Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Entusiasmo De Corta Duración I
Selección de ContraPeso.info
28 julio 2010
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Análisis
Catalogado en: ,


ContraPeso.info presenta una idea de Alberto Mansueti, que puede ser encontrada en su versión completa aquí. Agradecemos al autor el amable permiso de publicación de los fragmentos que siguen.

La idea central del escrito es examinar las razones por las que el liberalismo clásico no ha sido exitoso en su aceptación. Mansueti, en esta parte, hace un examen de factores que han hecho que el liberalismo no sea popular.

La siguiente es esa lista de factores adicionales que han impedido la difusión y aceptación del liberalismo. Y, más que eso, son verdaderos puntos de reflexión para el liberal convencido.


1. “Libertad” aislada.

En el escudo de la Universidad Francisco Marroquín leemos: “Veritas, Libertas, Justitia”. La Libertad aparece en estrecha conexión con la Verdad y la Justicia. Son tres valores, no uno sólo; y los tres ligados.

Y no en cualquier secuencia: primero la verdad, de la cual depende la libertad (veritas vos liberavit, Juan 8:32), y después la justicia, que no existe sin libertad.

Sin embargo, muchos portavoces del liberalismo enfatizan el ideario de la sola “libertad”, de modo aislado, desligada ésta de otros valores como orden y justicia, seguridad y paz, y por supuesto, la verdad. Lo hacen porque entienden la libertad como el don más apreciado por el común: ¿Quién no quiere ser libre? ¿Quién se opone a la libertad?

Pero “la libertad” aislada luce un tanto etérea, gaseosa, retórica y difícil de asir. Fácilmente la gente confunde libertad política con democracia; y no se echa en falta democracia hoy en nuestra Latinoamérica: todos votamos con frecuencia, libremente. Y no se relaciona libertad individual con libertad civil y/o económica.

La libertad personal es un bien que todo el mundo cree poseer y disfrutar, excepto cuando se enfrente uno políticamente al gobierno de turno, o deba soportar impuestos abusivos u otra arbitrariedad o despropósito oficial. Pero aún en estos casos no sienten las personas restringida su libertad por el Estado sino por “La Ley”, ¡y los liberales enseñan respeto “La Ley”, y el “Estado de Derecho”!

Con frecuencia olvidamos las lecciones de la Escuela de Salamanca sobre leyes injustas, y la buena enseñanza del Dr. Manuel Ayau sobre distinguir Estado de Derecho y de mera legalidad.

Peor aún: la gente confunde “libertad” con libre albedrío, o libertad en sentido metafísico. Y también con la libertad psicológica que brinda una sociedad cada vez más permisiva respeto a moralidad convencional. Y no siente que libertad es algo que falte; algunos creen que la hay en demasía. Libre albedrío no falta a nadie.

Tampoco libertad frente a los viejos códigos éticos, los de las grandes religiones monoteístas. Así, el reclamo liberal por “la libertad” cae en el más completo vacío. La apelación carece de eco alguno.

2. ¿Argumentos morales o económicos?

Conectado con el punto anterior hay otro: los liberales suelen preferir argumentos racionales y referidos a la economía, demostrativos de la enorme superioridad de los mercados libres en eficiencia. No obstante, los estatistas y socialistas cada vez menos cuestionan la eficiencia económica de los mercados, como su justificación ética: su moralidad, y en términos de igualdad.

Consonantes con un utilitarismo un tanto estrecho, los argumentos económicos no le llegan al gran público, que fácilmente cae en la manipulación emocional del “socialismo del siglo XXI”. Este socialismo reclama airadamente contra “el economicismo”, y ya no se declara “cientifico” ni “materialista”. ¡Ni siquiera es “marxista”!

Ahora es “anti-consumista y “espiritual”, y hasta se dice “cristiano”, apelando con fuerza a cierta idea de moralidad. La economía ocupa en su agenda un lugar muy por debajo del ambientalismo y el feminismo radicales y anti-mercado, el indigenismo, el nacionalismo y el “culto a los héroes” decimonónicos.

La gente en general reconoce al capitalismo como un sistema eficiente; lo rechaza porque lo cree “injusto”. Por eso no le convencen los “Índices de Libertad Económica”, porque muestran la conexión y estrecha dependencia entre libertad y prosperidad, pero no entre libertad y justicia.

Ni mucho menos le convencen o le interesan siquiera las sofisticadas teorías sobre asignación de factores productivos e información transmitida a través de los precios, que no conoce ni quiere conocer. Es hablar a la pared.

