Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Crecimiento Económico y Pobreza
Selección de ContraPeso.info
3 noviembre 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, PROSPERIDAD, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta la tercera parte de un texto de Otto Graf Lambsdorff. Agradecemos a Fundación Friedrich Naumann el gentil permiso de reproducción. El Dr. Otto Graf Lambsdorff es ex ministro de Economía de Alemania y presidente de la Junta Directiva de la Fundación Friedrich Naumann. La primera parte, la segunda y la cuarta pueden ser leídas por separado.

Libertad: El Mejor Remedio contra la Pobreza

Otto Graf Lambsdorff

TAMBIEN SE NECESITA CRECIMIENTO ECONOMICO

Traducción del inglés por Juan Carlos Hidalgo

La interrogante de cómo darles a los pobres mejor acceso a las oportunidades económicas es otro tema fundamental. En primer lugar, esto requiere de una economía dinámica y en crecimiento. Otro disparate socialista es ignorar o al menos minimizar el tema del crecimiento económico cuando se trata de lidiar con la lucha contra la pobreza.

Nuevamente, esto se explica únicamente por la preocupación de la izquierda con los beneficios entregados por el Estado y con las burocracias intervencionistas — y por el incómodo hecho (desde el punto de vista izquierdista) de que las políticas económicas liberales, especialmente el libre comercio, han sido mucho más exitosas en producir un crecimiento duradero que las políticas de intervención estatal — ¡tanto así que los ambientalistas atacan al liberalismo, y especialmente al comercio, por producir demasiado crecimiento económico!

La verdad evidente es que el liberalismo clásico, bajo el cual floreció el libre comercio, ha sido la estrategia económica más exitosa en la historia mundial. Puso fin a las hambrunas europeas en el siglo XIX, que hasta ese momento eran consideradas el destino inevitable de la humanidad.

Tendemos a olvidar que, por ejemplo, durante el siglo XVIII en Francia hubo nueve hambrunas que mataron a más del 5 por ciento de la población. Cuando vemos hambrunas en la actualidad, sólo las encontramos en dictaduras que no son capitalistas, ni liberales, ni de libre mercado, como Corea del Norte.

La era del libre comercio en el siglo XIX hizo posible la riqueza para todos por primera vez en la historia humana. Que el libre mercado sea fuente de riqueza es una verdad incuestionable hoy en día. La evidencia empírica lo confirma.

La Fundación Friedrich Naumann es uno de los 52 co-editores de un estudio anual llamado “Libertad Económica del Mundo” que fue concebido originalmente por el premio Nóbel Milton Friedman. El propósito de este estudio es medir y comparar la libertad económica en 123 países. Indicadores que pueden medirse, como los tipos impositivos, el porcentaje de consumo del gobierno como porcentaje del PIB o la cantidad de restricciones al comercio son utilizados para ubicar el lugar de cada país en este ranking comparativo.

Esto no se hace por mero interés académico. El estudio ha demostrado claramente que existe una extraordinaria correlación entre la libertad económica y el crecimiento económico. En cambio, entre más grande sea el peso del Estado sobre el individuo, más estancada se encuentra la economía.

Esto no constituye una sorpresa para los economistas liberales que siempre han creído que el dinamismo económico depende de la iniciativa individual, la creatividad y la toma de riesgos, y estos rasgos necesitan de la libertad para florecer. Desdichadamente el sentido común no siempre ha guiado la formulación de políticas económicas.

También se ha demostrado al correlacionar los resultados de “Libertad Económica del Mundo” con otros criterios de “niveles de vida”, en lugar de simples tasas de crecimiento, que los países más libres del mundo tienen las tasas más bajas de pobreza, cuentan con menos analfabetismo, menos corrupción, y una expectativa de vida más alta que los países menos libres.

De nuevo, el sentido común sugeriría esto, ya que el crecimiento económico genera los recursos que se necesitan para resolver los problemas más apremiantes de la humanidad; sin embargo, el mito de que los beneficios del crecimiento no les llegan a los pobres es poderoso — la vieja visión de que el rico se hace más rico y el pobre más pobre.

Esta creencia está claramente equivocada, como la experiencia histórica y la evidencia empírica del “Índice de Libertad Económica del Mundo” lo demuestran, no obstante esta visión parece ser insensible a los hechos.

Probablemente se deba a la incapacidad de comprender el elemento de la economía que es de alguna forma contra-intuitivo: que una economía no es un juego suma-cero, que mi ganancia económica no se basa en su pérdida, que ambos lados ganan en un intercambio libre y voluntario — que, en otras palabras, todos podemos hacernos más ricos, aunque tal vez a velocidades diferentes.

