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Libre Mercado
Selección de ContraPeso.info
9 noviembre 2005
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta un texto publicado originalmente por el Instituto de Libre Empresa de Perú y traducido por Hebert Suárez Cahuana. Es una breve explicación de Murray N. Rothbard, un economista fallecido hace 10 años, profesor en la Universidad de Nevada y célebre por la originalidad de su pensamiento liberal, parte de la Escuela Austriaca.

Definir un mercado libre es una tarea obligada, pero sobre todo, continua. Resulta sorprendente la cantidad de veces que el concepto es confundido y mal interpretado. Rothbard parte de la explicación de un acto cotidiano, el intercambio voluntario con un vendedor de periódicos y de allí lleva al lector a una clara exposición del funcionamiento de un mercado donde las personas son libres. Los énfasis en amarillo son del editor.

El libre mercado es un término que resume una infinidad de intercambios que se dan en la sociedad. Cada intercambio es realizado voluntariamente entre dos personas o entre dos grupos de personas representados por sus agentes. Estas dos personas (o sus agentes) intercambian dos bienes económicos, ya sean bienes tangibles o servicios intangibles.

Así, cuando compro un periódico a un canillita por 50 centavos, el canillita y yo intercambiamos dos artículos de comercio: Entrego 50 centavos y el canillita me entrega el periódico. O si trabajara en una empresa, entonces intercambio mis servicios laborales, en un contrato de mutuo acuerdo, por un salario monetario; en este caso la empresa está representada por el gerente (un agente) con autoridad para contratar.

Ambas partes realizan el intercambio porque esperan beneficiarse de él. También, cada parte volverá a realizar el intercambio (o quizás no lo haga) por que su expectativa ha resultado correcta (o incorrecta) en las ocasiones anteriores.

El comercio, o intercambio, se realiza porque ambas partes se benefician; si no esperarían beneficiarse, entonces no realizarían el intercambio.   Este razonamiento sencillo refuta el argumento típico en contra del libre mercado, utilizado durante el periodo “mercantilista” que va desde el siglo 16 hasta el siglo 18 en Europa, y expuesto de manera elocuente por el ensayista francés del siglo 16, Montaigne.

Los mercantilistas sostenían que en cualquier operación comercial, una parte puede beneficiarse solo a expensas de la otra, es decir que en cada transacción existe un ganador y un perdedor, un “explotador” y un “explotado”. Podemos ver la falacia de este argumento todavía muy común: la disposición y la voluntad de comerciar significa que ambas partes se benefician.

En la jerga de la moderna teoría de juegos, el comercio es un juego con resultados ganador-ganador, o de “suma positiva” en vez de “suma cero” o “suma negativa”.

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¿Cómo pueden beneficiarse ambas partes de un intercambio? Cada parte valora los bienes o servicios de manera diferente, y esta diferencia es la base para que se realice el comercio o intercambio. Yo por ejemplo, camino con dinero en mi bolsillo pero sin ningún periódico; el canillita, por su parte, tiene un montón de periódicos pero está ansioso por adquirir dinero. Y así, nos encontramos y llegamos a un acuerdo.

Dos factores determinan los términos de cualquier contrato: Cuánto valora cada participante el bien en cuestión, y las capacidades de negociación de cada parte. Cuántos centavos intercambiare por un periódico, o cuántos puntos en compras de tarjetas de crédito lograré para obtener un bate Babe Ruth, dependerá de todos los participantes en el mercado de periódicos o en el mercado de puntos por compras con tarjeta de crédito como valora los puntos de las tarjetas en relación a otras alternativas.

Estos términos de intercambio o condiciones, llamados “precios” (de periódico en términos de dinero o de Babe Ruths en términos de puntos), son finalmente determinados por, cuántos periódicos o puntos están disponibles en el mercado en relación a la evaluación favorable que hagan los compradores de esos bienes. En forma más sencilla, por la interacción de la oferta y la demanda de estos bienes.

Dada la oferta de un bien, un incremento en el valor percibido por los compradores subirá la demanda del bien, se ofrecerá más dinero por el, y su precio subirá. Lo inverso también ocurre, si el valor y por consiguiente la demanda disminuye. Por otro lado, dada la evaluación de los compradores, o la demanda, si la oferta se incrementa, el número de tarjetas o la cantidad de pan bajará su valor, y por lo tanto, el precio bajará también. Ocurre lo contrario si la oferta de bienes disminuye.

