Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Acelerar el Derrame
Selección de ContraPeso.info
4 junio 2008
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta una idea de Gustavo Lazzari. Agradecemos a Fundación Atlas 1853 el amable permiso de publicación. El autor explora los inconvenientes de políticas distributivas de ingresos para llegar a una lista de acciones recomendadas para acelerar la creación de riqueza.

“Para llevar un estado desde el ínfimo grado de barbarie hasta la máxima opulencia se necesita bien poco aparte de paz, impuestos cómodos y una razonable administración de la justicia; el resto vendrá por sí solo mediante el curso natural de las cosas” Adam Smith, La Riqueza de las Naciones

El sistema funciona

El sistema de la libertad es el sistema de organización social que permite satisfacer la mayor cantidad de necesidades materiales. Es un sistema espontáneo, sin planificación central. Marx bien lo bautizó como “anarquía del mercado”.

Ciertamente es un sistema ordenado sin un planificador central. La libertad económica implica que cada persona en orden a sus deseos y voluntades puede intentar ejercer cualquier actividad siempre que no lesione derechos de propiedad de terceros.

El hecho que el conocimiento esté disperso, tal como lo demostró F. A. von Hayek, deviene en un sistema de libertades personales. En rigor, la tendencia natural del hombre es a intentar satisfacer, mediante su acción, la mayor cantidad de necesidades posibles. Para ello encara cotidianamente acciones, evaluando en cada una de ellas la ecuación “ingresos menos costos”, emprendiendo aquella acción que entre las alternativas posibles, maximiza su el mejor resultado.

Poco puede hacer el estado o la política pública para cambiar esta realidad. El hombre actúa en este sentido, naturalmente. Sostenía Alberdi que “el estado poco puede hacer para generar riqueza, pero mucho para destruirla”.

Sin embargo, la generación de riqueza no es uniforme. Algunos individuos tienen mas capacidades, mejores habilidades o más propensión al trabajo y a la creación. En algunos casos también juega la fortuna. Otros, menos previsores, laboriosos o físicamente más débiles, son creadores de menor nivel de riqueza. También, a veces la mala fortuna hace lo suyo.

Es un proceso dinámico donde no puede observarse con facilidad los ganadores y perdedores. Solo mediante análisis estáticos en el tiempo, se puede saber quien tiene un ingreso mas elevado que otro. En el tiempo la comparación es necesariamente arbitraria pues el dinamismo y las circunstancias hacen que las fortunas cambien. La movilidad social (ascendente y descendente) explica las dificultades de la comparación.

El problema de la distribución del ingreso surge como el resultado de la contemplación de un observador imparcial. Dicho sujeto (gobernante, legislador, analista, o político) observa una fotografía. Un instante de la sociedad donde hay gente más rica que otra. Donde hay personas que producen muchas de los bienes que necesitan y otros que no llegan a un mínimo de subsistencia.

El sistema se modifica

El asombro ante tal situación incentiva promover políticas correctivas. Tales medidas, en su base conceptual, consisten en instrumentar mecanismos de transferencias involuntarias desde aquellos que mas tienen hacia aquellos que tienen menos. Así surgen tantas combinaciones de impuestos-subsidios como gestores de política pública haya.

La idea básica es cobrar un impuesto a los que más tienen para distribuirlo entre los que menos tienen. Esta noción responde a lo que los teóricos de la política fiscal denominan “función de redistribución de ingresos” por parte del estado.

La redistribución de ingresos es más funcional a satisfacer los deseos distribucionistas de sus propulsores que a redistribuir efectivamente el ingreso. En otras palabras, los efectos prácticos de la redistribución forzada es nula  en términos de lograr un mejor estándar de vida de los individuos de ingresos más bajos.

Las experiencias históricas donde el objetivo de redistribución forzada encarada por el Estado es prioritario redundó en las peores distribuciones efectivas del ingreso. (Período distributivo en Argentina , Stalinismo, la China de Mao, Cuba durante el régimen Castrista, etc.). Al final de dichos períodos y experiencias históricas, las personas de mas bajos ingresos participaban de una porción de la renta menor a la que gozaban al principio.

