Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mozart y un Tequila
Eduardo García Gaspar
26 mayo 2003
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Un cierto día, quizá de 1783, sucedió una cosa de lo menos importante que ha habido en la historia del mundo. Aconteció que en la casa de Mozart, el compositor austriaco, él y su mujer se disponían a salir, pero ella, Constanze, no encontraba el moño deseado.

Seguramente saldrían a pasear al parque, siguiendo esa tradición sabrosa de Europa, por las tardes. En la casa estaba el bueno de Mozart, Constanze y un amigo, Gottfried von Jacquin, quien se unió a la urgente búsqueda del accesorio sin el que la mujer no quería que la vieran.

Este incidente ocasionó que la inspiración musical de Mozart echara a andar y compuso una obra que tiene el número de catálogo K 441 (las obras de este músico no tienen el clásico opus número tal sino una K antes de un número que le puso a sus obras un tipo de apellido Koechel).

En fin, que Mozart compuso una obra vocal, un trío con el título de “Liebes Mandel, wo is´s Bandel?” que como todos saben, significa, “Querida Almendra, ¿dónde está mi moño?”.

Es una canción con humor, su letra es absurda, sin duda el producto de tres personas que se tienen capacidad para reírse.

Hay otras dos obras de Mozart que llaman la atención por las letras humorísticas, que son las K 556 y la K 558. La música es del autor, y hasta donde sabemos la letra también y eso es muy revelador.

El tema de las letras es la terrible decisión de salir o no a pasear al parque. La cosa se pone buena cuando entra en escena un amigo del los Mozart que se llamaba Johan Nepomuk Peyerl, que era tenor.

Lo que hacía el matrimonio con el bueno de Peyerl fue colocarlo como blanco de un sinfín de bromas, algunas de las cuales fueron musicalizadas con las obras K 559 y K 560. La letra de la primera está en una imitación de latín que no tiene sentido y cuya primera línea es “Difficile lectu mihi Mars”.

El punto de Mozart fue aprovechar el mal acento en latín de Peyerl para hacerlo cantar eso, lo que producía una frase terriblemente escatológica y vulgar, que seguramente los mataba de risa.

El contraste es maravilloso, pues al escuchar esa música usted oye el superdotado de Mozart, pero si tiene a la mano la traducción de las letras, se dará cuenta de lo pedestre de ellas.

Pedestres en serio. Y más aún, al oírlas uno muy bien puede imaginarse al matrimonio Mozart en su departamento de Viena, viviendo un tanto irresponsablemente, dispuestos a festejar todo y, desde luego, soltando grandes carcajadas al cantar esas obras. Desde luego, el vino no era ajeno a esas celebraciones.

Las bebidas alcohólicas han sido parte de nuestras civilizaciones desde antes de la historia escrita. Nos han acompañado durante miles de años, haciendo que nuestras vidas sean más gozosas, más llevaderas y divertidas.

Estimulan nuestra imaginación y nos alegran. No veo razón alguna para sentirse enemigo del alcohol hasta el punto de querer prohibirlo.

Las bebidas alcohólicas son agradables al paladar, como los buenos vinos, la cerveza oscura helada un día de mucho calor, un jerez frío antes de comer, un tequila con cerveza. Las hay por millares, todas deliciosas a su estilo.

Y, a veces, producen eso que nos distingue del resto de los animales, la capacidad de inventar bromas, chistes y reírnos, como esas letras de Mozart.

En lo personal, desconfío de quienes quieren imponer la abstinencia universal, de quienes se escandalizan cuando das una probada de vino a los hijos pequeños, de quienes creen que esas bebidas son malas. No lo son en sí mismas, al contrario.

¿No es acaso un enorme placer abrir tomar unos tragos con los amigos y conversar animadamente?

Pero también desconfío de quienes beben demasiado, tanto que sus conductas se alteran convirtiendo la tranquila alegría del alcohol en un perturbado estado de incertidumbre y ansiedad. El alcohol es un buen amigo, divertido y alegre, pero es un pésimo consejero.

Tome usted una copa, si lo desea, de lo que quiera y acompáñela de dos requisitos indispensables, buena compañía y buena música, de esa que ansía ser escuchada y tiene el mismo efecto que las buenas bebidas, relajan y tranquilizan.

Sí, ponga un disco con alguna de las obras de Mozart y verá lo agradable que la vida puede ser. Dios nos da pequeñas probadas de cielo cuando oímos esa música así.

ContraPedia tiene un antecedente en los 80, cuando fueron publicadas una serie de propuestas de palabras y personajes que no existían. Eran muy breves. Esta versión respeta la idea original, jamás publicada antes, con textos más amplios.





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