El gobierno de personas que son iguales. Ese es el resultado de la idea de la igualdad humana: los gobernantes son iguales al resto de la gente. Eso lleva inevitablemente a una pregunta. ¿Cómo es posible que alguien gobierne a otro si ambos son iguales?

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Introducción

La igualdad humana esencial —en dignidad y valor— es una creencia generalizada y razonada que impone la obligación de hacer una pregunta que tiene que ver con ella.

¿Cómo es posible que alguien gobierno a otro si ambos son iguales?

La igualdad entre ambos haría concluir que nadie tiene el derecho de mandar sobre otro, pues los dos son iguales en dignidad y valor.

¿Qué le permite a uno gobernar a otro si quien manda no es superior al otro?

Gobierno de personas iguales: isocracia

La idea semilla de la que parte esta columna es la igualdad humana: todas las personas, sin excepción, tienen la misma dignidad. Siendo esto así, en el terreno de la política que debe aceptar que todo gobierno es uno entre iguales.

Eso lleva al concepto de isocracia:

«Una isocracia es una forma de gobierno en la que todos los ciudadanos tienen igual poder político. El término deriva del griego ἴσος significando «igual» y κρατεῖν «tener poder» o gobernar». en.wikipedia.org. Mi traducción.

El lógico concluir que si todas las personas son iguales, entonces ninguna forma de gobierno es congruente con eso, a excepción de la isocracia. Eso significa igualdad bajo la ley pero también igualdad en el poder para gobernarse.

La idea tiene ventajas por su oposición a formas de gobierno que violan esa igualdad humana. Es contraria a la desviación democrática que la convierte en tiranía de la mayoría. Igualmente se opone a la demagogia y a toda forma de tiranía.



Las preguntas inevitables

Si se acepta la idea de la igualdad humana debe también aceptarse que los gobiernos legítimos solo pueden ser esos que son «gobiernos de iguales».

Es decir, no puede aceptarse ninguna forma de gobierno en la que se presuponga que hay personas superiores a otra. Concretamente, ningún gobernante puede argumentar que él es superior al resto y que por eso los puede gobernar a su antojo.

Entonces de plantean preguntas que son imposibles de ignorar.

¿Cómo es posible que alguien gobierno a otro si ambos son iguales? ¿Qué le permite a uno gobernar a otro si quien manda no es superior al otro?

Posibles respuestas

Para responder existen dos vías distintas.

1. Aceptar desigualdad entre personas

Esto es reconocer desigualdad y entonces concluir que el superior tiene la capacidad para mandar sobre el otro —pero como se presupone su igualdad, esta respuesta debe ser desechada.

2. Crear una forma de gobierno de iguales

La otra respuesta es más imaginativa y propone que unos pueden gobernar a otros cuando todos se rigen por las mismas leyes —tanto gobernantes como gobernados deben respetar esas leyes y no hay excepciones para nadie. Esto se llama Estado de Derecho.

Eso es admisible por una razón, las leyes se aplican por igual y, más aún, fueron aprobadas por todos o la mayoría —un acuerdo legal que pone a la ley por encima de todos y, por encima de la ley, aún más, un acuerdo general sobre lo bueno y lo malo.



Precisiones sobre un gobierno de iguales

Solamente de esa manera, bajo un Estado de Derecho, es posible admitir que siendo iguales uno pueda gobernar a otro —porque a ambos obligan las mismas leyes que los tratan por igual.

Es una buena respuesta, relativamente conocida, pero que vale la pena recordar por su constante olvido.

Sobre lo anterior es necesario hacer precisiones:

La creación de leyes es central para la igualdad humana y ella es responsabilidad general del gobernante, lo que hace surgir otro problema —el de evitar que quien gobierna emita leyes que lo traten como un ser superior al resto. Una posibilidad real.



La manera de evitar eso es un principio básico general: ninguna ley emitida por un gobierno puede dejar de ser aplicada al mismo gobierno y sus integrantes. Esto garantizará que el gobernante no emita leyes que lo coloquen en un plano superior —no hay excepciones.



El Estado de Derecho y la división de poderes forman un mecanismo de protección contra abusos de poder y gobernantes que, al fin humanos, quieran dominar a otros.

Requisitos del gobernante

Más aún, los gobernantes, dentro de un sistema de gobierno entre iguales, llegan al poder por un proceso de selección bajo la hipótesis de que cumplen con dos requisitos esenciales: tener capacidades para gobernar y ser personas con un sentido moral desarrollado.

Tener capacidad para gobernar es tener habilidades para cumplir con las funciones que les corresponden en las diversas funciones que realizan: conocimientos especializados y generales, habilidades administrativas, buena comunicación verbal y escrita, experiencia y cosas como esas, que resultan vitales para la eficiencia gubernamental.

Tener un sentido moral desarrollado es el tener alta conciencia de lo que debe ser, aceptar que ellos son ejemplo público para otros —con virtudes desarrolladas y templadas en aspectos de honestidad y sentido del deber. Estando en posiciones de alto poder ellos deben aceptar que les rigen principios morales más estrictos.

Ya que es una posibilidad real que lleguen al poder personas sin talento para sus funciones, y sin un sentido moral desarrollado, vuelve la ley a tener una importancia vital —será el modo y la forma en la que puedan ellos ser sacados de sus posiciones.

El peligro de propuestas utópicas

El gobierno de personas iguales pone en tela de juicio un fenómeno político frecuente, el de proyectos personales de nación que obliguen a los ciudadanos a vivir dentro de la sociedad diseñada por el gobernante.



Esto puede verse esquemáticamente.

  • La persona A, como gobernante, propone un proyecto de nación desarrollado por él.
  • La persona B, un ciudadano, tiene otro proyecto de nación propio.
  • Siendo iguales, ni A ni B pueden imponer en el otro su proyecto.
  • Por tanto, incluso siendo gobernante, A no puede imponer sus ideas sobre el resto.

La idea de la isocracia o gobierno de iguales tiene como consecuencia que la única sociedad posible es la de un Estado de Derecho en el que los proyectos de vida de las personas tengan potencial de realizarse según esfuerzos propios.

Conclusión

El gobierno de personas iguales es una consecuencia ineludible de la creencia en la igualdad de los humanos. Y plantea las preguntas más graves de la política.

¿Cómo es posible que alguien gobierno a otro si ambos son iguales? ¿Qué le permite a uno gobernar a otro si quien manda no es superior al otro?

Es pocas veces reconocida esta implicación de la igualdad. Quienes más obsesionados están con la igualdad ignorar que son ellos quienes más promueven sin quererlo la desigualdad.



Al querer igualar a todos en la sociedad, acuden a los gobernantes para esa igualación —olvidando que quien tiene el poder para igualar al resto es desigual a ellos. Tiene mucho más poder.

Entre dos iguales, uno puede gobernar a otro solamente cuando a ambos aplican las mismas leyes. Y es imposible que uno obligue a los otros a vivir en la sociedad que él considere la mejor. Es esta, además, la mejor manera de generar progreso.


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[Actualización última: 2021-08]