El descuido de normas morales produce conciencias extraviadas y eso ataca a las libertades. Economía y Política han recibido la atención central, olvidando al cimiento de la libertad, a la Moral.

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Introducción

La idea central de lo que sigue es el descuido de las normas morales, del «deber ser». La consecuencia de esa omisión es la pérdida de libertades, lo que a su vez ocasiona la disminución de bienestar y progreso.

Sostengo que el interés, casi en su totalidad, ha sido dado a asuntos económicos y políticos, relegando a un campo de desinterés general a los asuntos relacionados con valores éticos.

Punto de partida

Quiero tomar dos citas de un libro el de Habermas, Jürgen, Benedict XVI, Schuller, Florian (2006). The dialectics of secularization : on reason and religion. San Francisco. Ignatius Press —y sobre ellas enfatizar esa idea que suele ser muy poco tratada en estos tiempos.

Primer paso: J. Habermas

Cito al autor

«He mencionado el diagnóstico que afirma que el equilibrio alcanzado en período moderno entre los tres grandes medios de la integración social están ahora en riesgo, porque los mercados y el poder de la burocracia están expulsando a la solidaridad social (es decir, a la coordinación de la acción basada en valores, normas y un vocabulario dirigido a promover el entendimiento mutuo) de más y más esferas de la vida». [pp 45-56]

Segundo paso: Benedicto XVI

«… hablaría de una necesaria conexión entre la fe y la razón y entre la religión y la razón, que son llamadas a purificarse y ayudarse unas a otras. Ellas se necesitan entre sí y deben reconocer esa necesidad mutua». [p. 78]

El común denominador

El común denominador entre las dos afirmaciones, creo, es la pérdida de una de tres piezas en nuestros tiempos —una de las partes de la vida humana.

Dos de las piezas son tratadas hasta la saciedad, pero la tercera ha sido relegada con consecuencias importantes y que no están en la superficie de lo fácilmente visible.



Atención a la Economía y a la Política

Hay dos piezas en las que se ha puesto toda o casi toda la atención, descuidando a una tercera. Veamos esas que han acaparado la atención.

Economía

En la economía se han hecho progresos laudables —la pobreza ha disminuido y las libertades económicas han comenzado a ser comprendidas como un derecho humano que tiene consecuencias materiales positivas.

Si bien aún existen ideas económicas reaccionarias, principalmente de los marxistas voluntarios e inconscientes, la pieza económica de la vida humana ha recibido una atención descomunal.

Política

Lo mismo le ha sucedido a la Política —ella es parte vital de la vida diaria de todos. La libertad política, establecida por medio de los sistemas democráticos, ha avanzado y es parte de la comprensión del ser humano como alguien digno que es libre por naturaleza.

Las dos piezas, económica y política, son los dos grandes temas de discusión diaria en los medios —la atención humana está fijada en ellas dos.



Descuido de normas morales

Es la tercera pieza es la que no ha tenido la atención que merece. La pieza que abarca cuestiones éticas, filosóficas, religiosas, éticas y de la que vienen las ideas que guían las libertades en las otras dos piezas.

Es el descuido de las normas morales. Tal vez pueda verse como el resultado del desprecio por las ideas, a las que se ven como poco relacionadas con la economía y la política.

La principal idea que deseo señalar y hacerlo con el mayor énfasis posible es el descuido de las ideas, el pensamiento, la reflexión, la fe —todo eso que hace posible entender las razones de la vida libre. Más claramente expuesto: la tercera pieza es la que tiene como función darle rumbo a las otras dos partes. Descuidando a las normas morales no hay dirección de vida.

El lamento de costumbre

Son frecuentes las quejas de observadores humanos. Dicen que la felicidad humana se ha reducido a la posesión de bienes materiales, a la buena apariencia física; también a la elevación de gobernantes a nivel de salvadores.

Igualmente se define el logro de la justicia como la construcción de instituciones y leyes que sean justas.

La felicidad humana, comentan, ha sido disminuida a la posesión de un automóvil, el seguimiento de una dieta, una operación de pechos, la victoria de un candidato político, la emisión de una ley, la conservación de una especie, la protección de un lago.

La naturaleza aborrece los vacíos y los llena con lo que está más cerca —el vacío de las ideas que dan rumbo ha sido llenado con las partes económicas y políticas y ello ha producido seres que son libres pero no entienden que pueden ir más allá de lo económico y lo político.

Puedo arriesgarme a decir que lo que el ser humano actual es capaz de hacer se limita a tener opiniones sobre economía, política, deportes, espectáculos, medios, juegos, gobernantes, criminales —pero no es capaz de tener opiniones sobre sí mismo porque le falta la tercera pieza, la que le dice qué debe hacer con su libertad, y qué no hacer con ella.



¿Por qué se han descuidado las normas morales?

Ofrezco una explicación general, la de ser una consecuencia de la secularización que ha producido una actitud de desprecio por lo más importante.

La mayor fuente que da sentido a la vida humana es la religión —quitar esta parte de la vida es similar a dejar sola a la persona para que ella por sí misma encuentre todas las explicaciones, una tarea imposible, que lo pone a merced del que más grita y está más cerca.

Y junto con el desprecio a la religión viene el desdén de todo lo que suene a filosofía, teoría, tradición e ideas —no es que se desairen únicamente las explicaciones religiosas, también se menosprecia el resto de ellas.

Es una situación más grave aún que la de la ignorancia —no saber quién fue Aristóteles es una falta menor comparada con la de considerar que nada de lo que él pensó importa.

A la secularización sigue su compañero inevitable, el relativismo moral —es una nueva religión que se entiende como avance intelectual: al mismo tiempo todos y nadie tiene la razón, al mismo tiempo todo importa nada.



Conclusión

La libertad bajo esta influencia está destinada a perderse por voluntad misma del ser humano: estará dispuesto a entregarla al primer gobernante que le ofrezca quitarle de encima la responsabilidad y, entregando la responsabilidad, entregará también su libertad con una sonrisa en la boca.

¿Cómo solucionar esto? Tomando en serio a Dios —a las religiones, a las ideas, a todo eso que en la economía y la política parece estar demasiado alejado y ser inútil. Las civilizaciones se construyen y mantienen sobre las normas morales más que sobre las otras dos.

Una mala defensa de la libertad, eso es lo que se tiene cuando hay un descuido de las normas morales. Podrá defenderse ella en lo económico, también en lo político, pero su defensa quedará sin cimiento si no se respetan normas morales.


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[Actualización última: 2021-08]