Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Altos Sueldos Ejecutivos
Eduardo García Gaspar
17 noviembre 2009
Sección: NEGOCIOS, Sección: Una Segunda Opinión
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Es una situación que hiere muchas sensibilidades y produce lo obvio: lamentaciones sin sentido que llevan a decisiones pésimas. Cuando muchos escuchan lo mucho que ganan algunos ejecutivos, se escandalizan y afirman que la situación es injusta.

Ese reclamo de injusticia contiene un mecanismo comparativo, que contrasta los millones que gana el presidente de una empresa con el ingreso de los empleados de alguna tienda de descuento. La cosa es algo más complicada que eso, según pude averiguar recientemente.

La información es de Jonathan Mercey (WSJ, 23 octubre 2009). El tema de los grandes sueldos elevó su popularidad con ocasión de la crisis y las ayudas gubernamentales que recibieron instituciones financieras en los EEUU. Esas ayudas, se dijo, eran incompatibles con los grandes sueldos de los ejecutivos de empresas que fallaron.

En parte es razonable la indignación: resulta contradictorio que ejecutivos de empresas que fracasan reciban grandes paquetes de compensación. Pero quedarse en ese nivel es demasiado pueril. Es necesario ver antecedentes.

En 1992, el mismo congreso de EEUU padeció los efectos de ese lamento primitivo y quiso regular la compensación de ejecutivos en empresas inscritas en bolsa de valores. Su objetivo fue limitar ingresos excesivos y se implantó por medio de regulaciones fiscales: más allá de cierto nivel de compensación ejecutiva, un millón de dólares, ya no hay deducción de impuestos para la empresa (le digo, es una medida pueril).

Pero, en esa regulación, se dejó como admisible una serie de formas de compensación que sí son legales: podían las empresas pagar más de esa cantidad, pero no como sueldo. Una de esas formas es la de opciones de acciones, de la que se dijo, que estaba basada en resultados de la persona y era permitida y deducible de impuestos.

Las regulaciones sobre ingresos ejecutivos fueron tan complejas que se creó un negocio de consultoría, el de expertos de compensación ejecutiva que cumpliera con los requisitos legales. Un efecto de la legislación fue complicar las cosas, pero sobre todo, elevar los incentivos de desempeño e ingreso, es decir, mayor aceptación de riesgos.

Compare usted, por ejemplo, al presidente de una empresa y que tiene un ingreso fijo de 3.5 millones con uno que no puede ganar más de 1.0, pero puede ganar hasta la otra cantidad tomando más riesgos inmediatos. El incentivo del primero es más el mantenimiento y solidez de la empresa, sin riesgos grandes inmediatos, lo opuesto del que gana menos.

La situación es digna de estudio en una clase universitaria. La regulación gubernamental partió de una premisa con apariencia legítima: algunos sueldos ejecutivos son enormes y, se piensa, eso no es justo. Ese llamado a la justicia permite la entrada del gobierno, el que emite regulaciones para satisfacer un reclamo de equidad. La regulación es compleja en exceso y transforma los incentivos: en vez de tener ingresos de una manera se pueden tener de otra, pero se pueden obtener.

El problema es que esa otra manera tiene efectos colaterales que los legisladores no previeron: el principal de ellos es el crear incentivos para la aceptación artificial de riesgos que no son necesarios sin esa legislación. Comprender esto requiere cierto refinamiento mental.

Reclamar inequidad de ingresos no requiere esfuerzo alguno. Es en extremo simple el creer que la crisis actual se debió a la codicia de Wall Street. Claro que el problema es explicar por qué la codicia, que no deja de existir nunca, produce en ocasiones crisis y en otras épocas de prosperidad.

Si la autoridad se hubiese quedado tranquila, sin meterse en los niveles de compensación ejecutiva, los incentivos hubieran sido distintos, especialmente la aceptación de riesgos, que hubiera sido menor. La clave está en entender que lo mejor es que la gente sola resuelva sus problemas. Ejecutivos pagados en exceso es un caso para que decidan los accionistas de la empresa y para nadie más.

Si les pagan mucho o poco, allá ellos y su dinero. Si quieren contratar a un ejecutivo estrella que les cueste un ojo de la cara, o a un desconocido que les pide una bicoca, ellos son los que sufrirán las consecuencias y nadie más. Nada tiene que hacer el gobierno limitando sueldos de empresas que no son suyas. Imagine al gobierno poniendo un tope a lo que puede cobrar un carpintero por día de trabajo, sin considerar calidad de su obra.

¿Son excesivos algunos ingresos de ejecutivos? Por supuesto, no lo dudo un momento. Y puedo lamentarlo y quejarme y gritar al cielo, pero si no soy propietario de la empresa nada tengo derecho a hacer. Es una cuestión de propiedad y mejores resultados.

Post Scriptum

La añeja discusión de interés propio, egoísmo y codicia, es una que ha causado daños de consecuencia por la superficialidad con la que se hacen equivalentes esas tres palabras y que no describen lo mismo. Igual de miope es tomar la idea del homo economicus y volverla la explicación universal de los problemas económicos.

Karl Popper trató el tema señalando el error central de las discusiones: no hay oposición esencial entre egoísmo e individualismo, ni similitud entre colectivismo y altruismo. El individualismo y el colectivismo pueden ser ambos altruistas y egoístas.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Altos Sueldos Ejecutivos”
  1. Victorin Dijo:

    Buen comentario al que quiero añadir que la base es el sistema de propiedad privada y su admon. solo por sus dueños. El gobierno mexicano puede fijar los sueldos en Pemex porque es de su propiedad, pero no en Cemex porque no lo es.





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