Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Huella Mayor
Eduardo García Gaspar
15 agosto 2002
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es tan obvio que seguramente alguien ya lo ha mencionado. Pero igualmente es tan obvio que lo hemos pasado por alto. Déjeme explicar esto.

Estamos acostumbrados a oír hablar de la infraestructura y con eso nos referimos a los servicios muy básicos de agua, drenaje, calles, electricidad y demás.

Es ese conjunto de bienes y servicios verdaderamente esenciales que satisfacen necesidades sin las que es imposible establecerse en un lugar. Incluye, para muchos, servicios como los de recolección de basura y de policía y tribunales.

No hace falta definirla con claridad, pues todos entendemos de qué se trata. Ahora, permítame proyectar esa idea a otro plano y crear algo que se llama infraestructura ética. La podemos definir de manera simple.

Es la serie de creencias morales que existen en la población y el monto hasta el que esas reglas morales son respetadas en la práctica. Es decir, se trata no sólo de saber que robar es malo, sino de cumplir en la práctica con ese precepto en ocasiones concretas como la de no aceptar cohechos.

No es aspirar a una sociedad perfecta en la que todos son unos ángeles de la caridad, pero sí a una cantidad suficiente de infraestructura ética que haga posible una vida razonable. Igual que es muy difícil vivir sin luz eléctrica es poco probable vivir bien en un lugar en el que no se entienda la idea de no robar.

Puesta en otras palabras, ésa es la idea de la propiedad privada. Lo mismo, igual que una vida satisfactoria es muy poco probable en donde no exista servicio de agua más o menos accesible, resultaría de muy baja calidad la vida en un sitio en el que no se entendiera y respetara la idea de no matar.

Es decir, la idea del aprecio a la vida ajena. Lo que digo en esta segunda opinión es que más nos vale echarle una buena revisada a la infraestructura ética, que es una que hace a la vida mejor.

Porque corremos el riesgo de poner toda nuestra atención en los aspectos de infraestructura material y olvidarnos de la infraestructura ética.

Ahora vayamos a imaginar a dos sociedades. En una de ellas, hay calles pavimentadas, amplias avenidas, drenaje abundante, servicio confiable de agua con presas bien planeadas, buena recolección de basura y demás.

En la otra sociedad no existe nada de eso, las calles se inundan cuando llueve, el pavimento es malo y el tráfico lento, con mal servicio de recolección de basura. Es obvio que en la primera sociedad se vivirá mejor que en la segunda si todo lo demás es igual. La calidad de vida es mejor en la primera sociedad que en la segunda.

Ahora vayamos a otras dos sociedades. En la primera de ellas, la población tiene un alto sentido ético y de respeto a la ley. Pero en la segunda no, allí existe un alto índice de robos, de crímenes y de asesinatos y secuestros.

Es obvio que la calidad de vida es mayor donde existe un mayor respeto a la moral y a la ley… y es incluso más barato vivir allí.

Mi punto es que de poco nos sirve estar pensando en infraestructura económica y material si no tenemos también infraestructura moral. Más aún, para tener una infraestructura material buena y bien mantenida se requiere infraestructura ética.

Y, si no, piense en el gobernante que pavimenta con malos materiales que no duran, pero caros, porque en ello le va un ingreso por debajo de la mesa.

Esta es una época en que muchos andan muy preocupados por redefinir lo que es el desarrollo, por incluir una conciencia ecológica, por la igualdad humana. Está bien andar con eso, pero hasta donde yo sé la infraestructura ética no ha recibido atención.

Digo, la conservación de los pandas ha recibido más promoción que el principio de no robar.

Esto es especialmente importante ahora, con la visita de Juan Pablo II. El acontecimiento es importante y genera un gran movimiento de movilización popular.

Está bien, muy bien, pero debe dejar una huella mayor que las momentáneas conmociones. Esa gran huella debe ser la de un más sólido apuntalamiento de la infraestructura ética y moral.

De poco servirá tener un santo mexicano si eso no es causa de tener más respeto a la moral. El real cimiento del desarrollo está en las bases de la infraestructura ética de la sociedad. Una nación moral da mejor calidad de vida a sus habitantes y tiene más probabilidades de progresar.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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