Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Discusiones Imposibles
Eduardo García Gaspar
29 enero 2007
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No recuerdo dónde leí que las ideas más peligrosas que existen son ésas de las que no nos damos cuenta que tenemos y usamos. Esto va de la mano con otra idea, la de Keynes, que dice que los gobernantes sin darse cuenta siempre son producto de la influencia de un economista.

A lo que puede agregarse que los economistas, también sin darse cuenta, son afectados por las ideas de autores que no han leído.

El caso más extremo que conocí fue en los finales de los años 60 en la capital mexicana, el de un comunista mas o menos de mi edad, y que un día reconoció no haber leído ninguna de las obras de Marx.

El punto es obvio: no se necesita haber leído a Platón, ni a Aristóteles, ni a ningún otro pensador para ser influido por sus ideas. Allí tiene usted a Locke, un tipo sin el que se ha dicho no habría sido posible la existencia de los EEUU. Más o menos el equivalente de Marx para la desaparecida URSS.

No hace mucho que un amable lector me escribió argumentado en contra de lo que yo había escrito. Le contesté que la evidencia que probaba mi opinión podía ser encontrada en un libro publicado por el Fondo de Cultura Económica. Su respuesta me dejó frío: ese libro no era confiable porque había sido publicado durante el tiempo en el que Miguel de la Madrid era el director del fondo. ¡Uf!

Esta persona, como muchas otras, piensan usando una idea en extremo dañina, la de la lucha de clases y que nos manda a no creer nada de lo que dice una persona que pertenece a uno de los grupos en lucha.

Pongo un ejemplo: usted dice que elevar los salarios mínimos no sirve para elevar los ingresos y que crea desempleo. Otra persona le podrá decir que lo que usted dice es falso porque usted es un burgués capitalista. Nada de lo que usted diga, por razonable y justificado que sea, será creído porque usted ha sido clasificado como burgués.

Discutir así es imposible porque de esa manera los razonamientos son puestos de lado y todo se explica en función de los intereses personales. Otro ejemplo real: una persona desechó la posibilidad de discutir la idea de Milton Friedman sobre los vales escolares porque Friedman era de los “Chicago boys”.

Esa propuesta tiene bases, argumentos, aspectos dignos de discutir, quizá hasta sea buena, pero nada de eso valió. Friedman es un “Chicago boy” y eso bastó para desechar todo lo que propuso.

Esa mentalidad tiene una base, la de creer quizá sin conciencia que la realidad es explicada por medio de grupos en pugna que buscan el poder a toda costa. El lenguaje de estas personas usa con frecuencia expresiones como “hegemonía”, “poderes fácticos”, “lucha”, “grupos”. Un ejemplo extremo de esto fue un columnista que ofreció como prueba de lo malo de la idea del impuesto parejo la siguiente causa.

Dijo que el impuesto parejo es malo porque

“constituye la tesis ultrarradical del grupo Forbes (para quien nada casualmente colabora el maniaco globalizador Zedillo), aliado a los halcones inmutables del Pentágono, encabezados por Caspar Weinberger, anterior secretario de Defensa en la etapa Reagan, y proponente de la invasión a México hace 10 años en su libro indeleble La Próxima Guerra, con prólogo nada accidental de Margaret Thatcher”.

No hay razonamientos, ni análisis. Todo se limita a citar nombres, supuestamente asociados en una conspiración. No digo que no existan grupos y sectores con intereses comunes. Existen. Pero no son todo, ni explican todo.

Hay muchas cosas más, como la ciencia, el arte, la escritura, las investigaciones, la razón. No puede desecharse de un plumazo el análisis de alguien porque una vez comió con Zedillo el que está asociado con Forbes quien quiso ser presidente por parte de los republicanos que es el mismo partido de Reagan que fue muy cercano a Thatcher y que ayudaron a la caída de la URSS.

En fin, todo mi punto fue llamar la atención sobre la influencia mala, la de una idea de la que muchos no se han dado cuenta que usan y que consiste en  descalificar lo dicho por otros usando justificaciones inaceptables, basadas en el quiénes son y no en cómo lo razonan. Esto se conoce como la falacia “ad hominem” y consiste en atacar a la persona y no a los argumentos que ella presenta. Desafortunadamente es muy común, sobre todo en política.

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POST SCRIPTUM

• La referencia al artículo citado puede ser encontrada aquí.

• Hay una explicación de la falacia “ad hominem” aquí y aquí.

• Las falacias son un tema interesante y hay una explicación clara aquí.


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