3. Relativismo.

¿Es el liberalismo clásico compatible con cualquier filosofía? La noción en boga es que sí, pero la verdad es otra: el realismo metafísico y epistemológico es su piso filosófico natural. Porque el realismo habla del conocimiento imparcial, objetivo y veraz de la realidad, y por consiguiente de la verdad; y la libertad depende estrechamente del respeto a la verdad.

Por supuesto que en la filosofía realista hay diversas expresiones, desde el realismo bíblico y el tomismo cristiano-católico al objetivismo randiano; pero fuera de un marco realista, el planteamiento liberal sufre daños irreversibles e irreparables, como planta desarraigada.

Gran daño nos hace a los liberales el relativismo, peste metafísica de nuestro tiempo, como valientemente denunciara el Cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI.

Si “todo es relativo” como afirma la falacia popular, entonces también son “relativas” las ideas liberales de gobierno limitado, mercados libres y propiedad privada, y por consiguiente se hacen muy difícilmente sostenibles y defendibles.

Más aún: mucho mal nos hace el relativismo a quienes profesamos actividades intelectuales, como aprender, enseñar e investigar. Y a la Universidad como institución. Porque si “todo es relativo” entonces la verdad no existe, y el error tampoco, ¿qué enseñar entonces? Si no existe la verdad, ¿qué es “la Universidad”?

Muy simple: una agencia para tratar conocimientos ya no verdaderos, sino “útiles y prácticos”, en menesteres tales como ganarse la vida, ganar espacios de mercado en los negocios, ganar pleitos judiciales en tribunales, o conquistar el poder (o un puestito público aunque sea…) ¡pero dentro del actual sistema estatista y social-mercantilista! …

4. “Tolerancia”, ¿amplitud o vaguedad retórica?

“El liberalismo no es un dogma, no es una doctrina cerrada, tenemos muchos matices y variedades; ¡todos cabemos!” se nos dice a menudo, por ejemplo, desde RELIAL (Red Liberal de América Latina).

No obstante la verdad es otra, muy distinta. El liberalismo clásico es una doctrina política recia, bien dibujada en sus contornos a través de la historia occidental, definida y articulada. Es la doctrina del gobierno fuerte pero limitado (Mises). Parte de tres principios muy claros e inequívocos.

A) Gobiernos limitados a cumplir sus funciones propias de seguridad, justicia y obras públicas; y asimismo limitados en poder y en dinero, a las atribuciones y sumas estrictamente necesarias para cumplirlas. Para mantenerse así limitado, un gobierno ha de resistir las presiones, y a ese fin, y en el estricto cumplimiento de sus funciones, tiene que ser fuerte, muy fuerte, y así conservarse.

B) Mercados libres de fraude y violencia; y

C) Total respeto a la propiedad privada.

Contra lo que parecen exponer algunos de nuestros conocidos liberales, no se reduce el liberalismo clásico a la mera “tolerancia” relativista. No es un estado de ánimo indulgente y bonachón, más o menos compatible con casi cualquier principio, medida de política o postulado programático. Fuera del ámbito de las funciones propias, los intervencionismos estatales no son compatibles con el liberalismo; tampoco el anarquismo.

Y el camino de salida desde el estatismo presente a la sociedad futura que deseamos y proponemos los liberales es igualmente claro e inequívoco. Y pasa por tres políticas públicas a publicitar, impulsar y desarrollar:

a) privatizar,

b) desreglamentar,

c) restablecer o poner al Estado en su lugar, a cargo de sus funciones propias.

Sin embargo, nuestros liberales en la prensa no siempre muestran las salidas concretas posibles y realistas. Con todo respeto, Mario Vargas Llosa y Carlos Montaner gastan más tiempo, dedicación y energía criticando a Chávez, a Evo, a Correa, etc. —y al socialismo en general— que enseñando a la gente alternativas viables, programas liberales atractivos y motivadores, que puedan seguirse, y con ellos orientar a la opinión pública, confundida y desalentada.

La sola crítica a los presidentes socialistas y a sus intervenciones estatistas nos hace ver a los liberales como “negativos” en un contexto que desprecia la pura crítica y quiere “lo positivo”.

Además, si solo nos oponemos al socialismo, lucimos como defensores del statu quo tan odiado, y permitimos que la izquierda luzca como abanderada del “cambio”. Olvidamos otra sabia enseñanza del Dr. Ayau sobre distinguir entre estatismo mercantilista o socialista y capitalismo liberal: el primero es el statu quo presente; y el segundo es nuestra propuesta de cambio para mejor.

