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Selección de ContraPeso.info
12 septiembre 2005
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta un texto de Néstor Suárez publicado por el Instituto de Libre Empresa, en Perú. La idea central de Suárez es reunir las ideas básicas de esos dos autores, con un gran resultado, prosperidad.

Mises y Maritain

Ludwig von Mises, pilar principal de la Escuela austríaca de Economía, fue probablemente el más grande economista de todos los tiempos. Defensor incansable del libre mercado y brillante luchador contra el estatismo, fue un profeta clarividente en más de una docena de libros.

En 1922 Mises escribió Socialismo. Denunció no sólo el bolcheviquismo ruso, la variante “proletaria e internacionalista” de la ideología colectivista, sino también la vertiente nacionalista e “historicista” que desemboca en el racismo: el llamado nacional-socialismo.

Y eso fue apenas 5 años después de la Revolución bolchevique en Rusia (1917). Cuando Hitler era aún desconocido, 2 años antes de su golpe de Estado en Munich (1924), y 10 años antes de que ganara sus primeras elecciones generales en Alemania (1932).

Pero también denunció Mises la variante “democrática” del socialismo, 11 años antes de que Franklin D. Roosevelt fuera electo presidente de EEUU y comenzara a introducir de pleno en su país las prácticas estatistas y anti-capitalistas (1933).

Todas las vertientes del socialismo, escribió Mises, tienen mucho en común. La principal: desembocan en el estatismo. Es la dirección y el control de la economía por el Estado, que puede ser total o solamente parcial, y que puede introducirse en un país más o menos de golpe y en forma abrupta, o bien gradualmente, y ya sea por métodos violentos o democráticos.

Pero en todo caso la consecuencia es la misma: caos económico y empobrecimiento creciente, más pronto o más tarde. Y lo mismo podríamos decir hoy -ya en el siglo XXI-, de todas las versiones “tercermundistas” del socialismo.

Mises sostuvo que el capitalismo es el único sistema económico idóneo para producir riqueza, y en abundancia, y de devolverla y distribuirla generosamente a los mismos factores productivos que la produjeron; y que de hecho distribuye la riqueza creada diariamente, a través de los sueldos y salarios, los beneficios empresariales, y los ingresos procedentes de los ahorros de las personas y familias.

El capitalismo permite así el crecimiento económico, a través de la acumulación de capital, lo único que puede incrementar la productividad de una economía.

¿Y el socialismo? Es incapaz de crear riqueza, pues sin precios de libre mercado, y sin libertades comerciales y productivas, es imposible que los empresarios privados puedan emplear el cálculo económico, que posibilita el uso racional de los recursos y lo hace eficiente.

El socialismo es en realidad un sistema que sólo perturba el proceso cotidiano de libre mercado —del cual resulta la producción y distribución continua de la riqueza—, lo sofoca, y eventualmente lo destruye, si no se le ataja a tiempo. Por lo cual el socialismo debería llamarse más bien “destruccionismo”, pues en la realidad sólo destruye, no importa lo que digan los socialistas en sus discursos y escritos, porque el papel aguanta todo.

La opción como es planteada normalmente es entre capitalismo y socialismo; pero en esencia y en el fondo se reduce a capitalismo o caos. Porque además el socialismo va inevitablemente unido al militarismo y a la guerra.

Y todo esto lo escribió Mises en 1922, o sea 17 años antes de que Hitler y Stalin se asociaran y desataran la Segunda Guerra Mundial (1939). Y en 1944, o sea 22 años después de la publicación de Socialismo por vez primera, Mises escribió un epílogo para una reedición, ya residiendo en EEUU.

Ese largo epílogo se llamó Caos planificado; y lo que dice, en prácticas y resumidas cuentas es “Yo se los advertí…”

Pero si el libre mercado es el único sistema viable, ¿por qué no lo aplican los gobiernos? ¿Por qué se aferran al estatismo? Porque así lo hace la opinión pública. ¿Y por qué lo hace …? Porque el estatismo es en realidad una religión, obviamente una religión falsa. Y Mises lo advierte y lo repite, pero como no es un creyente, no puede oponerle la religión verdadera. Ese es su punto débil.

Y ahí es donde —según estudiamos en el CEO, Centro de Economía de la Oferta— entra Jacques Maritain, el filósofo francés contemporáneo de Mises, defensor y restaurador del realismo aristotélico-tomista en Filosofía, y paladín del pensamiento católico del siglo XX.

Mises indicó a pueblos y gobiernos el camino de salida de los grandes desastres causados por el estatismo socialista. Y Maritain indicó a la Filosofía occidental el camino de salida de la gran confusión creada por el idealismo alemán, en obras de enorme mérito como Distinguir para unir (o Los Grados del Saber, 1932).

Pero así como Mises tiene su “talón de Aquiles” en la pobre base filosófica, Maritain tiene también su punto débil: su desconocimiento de la Economía, que le lleva a escribir Humanismo integral (1936), libro por desgracia leído e interpretado en términos socialistas en América Latina allá por los años 50 y 60.

Reunir a Mises con Maritain, porque a cada uno de ellos le falta algo que al otro le sobra; eso es todo lo que hay que hacer en el orden del pensamiento.

Es el programa de trabajo intelectual que seguimos en el Centro de Economía de la Oferta (CEO) desde hace casi 20 años, con Alberto Mansueti y los otros investigadores asociados.

Es lo que hicieron en el orden práctico los partidos demócrata cristianos de la posguerra en Europa; y así produjeron los “milagros económicos” alemán e italiano. A mediados de los 40 los antiguos partido de “Zentrum” y de los “popolari” se reorganizaron y rebautizaron como “Demócrata Cristianos”.

Y redescubrieron la tradicional doctrina cristiana bíblica y realista del Gobierno limitado. Ludwig Erhard en Alemania Occidental y Luigi Einaudi en Italia —uno protestante y el otro católico, presidieron la adopción de la economía de libre mercado en sus respectivas naciones. Que eran entonces países derrotados, arruinados y desvastados por décadas de estatismo impuesto por Hitler y Mussolini.

¿Qué hicieron los democristianos? Muy simple: desmontaron el estatismo. Ese fue todo el “milagro”. E hicieron de sus partidos las columnas maestras de la política en cada uno de sus países. Para ello tuvieron que reunir a Mises con Maritain, Economía con Filosofía, libre mercado y realismo, liberalismo y cristianismo. Como hacemos en el CEO.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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