un cambio. Esa nueva sociedad que se dice liberada no tiene su fundamento en los esfuerzos morales de cada hombre. La nueva sociedad buscada está sustentada en las estructuras que para ella se han diseñado.

La desilusión con la política ha movido a seguir buscando a la sociedad democrática perfecta por medio de un cambio en las estructuras de la sociedad.

Se critican las estructuras de la sociedad actual diciendo que ellas son injustas y que las estructuras de la nueva sociedad serán justas.

Pero esas nuevas estructuras serán realizadas igual que se diseñan máquinas que se espera sean perfectas. Se trata, por tanto, de una inversión de planos. Los seres humanos ya no serán el eje de la nueva sociedad y su lugar será tomado por las estructuras.

Estructuras sí, personas no

Para la nueva sociedad soñada el hombre es el efecto y no la causa de la economía. Esto niega la realidad y es falso, además de ser el verdadero sustento del materialismo.

Esta sustitución del hombre por las estructuras de la nueva sociedad, significa la renuncia de los seres humanos, de su esencia.

Es la negación de las nociones de responsabilidad y de libertad. Esa nueva sociedad representa, entonces, la renuncia de la conciencia y es así la tiranía completa.

Ratzinger es claro en este punto: ni la razón ni la fe prometen un mundo perfecto. Ese mundo perfecto no existe, es una utopía, con la que es muy peligroso jugar. Los juegos utópicos son la fuente de los sueños anarquistas.

Es necesario tener valor y aceptar que no hay posibilidad de la perfección. Los programas políticos que parten de este supuesto de imperfección son morales. Y no lo son esos que creen en esa sociedad perfecta y posible.

Es necesario revisar nuestras creencias para quitar este elemento, incluso, ver a la misma predicación Católica para que excluya esos excesivos anhelos de perfección que nos llevan a una fuga de la realidad tratando de alcanzar lo imposible.



2. Sustitución de lo moral con nuevas estructuras

En segundo lugar está el intento de abandonar a la dimensión moral y sustituirla con estructuras que prometen garantías de justicia. La desilusión con la política motiva a buscar a la sociedad perfecta haciendo de lado a la moral y confiando en estructuras nuevas.

Este dejar de lado a la moral para confiar en el diseño de nuevas estructuras sociales tiene su origen en la unidimensionalidad con la que entendemos a la razón.

Tendemos a dar el nombre de razón únicamente a la razón cuantitativa, a esa que tiene fundamentos exclusivos en los cálculos y números.

Creemos que todo lo demás no es razón y está fuera de lo racional. Es ambición nuestra tener en las realidades y acciones del hombre la misma exactitud que en las ciencias físicas.

Hay, por esto, una renuncia a lo moral. Lo moral es abandonado por la técnica que sí se percibe racional, en cambio no a la moral.

Se llega a a creer que ya no hay bien ni mal, que todo lo que existe es una serie de ventajas y de desventajas que pueden coincidir en lo general con lo bueno y lo malo.

Pero aún así, el mal está hecho, pues la moral se ha dejado a un lado. Con esta mentalidad, también las leyes pierden su base y no se fundamentan ya en el derecho y la justicia. Las leyes cambian para ser un efecto de las opiniones que predominen en algún momento.

Y dice Ratzinger, el tener una moral fundamental es una cuestión de vida o muerte para nuestra sociedad.



3. No más trascendencia humana

La tercera de las razones es la destrucción de la noción de la trascendencia humana.

Al no sentirse trascendentes, los hombres sienten vagas necesidades de fuga, de búsqueda de sensaciones y vivencias que se cree son plenitudes de la vida. Pero que en la realidad están vacías de significado. Se da una huida hacia la utopía.

La democracia está amenazada, según Ratzinger, por esta pérdida del sentido de la grandeza humana.

Es una mutilación de la naturaleza del hombre y produce frustraciones, pues es obvio que a quien se priva de su grandeza se le hace víctima de esperanzas ilusorias.

Conclusión: aceptar a la imperfección

Termina el Cardenal diciendo que la sociedad es imperfecta no solo en el sentido de que sus instituciones son imperfectas. Lo mismo son sus hombres y mujeres.

Pero también es imperfecta en el sentido de que el hombre tiene necesidad de fuerzas exteriores a él para poder subsistir en su misma identidad humana.