Tanto deficiencias en la implementación o “fallos del estado” como la esencia misma de la distribución forzada explican que la distribución del ingreso adquiera niveles aún más regresivos.

La teoría de la distribución de ingresos supone la implementación de impuestos progresivos sobre los individuos de más elevados ingresos y la asignación de lo recaudado entre los individuos mas pobres. Dicho postulado es de muy difícil implementación. En primer lugar porque el financiamiento público no siempre logra ser “progresivo”. El financiamiento del estado se logra a través de cuatro fuentes de financiamiento. Impuestos, endeudamiento, emisión monetaria y venta de activos.

Si parte del financiamiento se produce con “emisión monetaria”; entonces son los pobres quienes a través del impuesto inflacionario financian al gobierno.

La estructura impositiva puede ser progresiva si estuviera basada exclusivamente en el impuesto a las ganancias con alícuotas crecientes respecto del nivel de ingreso y a la vez no consideramos los efectos de dicho impuesto sobre el nivel de inversión. Pero aún en ese caso, es necesario determinar si el gasto público es enteramente dedicado a los pobres. Es decir, si el estado no tiene “manos porosas”, si no hay corrupción, si los bienes públicos están destinados para uso exclusivo de los pobres.

Las experiencias reales de casi todos los países del mundo muestran que el financiamiento público es una combinación de distintos impuestos (algunos progresivos y otros proporcionales), junto a emisión monetaria y endeudamiento que termina elevando las tasas de interés para las empresas pequeñas y medianas y en algunos casos alejando a los más pobres de los mercados de crédito.

Por definición, cuanto más grande sea el tamaño del estado, mayor la probabilidad de aplicar impuestos distorsivos o directamente sobre los más pobres (tarifas, impuestos al trabajo, al consumo, etc.). A la vez, a mayor gasto público, mayor probabilidad que los “menos pobres”, se sumen a los beneficios del reparto.

Así, una gestión que pretenda ser distribucionista, deriva en una estructura megalómana donde los cazadores de rentas y privilegios participan de porciones crecientes de la riqueza a distribuir. La corrupción administrativa, empíricamente un derivado de elevados niveles de gasto público, acentúa lo que estamos diciendo, ni lo explica en su totalidad ni su ausencia inhibe tales afirmaciones.

La creación de riqueza por tanto es el resultado de un proceso natural. Poco puede hacer el estado para producirla y mucho para destruirla.

Más allá de los fallos y aciertos de la función pública en materia de redistribución del ingreso, lo cierto es que el problema no es cuánto gana el que más gana en relación con que menos gana. El problema no es la desigual distribución del ingreso, pues esta es un dato, como vimos, natural, inevitable. Es impensable la distribución igualitaria salvo en condiciones de extrema miseria. El hombre precivilización tenía una distribución del ingreso igualitaria. Todos eran miserables.

Si un individuo A gana $100 y otro individuo B gana $80, y el estado pretende una distribución igualitaria, entonces cobraría un impuesto a A de $10 para distribuirlo a B en forma de subsidio. En el momento 2, ambos individuos ganarían 90. A ganaría 100 – 10 y B ganaría 80 + 10.

Allí, los incentivos comienzan una tarea corrosiva. Para el individuo A, no tiene sentido esforzarse por 100 pues su ingreso será 90. Por tanto se esfuerza por 90, mientras que el individuo B no se esforzará por 90 pues de todas maneras ganará noventa gracias al subsidio.

En el momento 3, A obtendrá, 90 pesos de ingresos, mientras que B 80. Así se procederá a una nueva redistribución, esta vez, redundando en ingresos igualitarios de $ 85. Cada vez el ingreso resultante será menor. La única forma de igualar es hacia abajo.

La política económica no puede perseguir el objetivo de igualar la distribución del ingreso. El objetivo debe ser que los mas pobres mejoren rápidamente su estándar de vida, conforme a los beneficios que reporta su esfuerzo.

