Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Molestias de Avión
Eduardo García Gaspar
20 mayo 2003
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, Y CONTRAPEDIA
Catalogado en:


Azares del destino de vidas que controlamos hasta cierto punto, nos colocan en situaciones que nos hacen pensar en los detalles cotidianos de muy escasa importancia.

Por ejemplo, mi vida en una etapa anterior me obligó a viajar en avión con una frecuencia realmente grave, con más de un viaje promedio a la semana durante unos doce años.

Consecuentemente, sin quererlo, me convertí en un filósofo de avión. Y siendo eso, pude sacar conclusiones sobre esas cosas que se vuelven profundamente molestas cuando uno toma esas naves.

Lo que le ofrezco en esta segunda opinión es una lista de cosas que molestan en los viajes aéreos, cosas que odio cuando tomo aviones.

Una de las mayores molestias es tener bebés a bordo, pequeños seres que se encargan de gritar y llorar todo el tiempo impidiendo dormir, leer, conversar.

Lo que me lleva a otra gran molestia, el del desconocido que sentado junto a mí se empeñar en sostener una conversación que no es correspondida de mi parte. Esas personas conversadoras insisten en hablar aunque uno tenga un libro abierto, aunque uno tenga los ojos cerrados.

Molesta también en los aviones un capitán parlanchín, cuya misión de vuelo parece incluir dar avisos cada quince minutos sobre el trayecto de la nave.

Es así como al estar ya prácticamente conciliando el sueño, surge una voz que dice cosas como, “desde la cabina de vuelo, para informarles que estamos pasando por Teocaltiche, que verán a su izquierda, estamos volando a una altitud de 30 mil pies y tendremos ligera turbulencia en nuestro trayecto a Tijuana”.

Eso de la altura a la que volará el avión es sin duda uno de los datos más triviales que se pueden pedir. ¿Le importa usted la altura a la que la nave volará? Digo, mientras no se estrelle el avión con los cerros y las montañas, el número de pies de altura es algo que me tiene sin cuidado.

Pero volviendo a los infantes, hay algo peor que un bebé llorón y eso es un niño que se pone de pie en su asiento y voltea hacia atrás donde uno está, con una mirada insistente que puede durar más de media hora y con una paleta cuyo caramelo gotea y cubre casi toda su pequeña mano.

Es también muy molesto ver que los compartimentos para colocar objetos personales se llenen tan rápidamente que me impidan colocar mi portafolio. Y es que las personas viajan con objetos de mano que rebasan toda la imaginación y, desde luego, ocupan más que su parte correspondiente en esos compartimentos.

Bolsas de compras, portatrajes, todo de dimensiones y pesos enormes que violan todos los reglamentos.

Molesto es también el que la línea aérea duplique los números de los asientos y las azafatas corran de un sitio a otro queriendo arreglar un problema que ellas no causaron.

Molestia causan los viajeros que se suben al avión y antes de sentarse toman tanto tiempo que parece que están realizando la ceremonia del té japonés, con lo que detienen la fila de personas que buscan sus lugares.

Más molesta aún es la comida del avión. Esa comida es un tormento, incluso en primera clase. Lo de clase turista es aún peor. Las únicas verdaderas comidas buenas que recuerdo eran las de Varig, el resto son malas. Punto.

Molestan también los asientos, más diseñados para sardinas que para seres humanos, lo que causa una situación realmente incómoda, la del tipo que acabando de sentarse, cuando aún no despega el avión, reclina su asiento todo lo que da y me obliga a verle la más minúscula de las caspas que tiene su cuero cabelludo.

Una de las más extremas cosas que me sucedió, fue el de una mujer joven del estilo de Daniela Romo, digo por su larguísima cabellera, la que decidió echar por encima del asiento, hacia atrás, donde estaba yo, de manera que tapaba mi mesita y con el aire su pelo me llegaba a la cara, por lo que estornudé.

Mucho me temo que le dejé algunos restos de mi estornudo en su pelo.

En fin, que al ir avanzando los años, uno se vuelve más fijón en esas cosas que molestan, incluso en los aviones. Pero también hay cosas que molestan en otras partes, como en los supermercados, a las que poco a poco intentaré examinar en esta segunda opinión.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Molestias de Avión”
  1. mauricio Dijo:

    Me parece q eres un imbecil amargado ,y fisgon ,tipico de los viejos añejos





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