Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Colegio de Bachilleres
Santos Mercado Reyes
14 octubre 2005
Sección: ESCUELAS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


El Colegio de Bachilleres nació en 1973 como un engendro burocrático del Presidente Luis Echeverría Álvarez. Ahora está en plena crisis con una huelga interminable y es necesario darle una solución definitiva.

La sociedad ya se daba cuenta que en las escuelas preparatorias de la UNAM, en las vocacionales y en los CCH se estaba adoctrinando a los alumnos para engrosar las filas de la izquierda.

La melena al estilo de Che Guevara; el Manifiesto Comunista bajo el brazo; las pintas de “muera el imperialismo yanqui” y las canciones del comunista Pablo Milanés despertaban la preocupación de los padres de familia.

Se tenía la sensación de que esto no es lo que la sociedad quería para sus hijos. Luis Echeverría, un presidente más de la izquierda mexicana, fue muy astuto para responder a la sociedad creando una institución que “revolucionaría a la educación en México” y así surgió el Colegio de Bachilleres.

Han pasado más de 30 años y nadie puede decir que el Colegio de Bachilleres revolucionó la educación, ni mucho menos.

En realidad, no se ve gran diferencia con el resto de las instituciones burocráticas del gobierno que cubren el nivel medio superior: Siguen adoctrinando a los jóvenes como para ser los futuros comunistas que tomarán el poder en México; los enseñan a odiar al capitalismo, a los Estados Unidos; y les recortan todo sueño que implique caminar en el mundo empresarial “porque eso es neoliberalismo”.

Era de esperarse este resultado, pues en la planta docente se incrustaron aquellos jóvenes del movimiento estudiantil de 1968, “había que darles trabajo para que no siguieran causando problemas al gobierno”, decía Luis Echeverría. Ya no recuerdo cuantas huelgas llevan en 32 años. Pero en todas ellas, lo que menos importa es mejorar la educación de los alumnos.

Todas estas huelgas se transforman en trincheras de la izquierda y en mecanismos de los líderes para ganar posiciones como futuros diputados o senadores. Realmente la sociedad debería preguntarse si debe seguir soportando estas instituciones burocráticas carísimas que sólo significan un dolor de cabeza para los padres de familia, para los contribuyentes y para los mismos jóvenes que terminan sus estudios de bachilleratos tan desorientados como cuando los iniciaron.

Cada alumno del colegio de Bachilleres cuesta en promedio 3200 pesos. Es un costo que paga la sociedad pues al alumno no le cuesta nada.

Por desgracia, ese dinero lo recibe directamente la burocracia del Colegio (empleados, directivos y profesores). Salarios y sueldos seguros, sin supervisión, sin riesgo. Acudan a trabajar o no, ganan lo mismo, pues están protegidos por el sindicato. Este es el sistema de subsidio que degenera a las instituciones de gobierno.

Es necesario dar una solución de fondo para que no se sigan malgastando los recursos de la sociedad y no sigan deformando a los jóvenes. La solución de fondo consiste en liquidar al Colegio de Bachilleres.

No hay necesidad de que el gobierno clausure al Colegio de Bachilleres, porque esa tarea ya la hizo el sindicato. Ahora sólo hay que mantenerla cerrada, por siempre. Por otro lado, las escuelas de educación media superior privadas deben abrir sus puertas a todos estos jóvenes.

Y sólo para aquellos estudiantes que no posean recursos para pagar la colegiatura, el gobierno, a través de algún banco, debe ofrecerles créditos para todos sus gastos. Los profesores seguramente serán asimilados por las escuelas privadas, pero bajo nuevas reglas: tendrían que trabajar, no faltar a clases, llegar puntuales, preparar la materia y asesorar bien al alumno.

Sólo con este procedimiento sería aceptable pagarles el cien por ciento de salarios caídos que exigen. Con esta solución garantizaríamos una mejor educación para la juventud y definitivamente acabaríamos con las amenazas de huelga.

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