El gran mérito de Ratzinger es el llamar la atención sobre las consecuencias negativas que tiene la noción de una sociedad utópica en la que sus estructuras sean perfectamente justas.

Eso significa perder la idea de que la persona es el centro y eje de la sociedad.

Dar a las estructuras sociales la responsabilidad de la moral es quitarle esa responsabilidad al hombre y mutilar así su esencia.

II. PARTE: Política y democracia desilusionantes y decepcionantes


La obra utilizada para esta carta es el libro de Zakaria, Fareed,The future of freedom: illiberal democracy at home and abroad. New York. W.W. Norton & Co., «Conclusion 1», pp. 239-256.


Punto de partida: dos tendencias

La idea central del autor es sencilla, en el siglo pasado se registraron dos tendencias que llegaron a extremos no deseables.

Una de esas tendencias fue la regulación de la economía libre y la otra fue la desregulación de la democracia.

En el principio del siglo 20, los mercados libres iban al alza. Sin embargo, una serie de eventos causaron una cascada de regulaciones impuestas a la economía capitalista.

La I Guerra Mundial, fenómenos de hiperinflación, desempleo y otras circunstancias atrajeron medidas regulatorias que presentaron al intervencionismo estatal como la solución.

Aunque en los últimos años, desde los 80, se ha registrado un fenómeno económico, la desregulación aplicada mundialmente.

El gobierno se ha estado retirando de la actividad económica. Muestra de esto es la serie de privatizaciones, desregulaciones y tratados de libre comercio.

Desregulación de la democracia

Pero la democracia se movió en la dirección opuesta. Los problemas enfrentados por las democracias fueron solucionados con las medidas contrarias a la regulación de la actividad económica.

Fueron solucionados con más democracia, ampliando la base del electorado, reduciendo la influencia de elites, dando cada vez más poder al ciudadano individual.

La democracia, insiste el autor, ha ido más allá de lo debido. Por eso la democracia tienen el riesgo de ser vacía y no tener ya significado. De producir desilusión política.



Problemas de la desilusión política con la democracia

Ella ha producido un sistema político incapaz de gobernar, que no es causa de respeto entre los ciudadanos. La mayoría de las personas presienten este problema, aunque pocos se atreven a hablar de él.

Los gobernantes son percibidos como personajes de baja ralea y solo son admiradas las instituciones que son ajenas a presiones del pueblo y que tienen un funcionamiento no democrático.

Los asuntos serios en la realidad no son tratados democráticamente. La reacción contra el terrorismo implica el otorgamiento de facultades muy delegadas en los gobernantes y no hay votos semanales entre los ciudadanos para decidir asuntos como este.

La globalización igualmente impone deberes en los gobiernos, deberes que pueden tener costos en el corto plazo, como el implantar disciplina fiscal, pues de lo contrario los inversionistas actuarán acudiendo a lugares donde esas medidas se apliquen.

También existen presiones sobre las democracias, provenientes de segmentos de más edad que son políticamente poderosos, para defender sus prestaciones y pensiones.

En fin, las democracias tienen frente a sí problemas serios, como la lucha contra el terrorismo, finanzas públicas sanas y fondos racionales de pensiones, cuya solución está expuesta a la presión de grupos poderosos de votantes.



Aislar a las presiones mayoritarias

La única solución a esto, según Zakaria, es el aislamiento de esa presión democrática, que quienes tomen decisiones en esos campos no sean blanco de presiones intensas populares.

Ya sucede esto, por ejemplo, en bancos centrales que son manejados por personas fuera de esa presión y ello ha ocasionado buenos resultados.

Algo similar a sucedido en Europa, con Bruselas jugando un papel aislado de presiones populares.

El punto de autor está bien expresado en su idea de que no pueden establecerse tasas de interés ni política antimonopólica usando plebiscitos.



Desilusión política: democracia vacía

Las democracias avanzadas tienen, sin embargo, un problema serio.

Hay presión para tener buenos gobiernos, pero las burocracias que se crearon en los años anteriores y que se han mantenido, carecen de esa legitimidad.

Y en esta situación, los populistas aprovechan las ventajas de la percepción que tienen las personas, cuando perciben que las decisiones de gobierno son tomadas por personas alejadas de la ciudadanía.

