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Democracia en Cuba
Selección de ContraPeso.info
15 agosto 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de Carlos Mira. Agradecemos a Economía para Todos el gentil permiso de reproducción.

Los rumores acerca del verdadero estado de salud de Fidel Castro y las variadas hipótesis que se tejen respecto al futuro político de la isla vuelven a poner en el centro del debate numerosos mitos que sólo los necios o ingenuos pueden seguir sosteniendo.

El episodio aún incierto que afectó la salud de Fidel Castro la semana pasada ha dado origen a una serie de comentarios, actualizaciones de mitos antiguos y especulaciones futuras sobre las posibilidades democráticas en Cuba.

Para empezar, ni el mismísimo pueblo cubano sabe qué ocurre con la salud de Fidel. Como los gerontes de la ex URSS que desaparecían por meses de los lugares públicos dando origen a todo tipo de historias, rumores y conjeturas tragicómicas, la repentina internación (¿?) del tirano del Caribe contribuyó a que nacieran versiones de que estaba muerto, de que había sido operado pero su estado postoperatorio era más grave que el declarado, que en realidad el episodio no era más que un ensayo para advertir como funcionaría la “Revolución” sin Fidel y con Raúl al mando, quizás para detectar opositores al Gran Hermano dentro del propio régimen.

La sola enumeración de estas sandeces hace difícil entender en nombre de qué pueblo y en nombre de qué superioridad moral hay gente que defiende semejante pantomima.

Uno de los mitos que más ha perdurado y que ha sido mas funcional al dictador de La Habana ha sido el llamado “bloqueo norteamericano”.

Repetido hasta el cansancio como el repiqueteo de un loro hueco, los defensores del sistema y hasta los idiotas útiles que lo propagan por ignorancia y por falta de voluntad para averiguar la verdad han hecho del bendito “bloqueo” el argumento casi único para justificar el sojuzgamiento de un pueblo sometido al miedo y a la creencia de que un enemigo poderoso busca apoderarse de ellos.

En realidad el bloqueo no existe. Es un mito conveniente a Fidel que se usufructúa como el jugo de la última naranja. Comencemos por decir que la mismísima palabra “bloqueo” transmite la idea gráfica y psicológica de que la mitad de la Séptima Flota de los EE.UU. y un cuarto del Quinto Cuerpo de Infantería del Ejército rodea a la pobre y solitaria isla. Nada de eso es cierto.

Las costas de Cuba están limpias incluso para aquellos que se lanzan al riesgo de buscar la libertad subidos a viejas cámaras de camiones. Cuba comercia con quien le venga en gana.

España y Canadá tienen inversiones hoteleras importantes. La misma Argentina, bajo el “revolucionismo” de los ’70, tuvo la brillantísima idea de otorgarle un crédito a Castro para la compra de automóviles y electrodomésticos. Fueron U$S 1.500 millones en 1974. Nunca vimos un peso de eso.

De haber colocado esos recursos en un plazo fijo a Libor más uno (una tasa moderadísima para los mercados internacionales) hoy tendríamos U$S 11.500 millones, U$S 2.100 millones más de los que sacamos de las reservas para pagarle al Fondo Monetario Internacional (FMI).

En realidad, el mentado “bloqueo” es una prohibición interna: es decir, técnicamente un “embargo” a los ciudadanos y empresas norteamericanas para comerciar con Cuba hasta que Castro pague el valor de los activos norteamericanos que robó cuando tomó el poder por la fuerza en 1959.

Además, de ese embargo están expresamente exceptuados los alimentos, los medicamentos y las remesas de familiares exiliados en EE.UU., la segunda fuente de divisas de la isla detrás del turismo. El volumen del mercado de alimentos norteamericanos hacia Cuba en 2005 superó los U$S 500 millones.

De modo que aquellos que la van de independientes podrían informarse mejor antes de hacer circular mentiras como quien circula moneda falsa.

En segundo lugar, la imagen de que Cuba esta acechada por el “Imperio” es otra estupidez que sólo puede caber en aquellos que tienen lavado el cerebro.

Cuba no le importa a nadie. Lamentablemente, esto es lo que ha logrado Fidel luego de someter a su pueblo a casi 50 años de aislacionismo. Nadie moverá un pelo por ellos. Caída la URSS, Cuba ya no es un portaaviones enemigo a 90 millas de Miami. El mundo libre tiene problemas mucho más importantes que un conjunto de edificios decrépitos y unas playas soñadas para tomar sol.

Si el pueblo cubano ha decidido vivir en la miseria en honor a un odio inexplicable, allá ellos. Nadie arriesgará nada por salvarlos. Pueden disfrazarse de guerreros, pero se entrenarán para luchar contra la nada, como un tonto Quijote moderno vociferando en donde ni siquiera hay molinos de viento. Cuba no tiene ningún enemigo, excepto su propio régimen.

Por fin, las especulaciones sobre la posible democracia en Cuba post Fidel están atadas a la voluntad de un pueblo quebrado. Las imágenes de montones de cubanos sentados sin hacer nada, vagando por las calles matando un tiempo eterno que los caldea en una infinita vagancia, no hacen tener esperanzas fuertes a los que saben que la democracia supone un sistema que le entrega a los ciudadanos la oportunidad de llegar tan alto como quieran, pero que no les asegura de antemano el paraíso.

Acostumbrados a creer que el maná se materializa en una libreta de racionamiento que representa un valor de U$S 12 dólares mensuales, será difícil convencerlos de que ser libres implica el compromiso con un esfuerzo diario de creatividad, trabajo y tesón personal.

La caterba de acomodados que viven del régimen a costa de la miseria del pueblo, que se manejan en Mercedes Benz mientras la sociedad descuartiza antiguos Chevrolets de los ’50 para conseguir hacerlos andar, tampoco aflojará fácilmente sus poltronas y sus privilegios. Esta combinación de privilegiados que lucharán por mantener lo que tienen y de un pueblo amoldado a la vagancia hacen ver el futuro democrático en Cuba con profundísimas dudas.

Nadie sabe qué ocurrirá a ciencia cierta en Cuba. Pero, al menos, en estas latitudes, podríamos abrir los ojos, arrinconar el rencor, el odio y la envidia y dejar de mentir. Quizás ésa sea la mejor contribución que podríamos hacer los argentinos si de verdad estamos tan interesados como decimos en el futuro de un pueblo que decidió hacer honor a la geografía que lo contiene y vivir aislado de la civilización.


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