Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Colosal Incoherencia
Selección de ContraPeso.info
14 noviembre 2012
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en: ,


ContraPeso.info presenta una idea de Alberto Medina Méndez. Agradecemos al autor su amable permiso de publicación.

La idea central del escrito es poner encima de la mesa una de las incoherencias mayores de nuestros tiempos: reclamar el poner en manos del organismo más desacreditado las soluciones a los mayores problemas.

Que los individuos podemos ser contradictorios e inconsistentes no es precisamente una novedad. Después de todo, somos seres humanos y por tanto portadores de una imperfección que forma parte de nuestra esencia.

Pero esta posibilidad de reconocernos, esto de poder vernos como seres que a veces pensamos cosas que no son consistentes entre sí, no nos impide intentar racionalizarlo para tratar de alinear nuestras visiones, y hacerlas coherentes.

En materia política y de nuestra vida ciudadana, se lleva los laureles de la incongruencia, esta visión claramente contradictoria que hace que muchos ciudadanos despotriquen contra las instituciones del gobierno, pero al mismo tiempo intenten asignarle tareas a diario.

En casi todo el planeta, algunas instituciones estatales lideran los rankings de mala imagen, y América Latina no es la excepción a la regla.

Cuando se le pregunta a los ciudadanos su opinión sobre algunas instituciones, inevitablemente aparecen entre las que lideran esa temible nómina de desprestigio, los cuerpos colegiados legislativos, la justicia o el gobierno en términos genéricos, o bien la policía, la educación estatal o el sistema de hospitales cuando se afinan las muestras.

Y no es que no figuren en la grilla otras instituciones de la sociedad civil en esta patética lista, como pueden ser los casos de los partidos políticos (y sus miembros, los políticos), los sindicatos o los bancos.

Las razones que explican buena parte del descrédito de muchas instituciones estatales, tienen que ver casi siempre con la corrupción, la ineficiencia, el despilfarro y la discrecionalidad.

Es probable que una importante cantidad de ciudadanos nos identifiquemos con esa visión. De hecho, lo repetimos a diario, en la conversación cotidiana con amigos, en el trabajo o en la mesa familiar.

Sin embargo, y en evidente contradicción, los mismos individuos que sostienen esa mirada, y que son tremendamente críticos con esas instituciones y con las personas que tienen la responsabilidad de conducirlas, cuando se plantea cualquier problema de orden económico o social, dicen que las soluciones deben venir de la mano del Estado.

Es difícil entender como ciudadanos que se creen gobernados por corruptos, gente que toma decisiones arbitrarias, sobre las que recae una sospecha generalizada de que favorecen a grupos afines o a intereses económicos sectoriales, cuando no a familiares y amigos, pueden pretender que esas mismas personas, asuman más responsabilidades y resuelvan problemas complejos.

Resulta muy engorroso comprender como los individuos pueden suponer que una institución que no puede resolver cuestiones domésticas menores, podrá ocuparse con eficacia, de solucionar aspectos que conllevan mucha especialización, extrema profesionalidad y cuyo abordaje implica una gran complejidad.

En la misma línea, cuando una sociedad intenta asignarle a esas instituciones la tarea de administrar recursos económicos con eficiencia y austeridad, va a contramano de lo que afirma muchas veces cuando dice que esas instituciones despilfarran el dinero, no son transparentes en su uso y utilizan esa potestad para desviar fondos para provecho propio, su sector político o amigos circunstanciales.

Esa compulsión de muchos por controlarlo todo, los lleva a investigar en forma desesperada para encontrar una referencia y lograr que ese vicio se pueda concretar.

Y en esa búsqueda, caen en la trampa de ser recurrentes, hurgando en los espacios estatales y profundizando el paradigma de siempre, para dar con aquella institución que los represente y custodie sus intereses ciudadanos.

La pasión controladora lo puede todo, y la sociedad se equivoca y mucho cuando le asigna al Estado un atributo de neutralidad, objetividad y honestidad, que ya ha demostrado que no puede exhibir con solvencia.

El Estado no es esa utopía que siguen “vendiéndonos” desde la política tradicional, sus administradores circunstanciales, que son los mismos que se ven favorecidos por su crecimiento, por los recursos económicos que administran sin tener que mostrar nada.

Tampoco es lo que parece, y mucho menos lo que pretenden convencernos que es, quienes tienen especial interés en hacernos creer lo que les resulta funcional a título personal para favorecer sus ambiciones, sus proyectos políticos, cuando no su futuro económico.

Pero está en nosotros, en los ciudadanos libres, en cada individuo de a pie, permitirnos la posibilidad de revisar nuestras ideas para alinearlas e intentar tener alguna cuota de coherencia en este tema que tan sensible para nuestras vidas cotidianas.