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El mercado, entonces, no es simplemente un conjunto inmenso sino un mecanismo altamente complejo para la realización de intercambios. En las sociedades primitivas, los cambios se realizaban a través del trueque o intercambio directo. Dos personas intercambian dos bienes que son útiles, como caballos por vacas o puntos de crédito Mickey por Babe Ruths.

Pero conforme la sociedad se desarrolla, a través del proceso de beneficio mutuo se crea una situación en la que uno o dos artículos de comercio bien valorados son seleccionados como medio de intercambio indirecto. Este bien dinero generalmente es el oro o la plata (no siempre), es entonces demandado no por su valor intrínseco sino porque facilita el intercambio con otro activo deseado.

Es mucho más fácil pagar a los obreros en dinero que en barrotes acerados, con el que los trabajadores pueden comprar lo que desean. Están dispuestos a aceptar porque saben por experiencia, que las demás personas aceptaran ese bien como medio de pago.

El mercado moderno, es un mecanismo o arreglo institucional casi infinito para el intercambio, ha sido posible gracias al uso del dinero. Cada persona se especializa, o debido a la división del trabajo, produce aquello en lo que es más eficiente o que hace mejor que los demás.

La producción comienza con los recursos naturales, y luego las muchas formas de maquinaria y bienes de capital, hasta que finalmente, los bienes son vendidos al consumidor. En cada etapa de la producción desde los recursos naturales hasta obtener un bien de consumo, el dinero se intercambia voluntariamente por bienes de capital, servicios laborales e insumos agrícolas. En cada etapa de este proceso, los términos de intercambio o los precios, son determinados por la interacción voluntaria de proveedores y demandantes.

Este mercado es “libre” por que las elecciones, en cada etapa, son realizadas libre y voluntariamente   El mercado libre y el sistema de precios no controlados hacen posible que los bienes de todas partes del mundo estén disponibles para los consumidores.

El libre mercado también amplia el espacio posible para los empresarios, quienes arriesgan su capital para asignar los recursos, para satisfacer los deseos futuros de las personas lo mas eficientemente posible.

El ahorro y la inversión crean bienes de capital que elevan la productividad y los salarios de los trabajadores y por tanto elevan su nivel de vida. El mercado libre y competitivo también recompensa y estimula la innovación tecnológica que permite al innovador llevar la delantera en la satisfacción de lo que desea el consumidor a través de nuevas y creativas formas.

No sólo se fomenta la inversión, quizá lo más importante, el sistema de precios, y los incentivos de perdida-ganancia del mercado, guían la inversión de capital y la producción dentro de una lógica consistencia.

El mecanismo complejo (libre mercado) puede “aclarar” todos los mercados, de tal forma que no se den escaseces repentinas, o inexplicables excedentes en cualquier etapa del sistema productivo. Pero los intercambios no necesariamente son libres.

Muchos son obligatorios. Si un ladrón lo amenaza con “el dinero o la vida”, entonces el pago a él no es voluntario, y el se beneficia a costa suya. Es el robo, no los mercados libres, lo que en realidad sostienen los mercantilistas sobre el libre mercado: El ladrón se beneficia en base a la coerción.

La explotación no ocurre en el libre mercado, sino allí donde el que tiene poder coercitivo explota a su victima. En el largo plazo, la coerción es juego de suma negativa que hace que se reduzca la producción, el ahorro y la inversión, y por ello el stock de capital, reduce la productividad y empeora el nivel de vida de todos incluso para aquellos que ejercen el poder coercitivo

El gobierno, en toda sociedad, es el único que posee legalmente el poder de coerción. Los impuestos son intercambios coercitivos, y mientras mas pesados sean los impuestos sobre la producción, lo más probable es que el crecimiento disminuya.

Otras formas de coerción (por ejemplo, controles de precios o restricciones que impiden el ingreso de nuevos competidores al mercado) impiden la realización de intercambios voluntarios, mientras que otros (la prohibición de practicas engañosas, el cumplimiento de contratos) pueden facilitar la realización de intercambios voluntarios.

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El extremo en coerción gubernamental es el socialismo. Bajo la planificación central socialista, el comité central de planificación socialista carece de un sistema de precios para los bienes agrícolas o de capital. Como ahora admiten los socialistas, por ejemplo Robert Heilbroner, el comité central planificador por tanto no tiene manera de calcular los precios o los costos o la inversión de capital para que el mecanismo de la producción funcione (o que su engranaje funcione) y no produzca escaseces ni excesos.