Y eso a pesar de que esas instituciones funcionan mejor precisamente porque están alejadas de presiones democráticas inmediatas.

Legitimidad y efectividad

El problema por tanto, es cómo solucionar este problema de democracia vacía, sin significado. ¿Cómo tener al mismo tiempo un gobierno legítimo que al mismo tiempo sea bueno y efectivo?

La solución según Zakaria, no está en las propuestas que piden una democracia mayor y sin límites. Tampoco está en los gobernantes que acusan a otros de tener que tomar medidas que no son populares y con ello exacerban el problema.

Esta situación está bien ilustrada en el caso de la Organización Mundial del Comercio, contra la que se dan consistentemente manifestaciones, con algunas justificaciones válidas, pero que en realidad presentan esa paradoja. 

La paradoja de que las instituciones aisladas de presiones democráticas de corto plazo funcionan mejor pero poseen un problema de legitimidad.

Una situación que es aprovechada por los gobernantes populistas cuando al tener que tomar decisiones no populares atribuyen sus errores a las presiones de esos organizamos alejados.

Es un asunto en el que intervienen los «intereses especiales», grupos bien organizados que presionan para lograr beneficios inmediatos para sí mismos.

Es el corporativismo que influye con fuerza en la autoridad y usa mecanismos democráticos para salirse con la suya.

En un sistema de libertades ciudadanas, esas presiones no pueden desaparecer, pero sí puede enfocarse el asunto por otro lado.

Por ejemplo, puede entenderse la estructura política como la de una república y no como la de una democracia pura.

Es decir, como un gobierno delegado que toma los asuntos de interés público para refinarlos y ampliarlos usando a un grupo de gobernantes que vean el interés total de la nación y no sean sujetos de presiones en el corto plazo.



El problema de fondo de la desilusión política

Esta forma de ver las cosas puede verse anticuada, según el autor, quien recuerda que después de todo esa es la manera en la que funcionan las empresas. Funcionan con administradores delegados que la manejan en el día a día, aunque los accionistas son los propietarios últimos.

Se trata de una solución que produce un mejor gobierno y que implica también la rendición de cuentas por parte de esos delegados.

El problema de fondo, insiste Zakaria, es la presión ejercida por intereses especiales, grupos que buscan beneficios para ellos en el corto plazo, descuidando el aspecto nacional de largo plazo.

Se necesita menos democracia, no más

El problema de la democracia vacía y sin significado tiene su origen en el exceso de ella. Se necesita librar a la democracia de las presiones de grupos que buscan resultados inmediatos.

Una afirmación que se vuelve a justificar mencionando que las instituciones que sufren presiones de corto plazo dan resultados malos. Lo contrario sucede con las instituciones que no las padecen.

Además, muchos de los asuntos manejados son técnicos y requieren la intervención de expertos en cuestiones que no son sujetas a voto.

También, los resultados de muchas decisiones de gobierno no tienen resultados de corto plazo y, peor aún, pueden tener efectos no populares en el corto plazo.

El caso de las leyes fiscales

Menciona el autor un ejemplo de los efectos del exceso de democracia en el código fiscal de los EEUU. El primero de esos códigos tenía 14 páginas. Actualmente tiene 2 mil, con 6 mil de reglamentaciones y decenas de miles de interpretaciones.

Si se adoptara un impuesto llano (flat tax), se estima que se recolectaría una cantidad similar a la actual y de tendría un crecimiento económico mayor, de unos 200 mil millones anuales.

¿Por qué se tiene ese código complejo que pone frenos al crecimiento?

Porque en esa complejidad legal se esconde fácilmente el efecto de los grupos que presionan a los gobiernos y hacen que los legisladores sucumban a ellos viendo el corto plazo. 

Los impuestos podrían ser mejor manejados por una institución independiente, especialista en el asunto, y cuyo trabajo sea sujeto a la votación del congreso, sin posibilidad de enmiendas.

Corto y largo plazo

En las naciones en desarrollo el asunto es de una importancia mayor, pues las apuestas son más grandes. El interés de los gobiernos debe ser colocado en el largo plazo, con medidas que prometen enormes beneficios.

En cambio, la visión de corto plazo les traerá terribles consecuencias.

Los casos exitosos de este tipo de países han tenido autoridades fuertes, no sujetas a presiones populares y que han aplicado medidas liberales.

