Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Muerte de Pena
Eduardo García Gaspar
15 septiembre 2002
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las discusiones sobre la pena de muerte ocasionan, por lo general pena ajena. Generalmente son discusiones entre sordos que usan sus corazones más que sus cerebros.

Déjeme ofrecerle un breve análisis para mejor tratar este asunto. Y para hacerlo, le suplico acepte una idea que es racional, pero que al principio suele causar reacciones negativas.

Vamos a suponer que los asesinatos siguen la misma lógica de la demanda de casi cualquier producto. Esto es, cuanto mayor es el precio del producto, su cantidad vendida será menor.

Si la cerveza cuesta seis pesos y su precio se eleva a diez, es lógico esperar un volumen menos de ventas con el nuevo precio. Ahora vamos a aplicar eso a los asesinatos.

Digamos que hay una demanda de asesinatos. Si los asesinatos se vendieran a precios bajos habría más que si se vendieran a precios altos.

Dicho de otra manera, elevar el precio del asesinato sería una solución para reducir su número. Me refiero al precio que está dispuesto a pagar el asesino… o el secuestrador, o el ladrón, por cometer sus fechorías.

Si se eleva el precio que el delincuente tiene que pagar por realizar sus actos, es lo más lógico que se reduzca el número de actos criminales. Aplicado esto a los asesinatos, resulta muy racional pensar que conforme se eleve la pena dada al criminal, el precio que él tiene que pagar es mayor y habría un número menor de asesinos.

En pocas palabras, lo que ese razonamiento dice es que colocar un castigo mayor, como la pena capital, sería una medida que reduciría los asesinatos y demás delitos que son castigados con esa pena de muerte.

¿Funciona la pena de muerte para prevenir crímenes? La respuesta es positiva, sí funciona y hay pruebas para demostrarlo. Esas pruebas están en los estudios de Isaac Erlich, un economista americano, que ha estudiado el tema.

Aparecieron esos resultados en el American Economic Review en 1975. Los estudios de este hombre, desde esa fecha para acá, indican que la demanda de asesinatos es una demanda muy elástica.

Eso quiere decir que muy pequeños incrementos en el “precio” del crimen conducen a reducciones muy grandes en su realización. En otras palabras, la elevación de las penas a esos criminales tiene un gran impacto en la cantidad de crímenes cometidos.

Hasta aquí, al menos, he aportado un dato generalmente desconocido y muchas veces negado: la evidencia demuestra que la pena de muerte sí tiene efectos en la reducción de los crímenes.

Los datos de Isaac Erlich indican que en los años 1935 a 1969, por cada pena de muerte aplicada se evitaron ocho asesinatos. Usted puede ver esos resultados en esa publicación o la más reciente del autor en el Journal of Law and Economics de 1999.

Esto nos demuestra una cosa clara, el incremento de las penas dadas a los criminales sí tienen un efecto importante en la disminución del crimen.

Desde luego hay que incorporar el cálculo de la probabilidad de ser capturado, pues por grande que sea el castigo si la probabilidad de ser capturado es cero, esa pena no tiene el efecto deseado.

Por tanto, hasta aquí, usted y yo, ya tenemos una pieza de información muy certera, la pena de muerte sí causa una disminución en el número de crímenes cometidos.

Esto representa una buena pieza de información para México, por ejemplo, para disminuir los secuestros la pena de muerte funcionaría con muy buenos resultados reales.

Pero falta la otra consideración que es la de si matar es algo moralmente reprobable o no. Me refiero a matar a un asesino, condenado en un juicio en el que la duda razonable opera a favor del acusado. Esta es la otra cara de la moneda y es un asunto muy diferente al primero.

Lo que en esta segunda opinión le digo es que las discusiones sobre la pena de muerte no hacen la distinción entre ambos temas, el de si la pena de muerte funciona y el de si es moralmente justificable.

Ya le di pruebas de que la pena de muerte sí funciona (estos datos están en obras de Steven. E, Landsburg, otro economista) y quien diga lo contrario tendrá que traer sus estudios y pruebas.

Lo único que queda por responder es el aspecto moral. ¿Debe tener un gobierno la facultad de matar a criminales en extremo peligrosos?

Y esta es otra discusión. Por cierto, el bueno de Isaac Erlich se opone a la pena capital por cuestiones morales.

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