La experiencia soviética, en la que una abundante cosecha de trigo no encuentra la manera de ser vendida o asignada a las personas, es un ejemplo muy instructivo  de la imposibilidad de controlar un sistema muy complejo, como es la economía moderna.

En ausencia del libre mercado no existen incentivos para calcular los precios y costos para los vagones de tren que llevan el trigo, para las molineras que hacen la harina y así sucesivamente, hasta llegar finalmente al consumidor de Moscú o Sverdlovsk. La inversión en trigo es casi totalmente desperdiciada.

El mercado socialista, es de hecho una contradicción de términos. El debate actual sobre el socialismo de mercado, a menudo pasa por alto un aspecto crucial del mercado. Cuando se intercambian los bienes, lo que en realidad se esta intercambiando es el derecho de propiedad sobre ellos. Cuando compro un periódico por cincuenta centavos, el canillita y yo intercambiamos derechos de propiedad: Yo renuncio a la propiedad de cincuenta centavos a favor del canillita y él renuncia a la propiedad del periódico en mi favor.

Exactamente el mismo proceso ocurre cuando se compra una casa, excepto que en el caso del periódico, el objeto es mucho mas sencillo, y podemos evitarnos el complicado proceso de firmar contratos notariales, agentes, abogados, hipotecas, etc.

Pero la esencia de las dos operaciones económicas es la misma.   Esto significa que la clave para la existencia y el florecimiento del libre mercado en una sociedad, es que  los derechos de propiedad y los títulos de propiedad privados sean respetados, defendidos y asegurados.

La clave en el socialismo, por otro lado, es la propiedad estatal de los medios de producción, tierra y bienes de capital. Así, allí (en el socialismo) no puede existir mercado para la tierra o los bienes de capital. Algunos críticos del libre mercado sostienen que los derechos de propiedad están en conflicto con los derechos “humanos”. Pero estos críticos no se dan cuenta que en un libre mercado, cada persona tiene el derecho de propiedad sobre su persona y su fuerza de trabajo, y puede libremente hacer contratos sobre estos servicios.

La esclavitud viola el derecho de propiedad básico sobre  la persona y el cuerpo, un derecho que es la base para los derechos de propiedad de cualquier persona sobre los objetos materiales. Cual es el más importante de los derechos humanos, sino el derecho de hablar libremente o los derechos de propiedad individual sobre su propio cuerpo.

Una crítica muy frecuente que se le hace a la sociedad del libre mercado es que esta origina “la ley de la jungla” o “el perro come a otro perro”, que ella hace que se desprecie la cooperación humana por la competencia, y que exalta el éxito material en contraposición a los valores espirituales, filosóficos o el ocio.

Por el contrario, la jungla es, precisamente la sociedad de la coerción, el robo, y el parasitismo, una sociedad que denigra la vida y los niveles de vida. La competencia pacifica entre productores y ofertantes es un proceso profundamente cooperativo en el cual todos se benefician, y todos elevan su nivel de vida (comparado con lo que se lograría en una sociedad sin libertad).

Y el indudable éxito material de las sociedades libres permite que disfrutemos de una enorme cantidad de ocio comparado con otras sociedades, y realizar actividades del espíritu. Es en los países coercitivos con una pequeña o nula actividad del mercado, básicamente bajo el comunismo, donde la penosa existencia diaria no solo empobrece a las personas materialmente, sino también su espíritu.

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El artículo viene acompañado al final por una lista de libros recomendables para ampliar el conocimiento de este tema:

• Ballve, Faustino. Essentials of Economics. 1963.

• Hazlitt, Henry. Economics in One Lesson. 1946.

• Mises, Ludwig von. Economic Freedom and Intervention, edited by Bettina Greaves. 1990.

• Rockwell, Llewellyn, Jr., ed. The Free Market Reader. 1988.

• Rockwell, Llewellyn, Jr., ed., The Economics of Liberty. 1990.

• Rothbard, Murray N. Power and Market: Government and the Economy, 2d ed. 1977.

• Rothbard, Murray N. What Has Government Done to Our Money? 4th ed. 1990

Existe una buena cantidad de material sobre el tema en ContraPeso.info: Libre Mercado.

Es especialmente recomendable la idea de Ormerod en Es Imposible Planear Centralmente.

También, la famosa idea de Schumpeter en Destruyendo y Creando es muy recomendable.

Y en El Egoísta de las Ranas, hay un caso pintoresco de intercambios detenidos.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.




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