Es que el Estado nos impacta todos los días en nuestro quehacer, y está allí porque nosotros mismos, como sociedad, hemos creído en él, generamos sus cimientos, y hoy, tantos años después, los mas lo siguen alimentando y engordando, cuando piden más Estado frente a cada problema que logramos identificar.

Estamos a tiempo de ordenar las ideas que decimos defender, de organizar aunque sea parcialmente esa mezcla repleta de absurdas afirmaciones que van unas contra otras, superponiéndose entre sí.

Con un poco de humildad, de integridad, y sobre todo de honestidad intelectual con nosotros mismos, podremos destrabar esta serie de idas y vueltas, para avanzar en esto de desarmar esta “colosal incoherencia”.

Nota del Editor

De nuevo, A. Medina Méndez va al fondo de discusiones políticas al apuntar una extravagancia intelectual común y escasamente señalada, que puede verse esquemáticamente:

1. Uno de los organismos más desacreditados es el gobierno, donde se presentan ocasiones continuas de mal funcionamiento, desperdicio de recursos, arbitrariedad, corrupción, falta de talento, errores y personas con bajas calificaciones.

2.Una de las reclamaciones más comunes es proponer que sea el gobierno quien se haga responsable de solucionar los problemas mayores del país.

Esta “colosal incongruencia” es muy digna de señalar.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



3 Comentarios en “Colosal Incoherencia”
  1. Oscar Recio Dijo:

    Desgraciadamente, la aparición de políticos hábiles que venden la imagen de “no ser corruptos como el resto de los políticos” establecen un puente entre esos dos puntos diametralmente opuestos. Siguen y seguirán existiendo ciudadanos que compren esa imagen y que piensen que con éste si, sus problemas se arreglarán para siempre.

  2. Pedro Osvaldo Dijo:

    Los políticos, especialmente en mi tierra, tienen la certeza de que así es la forma de seguir dominando al pueblo, ya que pareciera que somos falta de memoria. Solo queda la esperanza de la educación y quizás también en cambiar nuestra óptica hacia “las obligaciones de ser humanos” frente a los derechos humanos.

  3. Crisbio Dijo:

    Una de las principales causas de ello creo yo (y que ya ha sido señalada muchas veces no solo en éste sitio, sino en casi todos los liberales que conozco) es por la “educación pública” que debería llamarse más bien educación gubernamental la cual aparte de tener inconvenientes el que 1) en dicho sistema los pobres pagan con sus impuestos la educacion de los ricos; 2) esta divorciada del ambito empresarial y se construye en una torre de marfil porque obviamente se financia por la ubre gubernamental asi que no le interesa lo que “el molesto mercado diga”; 3) produce puro empleado y burócrata que quiere vivir a costa de los demás; 4) es un caldo de cultivo de intereses personales como los sindicatos y partidos quienes ven en ella una buena tajada. Aparte de todo lo anterior presenta la oportunidad dorada para los partidos en el poder de imponer su “programa ideológico” y adoctrinar a las masas con lo políticamente correcto y con ideas afines a ellos (generalmente de izquierda).

    Por ello los jovenes crecen en la alabanza al Gobierno y defienden su expansión a costa de los “codiciosos empresarios” y ven al Gobierno como la mamá, el papá, el tío rico, el hada madrina, etc. que les puede y “debe” resolver sus problemas ó “garantizar los derechos inalienables” que ellos han sido adoctrinados que merecen (independientemente del esfuerzo personal y el mérito), añádesele a ello la avalancha de propaganda pro-Gobierno en todos los medios “informativos” y tiene una excelente receta para el enorme conformismo infantil que aqueja a la población no sólo en México, y no sólo en América Latina, sino hasta en Europa, China y EUA.

    Y todo lo anterior ha causado la elevación del Estado/Gobierno hacia un pedestal que no merece, y, ante el abandono (o perversion) de la religión tradicional del ambito público (en pos de un laicismo mal entendido) muchos han caido en el juego de la propaganda gubernamental en la que el Estado es “la institución por excelencia que persigue el bien común”.

    La estatolatría-estatismo (tan antigua como el hombre mismo) es sin duda uno de los mayores males (sino es que el mayor) de nuestro tiempo. Cada vez me convenzo más que lo único que va a poder realmente vencer a una religión falsa como el socialismo-estatolatría-estatismo es la religión verdadera como la católica en comunión con la Iglesia… hay que propugnar por volver a traer a la religion tradicional al ambito publico (sin pervertirla como algunos supuestos “catolicos” que apoyan -aunque sea de manera vergonzante- al socialismo), pues sin oponer una verdadera religión a una falsa, ésta última sin duda tiene el ámbito libre para adoctrinar y moldear a las personas a su conveniencia.





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