Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No, no Hay Modelo
Eduardo García Gaspar
30 noviembre 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Hay algo descompuesto en los tiempos electorales. Algo que no funciona. La mente falla. Las neuronas dejan de trabajar.

Me refiero a una artimaña usada por los fans de los candidatos y los candidatos mismos.

Explicarlo bien vale una segunda opinión. Comencemos por el principio, con la realidad.

En México, ahora, el presidente es del PAN. Los otros dos partidos, PRI y PRD, afirman que el modelo de país del PAN no da resultados y que ellos tienen otro modelo, otro proyecto económico.

La inferencia es obvia, debe elegirse ese modelo alterno, es decir, elegir un presidente de otro partido.

Variaciones de ese razonamiento se usan una y otra vez. Un amable lector, por ejemplo, me comentó que el modelo del PAN ha fracasado, que es el mismo del PRI y que esa es causa suficiente para cambiar al modelo del PRD. Por supuesto, partidarios del PRI dicen lo mismo, al revés, para ser elegidos.

La manera de pensar es electoral y falsa.

Primero, presupone que tener un presidente de un partido es suficiente como para aplicar un modelo, el que sea.

Les tengo malas noticias, no basta tener un presidente para aplicar un modelo de país. El presidente no es un dictador que puede hacer lo que le plazca.

Segundo, suponen que eso que existe en México ahora con un presidente del PAN es un modelo. La realidad es que no lo es.

En este país, las medidas de gobierno son una lista de acciones desordenadas, incongruentes, postergadas, innecesarias, que no puede llamarse modelo propiamente. No tienen detrás ideología alguna, ni disciplina, ni lógica.

No es un modelo, es un galimatías sin gran sentido, que incluye una larga lista de acciones detenidas por desacuerdos políticos y luchas de poder. Creer que el país tiene un modelo económico es una hipótesis realmente aventurada.

No puede, por eso, hablarse del fracaso de un modelo económico, porque no puede ser modelo la mezcla loca que tenemos (y si acaso es modelo, lo sería de un crecimiento estatal indebido).

Tercero, la otra parte de esa forma electoral de pensar, la de afirmar que cambiar de modelo es la opción. Expresada de esa forma, la propuesta es locura.

Sería como proponer al que padece cirrosis que cambie del modelo de beber ron al modelo de beber tequila. Cambiar por cambiar es tonto. La única posibilidad es cambiar a algo que sea mejor.

Y es ahora cuando la cosa se pone realmente interesante, con el cuarto punto: en realidad ninguno de los tres grandes partidos presenta una alternativa distinta. Son variaciones sobre el mismo tema del estatismo.

Para esos tres partidos, el gobierno es el eje de nuestras vidas, el centro del país, la culminación de la nación. En dosis muy variables, pero los tres piensan igual. Ningún partido político en México presenta una forma de pensar realmente distinta.

Es por eso que no existiría propiamente un cambio al ganar alguno de ellos la presidencia. Cierto, el PRD profundizaría mucho más que los otros dos el estatismo mexicano, con decisiones más radicales. Los otros dos tienen dosis menos intensas de estatismo, pero no lo dejan.

Al final de cuentas, eso de hablar de un cambio de modelo económico de país es simple palabrería, rollo electoral.

• Lo que tenemos no es modelo, sin una mezcla desordenada de acciones gubernamentales alimentada por desacuerdos políticos.

• Si hubiera un cambio de partido en la presidencia, no habría garantía alguna de detener ese desorden.

• Y, más aún, todos los modelos son variaciones con intensidad variable de lo mismo, un país bajo un gobierno demasiado grande, demasiado interventor.

Dejando atrás el plano electoral, tan tonto y superficial, podemos ir algo más a fondo.

Quizá lo que sucede es que en este país no hay valores políticos, sólo intereses de partido y una mentalidad muy común: ciudadanos acostumbrados a esperar que el gobierno les resuelva sus problemas.

Corrijo, sí tenemos un valor político que se defiende con fuerza: elecciones, votaciones que legitiman al ganador. Toda la política se concentra en un día y las protestas de los días siguientes por parte de los partidos que las perdieron.

No creo que haya mucha más cultura política en México que ésa.

Eso es lo que está descompuesto, lo que no funciona, lo que abre las puertas a formas de pensar que no tienen sentido, que están sustentadas en el alegato de que un modelo de país es mejor que el otro.

La otra creencia política que aquí se tiene es tener la esperanza loca del arribo mágico de un salvador inexistente.

Post Scriptum

Las maneras en lo que este punto es tratado son frecuentes. Los partidos y sus candidatos hablan de modelo de nación, de proyecto nacional; lo que por igual hacen algunos fans de los candidatos. Los medios de comunicación también tratan usan la palabrería.

Es, además, común escuchar propuestas que afirman que los mexicanos debemos decidir el proyecto de nación que queremos. Véanse, por ejemplo

Proyectos de Nación, escrito en 2004.

Proyectos de Nación, escrito en 2006

Utopías: Proyectos de Nación, escrito en 2009.

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