Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mal y Bien Pagados
Eduardo García Gaspar
2 abril 2007
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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La noticia decía que cuatro de las cadenas de tiendas de autoservicio en México habían creado 23 mil empleos el año pasado: Gigante, Soriana, Wal-Mart y Comercial Mexicana. La noticia, desde luego, es positiva especialmente en una nación como México que tiene un problema de desempleo.

Más de la mitad de esos empleos fue creado por Wal-Mart y, más aún, los empleos creados fueron 10 por ciento superiores a los del año anterior.

El optimista verá las cosas a su estilo y eso será causa de gran emoción y contento. El pesimista, por el contrario, lo lamentará, reclamará y verá que eso es malo porque los empleos creados tienen salarios que no juzga satisfactorios. Ninguno tiene razón. Es necesario ver que la creación de empleos es estupenda, y ver las razones de los salarios de esos puestos, sin lamentaciones.

Los datos reportados: el salario promedio del comercio es 175 pesos diarios y el de las tiendas de autoservicio es de casi 150 pesos. No está mal, es unas tres veces el salario mínimo. Se reporta que el ingreso de los puestos más bajos es el mínimo más un bono de 200 pesos y ayuda para despensa. El típico vendedor de piso gana un mínimo de casi 70 pesos diarios y hasta poco más de 90.

No es malo, aunque podía estar mejor. El pesimista, siguiendo su costumbre, no aporta nada y se vuelve a lamentar: dice que el mismo empleo en los EEUU produce un salario mayor. Tiene razón. El salario es mayor en países desarrollados, pero tampoco es cuestión de lamentaciones, sino de investigar por qué. Y en esto nos ayuda la ciencia.

Cuando el precio de un bien es bajo, eso puede deberse a la abundancia de oferta de ese bien, o a la escasez de su demanda. En este caso podemos pensar razonablemente en que la oferta es grande: hay muchos trabajadores que pueden hacer esas labores y su ingreso por tanto es bajo.

Muchos pueden hacer lo que ellos hacen y eso da una solución fundamental: facilitar la creación de más empresas que demanden más trabajadores y así suba el ingreso.

No es física cuántica, son principios que se conocen desde hace tiempo. ¿Quiere elevar el salario de las personas? Cree más demanda de trabajadores, es decir, facilite la creación de empleos, lo que es igual a facilitar la apertura y el crecimiento de empresas.

Pero hay más y tiene que ver con el capital: a mayor creación de capital mayor ingreso, por una razón: la productividad se eleva y con ella los sueldos. Gana más quien produce más. Tampoco es una cuestión de conquistas sindicales. Es una de valor agregado.

Lo que es de maravillar a cualquiera es que sabiendo esas cosas no se hagan y se prefiera el camino opuesto, el de querer elevar por decreto las percepciones del trabajo. Se dice que todo será mejor si se eleva el salario mínimo, cuando hacerlo puede producir lo contrario y frenar la creación de empleos.

Si usted no puede legislar que la ley de la gravitación universal no sea aplicable a los trabajadores, tampoco puede decretar que las leyes económicas dejen de tener validez con ellos.

Cuando he mencionado esto, muchas veces se me responde que es inhumano dejar que operen las leyes económicas y que deben buscarse otras vías como la intervención económica del gobierno.

Las leyes de nuestro universo no son inhumanas, simplemente funcionan aunque no lo queramos y el enfoque debe ser uno constructivo. Las leyes de la física nos sirven para hacer volar objetos más pesados que el aire. Las leyes económicas nos sirven para elevar nuestro bienestar.

Hace ya tiempo un jesuita resumió bien esto. Dijo que es una cuestión moral el conocer las leyes de nuestro mundo, creado por Dios, y servirnos de ellas para nuestro provecho. Tiene razón. Igual que una persona a la que conocí en uno de esos empleos de bajo ingreso en un supermercado. Me dijo, “gano poco, pero prefiero tener este empleo que no tenerlo”. Hay mucha sabiduría en las dos posiciones.

Ni el pesimista ni el optimista tienen razón. Nuestro mundo no es perfecto y siempre tendremos motivos de queja. Siempre. Tomemos la realidad que existe y hagámosla mejor, pero sobre bases sólidas y no con sueños que son irrealizables… porque queriendo lograr la perfección, un mundo inexistente, es muy posible que terminemos en una posición muy inferior a la que en verdad podemos alcanzar.

POST SCRIPTUM

• El jesuita al que me refiero es J.  Sadowsky y hay un resumen de su idea al respecto aquí.

• El reportaje al que me refiero apareció en Grupo Reforma el 26 de marzo, en la sección de negocios.


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