No es una cuestión de anular a la democracia, pues ha dado buenos resultados evitando el peor de los males. Pero los cantos exaltados a favor de la democracia no van a resolver sus problemas, sino que la harán vacía y le retirarán significado.

Dice Zakaria que debe haber una manera por la que las democracias no produzcan por sistema decisiones gubernamentales de corto plazo que causen malos resultados.

La autoridad delegada indica una dirección, con bancos centrales más independientes, tribunales aislados de presiones que apliquen la ley y decisiones económicas que estén alejadas de día a día de la política. 

Por ejemplo, con ministros de economía que presenten planes anuales sin posibilidad de enmienda en votaciones de sí o no, y con mayores duraciones en su puesto.

Estas ideas son perfectamente congruentes con la democracia y trabajan bajo el principio de delegación de autoridad, con el poder residiendo en la ciudadanía a través de los representantes elegidos.

Debe haber pesos y contrapesos. Los gobernantes pueden dar guías generales a las instituciones para que ellas realicen su trabajo y luego haya votaciones.



En resumen

El descontento y la desilusión política con los gobiernos democráticos podrá hacer que los ciudadanos entiendan a la democracia como eso en lo que se ha convertido. 

Convertido en sistema que en teoría está abierto a cualquiera, pero que en la práctica está manejado por minorías fanáticas que se protegen a sí mismas en el presente sacrificando el futuro.

Si las tendencias actuales continúan, la democracia estará sujeta a crisis de legitimidad, lo que la dañara severamente, estará vacía de significado.

Será la oportunidad deseada por los demagogos que aprovecharán esa desilusión popular con la democracia.

Las democracias enfrentan retos, como la globalización, el terrorismo y el envejecimiento de la población, y deben tener un mejor sistema de toma de decisiones, devolviendo a la práctica el constitucionalismo liberal.

Y más complejo aún, debe requerirse que aquellos con gran poder en las sociedades acepten sus responsabilidades y promuevan estándares no solo legales sino morales.

El asunto es grave, pues la democracia es la gran esperanza, incluso con todos sus defectos. Debemos hacer que la democracia sea lo que ella debe ser.


Y unas ideas más…

[La columna fue actualizada en 2021-06]

III. PARTE: Preguntas y respuestas sobre la desilusión política

¿En que consiste el problema de la desilusión política?

En la exageración de la democracia, convertida en la herramienta para tener sin esfuerzo una sociedad perfecta. Claramente eso es imposible. Los resultados son malos y eso produce desilusión política.

¿Qué es eso de exageración democrática?

Suponer que un régimen democrático sustentado en demandas populares es todo lo que se necesita. Eso convierte a los gobiernos en instituciones que no hacen otra cosa que satisfacer peticiones sociales.

¿En qué se nota le exageración democrática?

Por ejemplo, en el abuso de ella, cuando se añade como calificativo a todo: diálogo democrático, familia democrática, o democracia económica. Y también educación democrática. incluso al turismo. Ahora hasta los derechos son democráticos.

¿Por qué hay desilusión democrática y política?

La política ha fabricado la expectativa de una sociedad perfecta por medio de las acciones de gobernantes perfectos que la prometen en el corto plazo. Obviamente no lo logran y los malos resultados desilusionan enormemente.

¿Cuáles son las causas de esa desilusión política con la democracia?

El olvido de ideas adicionales que ponen contrapesos a los gobiernos, a los gobernantes y a los ciudadanos. Ideas que hacen considerar que seguramente se necesite menos democracia y se acepte como imposible la posibilidad de perfección social. Personas imperfectas no pueden crear sociedades perfectas.

¿Hay una idea errónea de la democracia?

La democracia, entendida correctamente, es un simple mecanismo para la solución pacífica de desacuerdos políticos. Un mecanismo imperfecto y limitado, cuya razón de ser es su defensa de las libertades, que sí son los valores a proteger. Exaltar al mecanismo protector parcial es confundir al objetivo con uno de sus medios.

¿Como puede corregirse eso?

Aceptando que cambios de estructuras y regímenes políticos no pueden producir perfección. Reconociendo que no hay gobernantes perfectos que merezcan ser obedecidos ciegamente. Incorporando las ideas de estado de derecho, de división del poder y, sobre todo, poniendo a las libertades como la máximo valor político a defender.