El desafío: acelerar los tiempos

En el siglo XIX el abuelo esperaba que el nieto esté mejor. En el siglo XX el padre esperaba que su hijo esté mejor. Ambos deseos fueron cumplidos en tiempo y forma por el capitalismo y el liberalismo. Los sueños de los abuelos del siglo XIX así como los de los padres en el siglo XX fueron cumplidos.

Actualmente, las personas desean estar mejor en su propia generación. No es admisible esperar a los hijos o los nietos. Hay una demanda de beneficios casi inmediatos, o en un plazo lo suficientemente corto. Diez o veinte años son plazos demasiado largos como para que un electorado soporte una reforma económica y social.

Es cuestión de un estudio sociológico investigar las causas de esta demanda de inmediatez. Posiblemente sea la inédita oferta de información. Hoy los pobres saben perfectamente como viven los ricos a través de los medios de comunicación. Por tanto desean ese bienestar. Además, los medios muestran que el acceso a tal nivel de vida no es imposible.

El bajo costo de la información (TV, Radio, internet, medios gráficos, posibilidad de viajes, contactos con viajeros, etc.) hace que las demandas sean mas imperiosas.

En el siglo XIX eran pocos los pobres que veían a su Rey. Y sabían que la movilidad social era muy difícil. La revolución industria y el capitalismo del siglo XX popularizó la información y mostró que la movilidad ascendente es posible.

Es como si en un campo de concentración, una puerta se abre. Mientras está férreamente cerrada, la demanda de huir es baja o reprimida. Cuando se abre y permanece abierta durante un tiempo, la demanda de huir, la inquietud por escapar es incontenible.

¿Cuales son las recetas para acelerar el derrame?, ¿cuáles son los mecanismos para hacer que los mas pobres disfruten rápidamente de los beneficios del progreso? El lineamiento para “acelerar el derrame” es el siguiente

1. Implementar reformas con credibilidad de largo plazo: La credibilidad no puede provenir sólo del paso del tiempo. Tiempo es lo que escasea. La credibilidad debe fundarse en un fuerte liderazgo político.

2. Implementar reformas consistentes y decididamente capitalistas: Los caminos intermedios implican desperdicio de tiempo. Ejemplo: la baja de impuestos debe ser en forma de shock, no gradual. Y debe ser en una magnitud decidida desde lo conceptual no solamente teniendo en cuenta “el impacto fiscal”.

3.. Las reformas deben tener consenso primario, pero liderazgo político fuerte: el consenso definitivo se logrará cuando se observen los beneficios de la desregulación, la baja de impuestos, la apertura económica, etc.

4.. Debe tenerse especial consideración con los “perdedores de la reforma”: Debe llevarse a cabo una política activa con el desplazado por cuestiones de reforma económica. No sólo por motivos sociales sino para no generar un sentimiento antireforma.

5. Proveer los bienes públicos esenciales: el estado no puede tener un rol inexistente sino una fuerte participación en sus funciones específicas. Ellas son, la provisión de bienes públicos como seguridad, justicia, protección a la propiedad, salud y educación en aquellos aspectos que no pueden ser internalizados.

6. Especial énfasis del estado en la atención a los débiles. Dicho énfasis no debe ser monopólico ni exclusivo del estado. Definimos como débil a aquellas personas con habilidades diferentes, reos privados de libertad, niños por nacer, ancianos en condiciones de pobreza, familias indigentes, etc.

Estos seis puntos garantizan la “sustentabilidad” de las reformas. La velocidad es la clave de la sustentabilidad. La velocidad está marcada por tres elementos contenidos en la propuesta. Liderazgo, shock en la implementación, atención a los débiles por parte del estado.

Aunque este último elemento no sea monopólico, la reorientación del gasto hacia los más vulnerables, permitirá comprar el tiempo que requieren las reformas estructurales. La política de shock ahorrará el tiempo que requiere el gradualismo. El liderazgo permitirá absorber los costos políticos de implementación, fundamentalmente representados por los cazadores de rentas perjudicados (sindicatos, empresarios cortesanos, etc.).


ContraPeso.info es un proveedor de información e ideas que buscan explicar la razón de ser de sucesos económicos, políticos y sociales.





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