5. Vacío de programas.

¿Por qué nos pasa esto? Seamos honestos: porque esos programas políticos liberales alternativos no existen. No es claro el punto de llegada a que aspiramos en un futuro. Y hay una laguna entre ese punto y lo que tenemos ahora. ¿Cuál es el camino? ¿Cómo luce o debería ser el capitalismo liberal? ¿Y la transición?

El “Manifiesto Comunista” de 1848, redactado por Marx y Engels, contenía un programa de 10 puntos, medidas que más o menos han venido aplicando progresivamente los socialistas en todo el mundo; tanto que algunas lucen redundantes hoy en día, y moderadas o tímidas, porque son moneda corriente, por ejemplo, “impuesto progresivo” (2); “banco central” (5) y “educación primaria gratuita” (10).

Pero los liberales no tenemos programas de desestatización, dirigidos a revertir ese proceso, como por ejemplo, la deslegislación y las “Cinco Reformas” propuestas en mi libro “Las Leyes Malas” (Guatemala, Ed. Artemis Edinter, 2009).

El “incrementalismo” parece ser la política y estrategia de los liberales; lo cual en Guatemala vimos de cerca en el caso de Pro-Reforma: una reforma constitucional, que por eso mismo la gente vio, sintió y pensó como un mero punto técnico, ajeno, materia propia de juristas, o de políticos, pero lejana al ciudadano de a pie, y no directamente relacionada a su bienestar y a su suerte.

Como consecuencia de ese vacío de propuestas programáticas, es imposible aclarar las confusiones y despejar los malentendidos.

6. Confusiones: Economía “social” de mercado y “Neo” liberalismo.

Sabemos que la Economía “social” de mercado de los 60 no es el capitalismo liberal de competencia abierta; es apenas la economía mixta keynesiana y laborista. Es el intervencionismo que Mises expuso y denunció: la continuación del estatismo por otros medios.

Sabemos también que una versión más o menos actualizada de eso mismo es el “Neo” liberalismo del Consenso de Washington, parcialmente aplicado en nuestros países durante los 90 —una vez fracasado el socialismo de los años 70— y aún hoy en los que apenas se libran del socialismo radical del siglo XXI.

Pero todavía no sabemos cómo luciría un programa inspirado en el liberalismo clásico. No hay plano ni hoja de ruta, no hay diseño de políticas y estrategias para llegar al modelo de Gobierno limitado; por eso no hay término de comparación, y es tan difícil mostrar las semejanzas y diferencias.

7. Anarco-capitalismo.

Y por eso, como triste consuelo, en todos los pequeños círculos de pensamiento liberal toma fuerza el anarco-capitalismo que enseñaba Murray Rothbard, y ahora Hans-Hermann Hoppe y el profesor Huerta de Soto.

Es un pensamiento intelectualmente inconsistente: sin gobierno limitado no hay mercados libres ni respeto a la propiedad privada, por consiguiente no hay capitalismo liberal. Y además es políticamente inviable, impracticable y poco atractivo. Pero es un escapismo, una forma de huir mentalmente de la realidad hostil y asfixiante del estatismo, de la cual no se avizora salida posible, ni a corto ni a mediano ni a largo plazo.

Ayn Rand escribió un magnífico alegato contra el libertarianismo en Por qué no soy libertaria, criticando acerbamente a los “hippies de derecha”. Hoy los ancaps están presentes en todos los mini-grupos libertarios latinoamericanos, con sus ruidosas prédicas hostiles a toda forma de gobierno aún limitado, a la acción política, a los partidos y a las campañas electorales. Cuando la gente normal les escucha, sale corriendo de inmediato. No las censuro: yo también.

Nota del Editor

Debe insistirse, en esta entrega ContraPeso.info presentó un fragmento de una columna de Alberto Mansueti, titulada Amor de un Verano. En este fragmento se reprodujeron siete de las razones que el autor piensa que han impedido el desarrollo de la mentalidad liberal y su aceptación difundida.

Hay más razones que el autor determina y que serán publicadas en una futura entrega.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Entusiasmo De Corta Duración I”
  1. Corina Dijo:

    Pues si fue un error del Cardenal expresar su punto de vista sobre estas aberraciones de los matrimonios homosexuales y sobre todo la adopcion de niños, es to ultimo no debe de darse, porque se esta dando que se reconozaca otra clase de familia, pero no como Dios la Instituyo, sino como el Diablo ha querido se haga pues el Señor Creo un hombre y un mujer para el matrimonio sino hubiera creado solamente dos Adanes o dos Evas. Lo que si los Gobiernos Socialistas como los del PRD y Ebrad a la cabeza solo estan haciendo que el Pais caiga una degradacion moral, terrible al aceptar todos estos hechos contra naturaleza.





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