La sabia incertidumbre, ese delicado equilibrio entre humildad, prudencia y conocimiento. Una posición razonable y sólida que es opuesta a la terquedad intelectual del ignorante, pero también del sabio.

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Introducción

La persona habló con seguridad absoluta. No había duda alguna. La tierra está cerca de su final. Todo por el calentamiento global, o cambio climático (frases usadas a su arbitrio significando lo mismo).

Casi todos tendemos a hacer esto, a hablar como si tuviéramos un conocimiento perfecto de lo que hablamos. Recuerdo que hace poco alguien afirmó que no entendía por qué se ha escrito tanto de teología. El tema de Dios, dijo, era asombrosamente simple.

En otra ocasión, una persona aseguró sin duda que el problema de México era haber adoptado una política neoliberal radical, la que nunca ha dado resultados en parte alguna.

La certidumbre absoluta

En fin, es un síndrome común el afirmar cosas con una seguridad total. Un padecimiento que suele sufrir más quien poco sabe del tema. Casi exactamente lo opuesto a la incertidumbre sabia y prudente.

Por ejemplo, quien afirmó que México sufría los malos efectos de un liberalismo salvaje confesó jamás haber leído nada sobre A. Smith, ni saber quién era Friedman. Fuera de este detalle común a tantas ocasiones de este tipo, el tema es interesante.

No sé usted, pero me he encontrado con una conexión fascinante. Entre quienes más saben hay menos certeza que entre quienes menos conocen.

Sí, por supuesto, sostienen opiniones propias, a veces con gran firmeza, pero las han formado por conocimiento amplio y razonamientos sólidos. No por impresiones, ni reportajes de televisión.



Aclarando términos

Para tratar el tema conviene examinar el significado de unas pocas palabras.

Sabiduría

Ella no es solamente un elevado nivel de conocimientos, sino también profundidad de ese conocimiento y prudencia en su comprensión y uso. Se asocia con otras palabras, como sapiencia, inteligencia y educación.

Su esencia radica en la combinación de una gran cultura y conocimientos profundos con una actitud de prudente humildad.

Lo opuesto a sabiduría es la ignorancia y el desconocimiento, especialmente cuando se acompañan de vanidad y soberbia.

Incertidumbre

La certidumbre es el estado que produce un conocimiento que se toma como seguro y cierto, sin duda ni sospecha. Casi lo opuesto a incertidumbre, que se refiere a un estado en el que no existe esa seguridad de conocimiento.

La incertidumbre no es desconocimiento, sino simplemente una no total seguridad del mismo. O bien, la admisión de que el conocimiento poseído esta sujeto a corrección o afinación.

Combinando los elementos

Mezclando las dos palabras se obtiene una idea fascinante, la de la sabiduría que tienen dudas, del conocimiento que no está seguro de sí mismo, de la educación que admite posibilidad de error.

La sabia incertidumbre es, por tanto, un conocimiento humilde. Es una cultura amplia y profunda, pero combinada con modestia y reserva. Tiene algo de paradójico al combinar ese gran conocimiento que debería producir orgullo, con su antídoto, una cierta timidez y sumisión.



Discusión

Creo que todo comienza por la aceptación de que no tenemos un conocimiento absoluto. No tenemos la certeza total de todo. La información que tenemos, la ciencia que conocemos, son imperfectas en el sentido de incompletas.

Lo que sabemos es algo así como el conocimiento que nos ha dado hasta este momento el camino que hemos recorrido en busca de saber la verdad.

Algunas cosas las podemos comprobar. Por ejemplo, si es posible poner en el aire un avión, eso quiere decir que la ciencia en la que eso se basa es real. Lo mismo que sucede cuando hacemos otras cosas, como echar a andar un automóvil.

No está mal, nada mal. Sabemos que nuestro conocimiento es real y verdadero cuando podemos predecir movimientos estelares, como eclipses y similares.