¿Pero qué dice este estudio sobre aquellos que se “quedan rezagados”? Todos hemos escuchado que la brecha entre los países ricos y los pobres está aumentando. Eso es cierto. En el Tercer Mundo hay países con tasas de crecimiento estancadas o incluso negativas, mientras que la mayoría de las economías del primer mundo están — al menos moderadamente — creciendo.

Pero puede entenderse únicamente si, de nuevo, uno lo correlaciona con el grado de libertad económica. El resultado: el grupo de los países más pobres y con las tasas de crecimiento más precarias es casi idéntico con el de aquellos que no han abierto sus economías y constantemente interfieren en la libertad de sus pueblos.

Sí, hay gente que se “queda rezagada”, pero no son víctimas del libre comercio o la globalización, sino de sus propios gobiernos. Uno podría sostener que una tasa de crecimiento tomada en el agregado no dice mucho sobre la distribución interna de la riqueza.

La prensa reporta que en los países industrializados la liberalización de la economía bien pudo haber creado nuevos empleos, pero éstos solo eran empleos basura o “Mac-empleos”, como los llaman los expertos con el fin de añadirle al argumento el usual tono antiestadounidense.

Los “trabajadores pobres” es el nuevo estereotipo que se supone le da alguna munición retórica a los guerreros contra la globalización y el libre comercio, tanto en la derecha como en la izquierda. Aún si fuera cierto, todavía sería un mejor escenario que la exclusión del mercado laboral de los trabajadores menos calificados que practican los abotagados Estados Benefactores en Europa. Pero no es para nada cierto — al menos en la forma en que se presenta generalmente. Las nuevas tecnologías no solo no destruyeron empleos, sino que crearon nuevos y mejores.

Aquellos países que mantuvieron sus mercados relativamente abiertos experimentaron un aumento en la demanda de trabajadores altamente calificados en lugar de un incremento en la demanda de trabajadores poco calificados.

En Estados Unidos, el 55% de los empleos creados entre 1983 y 1996 fueron altamente calificados, cerca del 32% requerían capacidades medias, y únicamente un 18% eran trabajos poco calificados.

Si uno mira la distribución del ingreso dentro de los países, las naciones más pobres y menos libres económicamente también cuentan con desigualdades en el ingreso más grandes que los países libres económicamente. De vez en cuando uno debiera simplemente echarle un vistazo a las cifras para darse cuenta qué sucede detrás de los estereotipos comunes sobre la libertad económica y los mercados mundiales.

Por lo tanto, a nivel global la conclusión debe ser la de continuar enérgicamente la liberalización multilateral del comercio bajo los auspicios de la OMC, sostiene el profesor Jagdish Bhagwati, una prominente autoridad en materia comercial, en un reciente artículo titulado “La mejor esperanza de los pobres” (The Economist, 22 de junio del 2002).

En éste reprende a los gobiernos de los países en desarrollo por no ver el daño que les causa a sus economías su añejo amor por el proteccionismo, y por la creencia errónea que predomina en muchos de estos países que el proteccionismo de las naciones ricas — por más condenable que sea — justifica la perpetuación del proteccionismo propio. Esto significa castigarse uno mismo dos veces.

El objetivo de la elaboración de las políticas económicas es por lo tanto crear instituciones políticas y económicas que permitan la aparición de mercados eficientes de bienes y factores.

En este contexto son cruciales las cortes, el sistema legal, un mecanismo imparcial de aplicación de la justicia, y un sistema eficiente de derechos de propiedad. La importancia directa para el pobre de todo esto será discutido luego, pero sí es necesario mencionar aquí un factor importante en la aparición de dichos mercados: la provisión y mantenimiento de la infraestructura.

Los estudios sobre la pobreza han mostrado a lo largo del mundo que el acceso a infraestructura como caminos y electricidad disminuye la pobreza en las regiones estudiadas. La infraestructura en transporte conecta a los mercados y les da a los pueblos rurales acceso a nuevos bienes y nuevas oportunidades económicas, como producir productos más lucrativos tales como vegetales para mercados urbanos. La electricidad permite la aparición de pequeños talleres de reparación y producción.

Sin dicha infraestructura, el crecimiento se concentrará en aquellas regiones que están ligadas al comercio internacional, como las costas, mientras que el interior se estanca. Una mirada superficial a China o a la India demuestra esto.

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