Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Oportunidad Perdida
Eduardo García Gaspar
5 noviembre 2004
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Las realidades de las decisiones fiscales recientes en la Cámara de Diputados son todo menos sorprendentes. Actuaron de acuerdo con la miopía que les es natural y, son ellos una lista de nombres muy sencillos de identificar cuando en el futuro se trate de determinar los culpables de retraso en México. D

ebiendo reconocer el bienestar del país como su prioridad, prefirieron el beneficio de sus partidos. Vale por eso la pena revisar algunas realidades de nuestro sistema fiscal.

Uno de los más reveladores es lo que gastamos en burocracia, el 7.6 por ciento del PIB. Los EEUU gastan el 0.4, Chile el 2.7, España el 1.3. En otras palabras, las obras públicas que no vemos, están en el mantenimiento de empleados de gobierno que se comen el presupuesto, es decir, nuestros impuestos.

Los famosos excedentes petroleros, debemos suponer, se dedicarán a gasto corriente y no a inversión. Es éste uno de los más grandes actos de miopía gubernamental jamás cometidos en nuestra historia, similar a la contratación de deuda en tiempos del populismo.

Por otro lado, los impuestos federales son en México el 97 por ciento del total, una muy alta concentración comparada con 49 para Canadá, 60 para EEUU, 74 para España.

Esa concentración, que parece no es sana, sin embargo presenta una oportunidad, la de que arreglando las leyes fiscales federales se resolvería prácticamente todo lo fiscal en el país. Además, todos sabemos, hay un problema serio de evasión fiscal o al menos de personas que no pagan impuestos.

Las cifras mexicanas son francamente malas en esto. En México existen 12.1 personas que no pagan impuestos por cada una que sí lo hace. Esa misma medición es de 6.5 en España, de 1.2 en EUU, de 3 en Chile.

Es decir, los impuestos mexicanos recaen desproporcionalmente en un número pequeño de personas, cuyos impuestos se destinan también desproporcionalmente a cubrir una burocracia muy grande. No sólo hay cosas malas. También hay buenas.

Para esto debe verse un análisis de CIEX realizado hace unos meses y del que he tomado esta información.

Creo, sin embargo, que el punto queda claro en sus dos aspectos. Uno, tenemos una ley fiscal muy lejos de ser propicia al desarrollo. Dos, la razón de esa ley fiscal de tan baja calidad está en el desempeño malo de la Cámara de Diputados.

Los datos abundan y son de conocimiento posible por parte de todos. Es decir, las malas disposiciones fiscales no son producto del desconocimiento, por lo que resulta lógico deducir que la culpa es fácilmente asignable a los diputados. La pregunta siguiente es por qué actúan ellos de manera tan ciega.

Sin duda hay varias explicaciones. La más obvia de ellas es el interés partidista colocado por encima del bienestar del país: estamos demasiado cerca del 2006 para que partido alguno se lance como promotor de impuestos poco populares.

El ansia de poder los ha cegado tanto que prefieren la probabilidad de ganar en las urnas que ayudar a la prosperidad mexicana. Hay otra explicación igualmente razonable. Dado que no hay requisitos para ser diputado, es segura la existencia de una buena cantidad de diputados ignorantes de estas cuestiones y que por eso podrán votar por leyes fiscales malas.

Hay evidencia de esto en la emisión de impuestos de lujo y sobre todo en la pésima redacción de esas disposiciones. El asunto es serio dada la repercusión que tienen las disposiciones tributarias en la actividad económica. Leyes como las nuestras, especialmente en un ambiente global, son literales frenos a la actividad económica.

Esas leyes no sólo deben ser simples, sencillas y de bajo costo, sino también reales promotoras de la inversión. Recordemos que los impuestos son un costo, el precio de vivir en una nación cuyo gobierno cobra por los servicios que da, especialmente los de seguridad. Cuanto más bajo es ese costo, mejor para todos, especialmente para los pobres.

Recordemos también que no son los gobiernos los que crean empleos, son las empresas quienes lo hacen y los costos de esas empresas son cuestión de vida o muerte. ¿La solución? Cambiar las neuronas de los diputados para tener menos ambiciones de poder y más ganas de servir.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Oportunidad Perdida”
  1. Luis Aguilar Dijo:

    Valdría la pena que en el Congreso, se implementará un Sistema de Calidad y que fuera Certificado así como las Empresas Privadas. Y el otro punto es la Honestidad y conciencia de cada uno de los Diputados, que incurren en gastos en Exceso a cuenta de nuestros impuestos. Yo estoy molesto porque nosotros los Asalariados pagamos mucho ISPT, pagamos por trabajar, para que otros ganen por no trabajar.

    Saludos.





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