Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Controlar el Mercado
Selección de ContraPeso.info
30 octubre 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de Alberto Medina Méndez. Agradecemos a la Fundación Atlas 1853 el gentil permiso de reproducción.

Está claro que buena parte del gobierno cree que puede lograrlo. Se trata de intervenir en el mercado para corregir sus supuestos desvíos.

Lo vienen haciendo a través de los “acuerdos” logrados con las corporaciones de productores y empresarios en rubros tales como la alimentación y las bebidas. Suena tambien con cierta fuerza el ya desmentido anuncio del Ministerio de Economía [en Argentina] que conlleva la idea de crear un registro de contratos en la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP).

La sola mención de estas ideas genera opiniones divergentes en el mismo seno del gobierno. Obviamente las organizaciones de propietarios e inquilinos también se han manifestado con opuestos criterios.

Los gobiernos en todo el planeta sueñan con controlar el mercado. Pretenden definir la disponibilidad y el valor de cada producto o servicio. Aspiran a que los precios se mantengan estables o disminuyan para el bien de todos. Que nada se mueva más allá de lo proyectado.

El hombre tiene en su naturaleza ese afán de controlarlo todo. Teme a los cambios, le genera incertidumbres y eso lo perturba.

Hoy es el turno de los alquileres. No son la excepción a la regla. El gobierno y, vale la pena decirlo, buena parte de la sociedad sueña con encontrar soluciones mágicas que, intervención estatal mediante, permitan que el valor de un bien o servicio se mantenga, no aumente. Ninguno parece preguntarse porque estamos como estamos. No hemos llegado hasta aquí de casualidad.

Esta claro a estas alturas que el mercado inmobiliario, en lo que a alquileres hace, está sufriendo una profunda transformación. Una demanda creciente y una oferta que no acompaña ese proceso explican buena parte de lo que sucede.

El MERCADO como fenómeno natural es sencillo de interpretar. Su comportamiento es predecible en tanto se entiendan sus reglas básicas.

¿Qué impide a la sociedad y a nuestros gobernantes, visualizar lo obvio?.

Tal vez se trate simplemente de ese cristal que se utiliza en la política cotidiana que deforma, nubla o finalmente anula la visión de quienes tienen la responsabilidad de analizar la situación, y de quienes se espera, a veces equivocadamente, respuestas que son propias del mercado.

El cristal se llama IDEOLOGIA. Esa palabrita que a tantos incomoda, que algunos prefieren ignorar y hasta negar su existencia. Las ideologías no son más que un sistemático conjunto de ideas que utilizamos para interpretar la realidad.

Cuando ese enfoque es producto de creencias que no se confirman a diario, resulta difícil, por no decir imposible, interpretar acabadamente lo que sucede. A malos diagnósticos, peores tratamientos.

En el Gobierno conviven individuos con formaciones ideológicas diferentes. Los reúne, los agrupa, los aglutina, en la gran mayoría de los casos, la vocación de poder. Por eso los partidos políticos en la Argentina no responden necesariamente a un perfil ideológico. Sólo conforman una maquinaria electoral, un conjunto de voluntades entrenadas para la próxima elección, que no tienen posición tomada sobre los diferentes tópicos que componen la problemática de la sociedad.

El tema de los alquileres, como tantos otros, no requiere de soluciones mágicas, ni medidas gubernamentales espectaculares, mucho menos aun de la siempre esperada intervención del Estado para corregir lo que parece un desvío indeseado de las fuerzas que orientan la oferta y la demanda.

El mercado es lo suficientemente inteligente y sólo responde a los estímulos que percibe. Hoy los precios de muchos productos pasan por un momento especial. Son la resultante de las naturales oscilaciones de cada rubro, como tantos otros, plagado de intervenciones.

La voracidad fiscal de los gobiernos de turno, el espíritu recaudatorio de nuestra clase política, desalienta las inversiones de quienes pueden ofrecer soluciones. Es el sector privado quien puede proveer las herramientas para la mejora. Los capitales deciden participar según las señales de libertad empresaria que los líderes políticos son capaces de emitir.

Cuando la sociedad pide MAS controles, lo hace con esa mirada ideológica que no le permite ver que la participación del Estado espanta a los capitales impidiendo la aparición de nuevas oportunidades.

El camino de los controles sólo genera un horizonte de menos oferta. Esto es sinónimo ineludible de aumentos de precios. Asi es como conseguimos lo opuesto a lo deseado

Las leyes que regulan las relaciones contractuales entre individuos solo producen retrocesos, quitando creatividad y transparencia, evitando así acuerdos racionales y convenientes para las partes.

Esa visión que dice que las regulaciones protegen a los “supuestamente” mas débiles ya ha demostrado su profunda ineficacia. Sólo el mercado puede brindar respuestas validas para los más.

El gobierno se encuentra en pleno debate interno. La sociedad sigue lamentablemente utilizando una concepción que puede llevarla a tomar decisiones inadecuadas. Más regulación no es el camino.

Muy por el contrario, la eliminación de trabas, el estimulo para la inversión y el camino de la libre creación brindará las soluciones más equitativas para todos. Lo otro es hipotecar el futuro. Apostar a controlar el mercado, es sólo ese sueño que siempre termina mal.


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