Pero aún así, no podemos decir que sabemos todo. La realidad lo niega. Cada nuevo adelanto científico significa que lo que sabíamos antes no era suficiente.

Lo que ello implica es nuestra postura frente al conocimiento. Necesitamos ser humildes, una cualidad que choca contra el orgullo que puede producir la gran cantidad de cosas que sabemos. Esta es la esencia de la incertidumbre sabia.

La dualidad de orgullo-humildad

Esta columna, en su fondo, resalta la actitud con la que se toma el conocimiento amplio y la cultura profunda. Quien la posea tiene frente a sí dos actitudes con las que tratarse esos dones: orgullo o humildad.

La situación del orgulloso

El orgulloso suele ser estático, le agrada detenerse adorando lo que ya sabe y olvidando lo que le falta. Peor aún, el orgulloso suele rechazar lo que le contradice. Quien está totalmente convencido de sus ideas y conocimientos tenderá a ignorar lo que lo contradiga.

Hay aquí dos posibilidades.

→ El soberbio y orgulloso que tiene una escasa cultura y un superficial conocimiento. Pero que a pesar de eso expresa total certeza en sus creencias y opiniones.

→ El soberbio y orgulloso que tiene una amplia cultura y un profundo nivel de cultura. Y que por ese motivo expresa una total certeza en sus ideas y creencias. Este es el caso de muchos intelectuales.

El común denominador de las dos situaciones es el orgullo o soberbia, con o sin cultura y conocimientos, lo que produce certeza absoluta. Una especie de fundamentalismo de las propias creencias y juicios, que no admite discusión. Es la posición opuesta a la sabia incertidumbre.

La situación del humilde

Hay también aquí dos posibilidades.

→ El humilde y modesto que tiene una escasa cultura y un superficial conocimiento y que, por eso, reconoce que sus opiniones y creencias no tienen gran sustento. Una modalidad admirable de la incertidumbre sabia.

→ El humilde y modesto que tiene una gran cultura y un conocimiento profundo, a pesar de lo que reconoce que sus opiniones y creencias están sujetas a examen y corrección. Este es el caso de la sabia incertidumbre.

El común denominador de estas otras dos situaciones es la humildad o modestia, con o sin cultura o conocimientos, lo que produce la admisión de incertidumbre y admisión de posibilidad de equivocación.



Conclusión, la sabia incertidumbre

Ha sido expuesta la idea de la incertidumbre sabia, que es la mezcla equilibrada de (1) conocimientos y cultura amplios, y (2) una actitud de humildad y modestia que los conduce.

Ello ha servido para examinar posiciones relacionadas. Por ejemplo, la del ignorante que, a pesar de eso, sostiene una actitud soberbia de total confianza en lo poco que sabe o imagina.

Este caso es uno muy fomentado y cultivado en estos tiempos en los que el derecho a opinar exigiendo respeto a las propias creencias no se acompaña con la obligación de saber.



También ha servido para exponer la posición de la sabiduría soberbia que produce total certeza y que es un fenómeno también común, frecuente en intelectuales.

Esas dos posiciones de soberbia suponen certidumbre y certeza en un nivel injustificado, posiblemente un resultado de las dificultades del manejo humano de la incertidumbre.

Y se ha exaltado la incertidumbre modesta y prudente, que sabiamente acepta el examen de las opiniones propias incluso a pesar de usar conocimientos amplios y profundos.

Es decir, reconoce que aún falta, que lo que se sabe es poco aún. Esto lleva a una posición productiva, la de querer saber más.

Las cosas se ponen, por tanto, mucho más interesantes cuando se deja de ser un terco obstinado en poseer la verdad absoluta y total. Más interesantes porque se abre la posibilidad de intercambiar ideas y razonamientos, y, lo mejor, aumentar los conocimientos con nuevas adiciones. No quita esto las convicciones personales, pero sí evita la terquedad invencible.


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[Actualización última: 2021-08]