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Piromaníacos De Mercado
Selección de ContraPeso.info
25 junio 2008
Sección: ECONOMIA, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta una idea José Luis Espert y publicada por Fundación Atlas 1853 en Argentina. El autor señala con claridad las razones de la elevación de los precios de los alimentos e ilustra con el caso del gobierno argentino lo que no debe hacerse para enfrentar esa elevación de precios.

El mundo vive hoy circunstancias particulares. Un conjunto de factores, temporales y permanentes, financieros, estructurales y estocásticos han llevado a que las instituciones internacionales estén seriamente preocupadas por una crisis alimentaria mundial.

El índice de precios (alimentos) del FMI ha crecido 65% de 2005 a la actualidad y, a diferencia de otras épocas en las que el incremento estaba concentrado en algunos productos mientras que otros se mantenían estables (cuando no caían inclusive).

Hoy el aumento es generalizado: trigo 162%, aceite de soja 155%, maíz 130%, arroz 122%, grano de soja 118%, torta de soja 85%. Es más, la suba en el corto plazo de algunos productos ha sido relativamente mayor todavía. Por ejemplo, el arroz pasó de crecer 8,3% entre octubre de 2007 y octubre de 2006 a 215% entre abril de 2008 y el mismo mes del aņo anterior.

La gran preocupación de instituciones internacionales como la ONU, el Banco Mundial (BM) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es que, sea temporario o permanente, este shock iniciado en 2005, y que todavía continúa, ha generado en el mundo 100 millones de nuevos pobres, según estimaciones del BM.

También el presidente del BID puso énfasis en la necesidad de que las entidades combatan de forma urgente y dediquen los fondos necesarios a este fenómeno, al remarcar que, de no actuarse con la celeridad necesaria, se podría perder el terreno ganado en la lucha contra la pobreza de los últimos 5 años.

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¿Qué elementos se encuentran detrás de este abrupto crecimiento de los precios de los commodities alimentarios? Por el lado de la oferta, el clima seco explica parte de la pobre producción de los principales países exportadores de cereales en los últimos aņos. Además, los stocks mundiales de alimentos se encuentran en niveles históricamente bajos respecto del período 1980-2000 por la caída en las reservas mantenidas por instituciones públicas ante el incremento en el costo de almacenaje y una mayor integración global y financiera.

Finalmente, el incremento en el precio del petróleo y sus derivados impactó de forma real en los commodities agrícolas al encarecer significativamente los costos de transporte.

Por el lado de la demanda, la “estrella” del recalentamiento de los precios de los alimentos a nivel mundial son los biocombustibles, al hacer explotar las cotizaciones de los que están relacionados con su producción, como el azúcar, el maíz y las oleaginosas. Además, los elevados precios de los combustibles fósiles han hecho que los biocombustibles sean una alternativa financieramente viable y es así como hoy existe una relación positiva y significativa entre los precios del crudo y los productos agrícolas que funcionan como inputs en el desarrollo de energías alternativas.

Existe, además, un componente financiero a partir de la integración global, mediante la cual los commodities en general se han convertido en un nuevo producto en la cobertura de las carteras.

Consecuentemente, la depreciación del dólar en el mundo (moneda en la que se expresan los precios) ha generado un factor adicional de presión al alza en los precios.

La recomendación de la ONU, la OCDE, el BID, el Banco Mundial y el FMI a los principales productores mundiales de alimentos ha sido: “No desincentivar su producción”.

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La Argentina, sin embargo, se está comportando como un free rider dañino, sólo pensando en el corto plazo, tratando de que el alimento quede lo más barato posible dentro de las fronteras del país para cumplir con el efímero sueño distributivo de los Kirchner y olvidándose por completo del problema mundial de su escasez a escala planetaria.

Se han puesto prohibiciones de exportar, se han cerrado los registros de exportación, casi todas las exportaciones de alimentos tienen que pasar por el “canal rojo” en la Aduana en vez del verde (lo cual obliga al exportador a demostrar que dentro de una caja de aceite no hay una bomba atómica), hay impuestos para exportar (retenciones), “encajes” (demostrar hoy que no hay chances de desabastecer al mercado interno mañana) para poder vender al exterior y ahora el agro tendrá que informar al gobierno cuánto grano hay ensilado y embolsado en los campos.

Obviamente que la respuesta de ley de gravedad de la economía (algo que en general a los políticos les encanta desconocer) no se hizo esperar: hoy caen la producción de leche, quesos, carnes, el área sembrada de trigo para la próxima campaņa. Y la producción de aquellos alimentos que todavía no caen seguramente lo hará en el futuro o, en el mejor de los casos, experimentará una fuerte desaceleración.

De esta manera, se agrava tanto el problema local de pobreza como el del mundo (la Argentina se encuentra entre los principales cinco exportadores de carne, maíz, girasol y soja, tanto en granos como en aceites y subproductos) y les dará la razón a los países desarrollados sobre por qué tienen que subsidiar su agricultura: evitar que la alimentación de sus habitantes quede en manos de piromaníacos como nosotros, que hacemos todo para que la producción de alimentos caiga en medio de una tremenda escasez mundial.

Y, por si las medidas que se aplican al agro no fueran lo suficientemente dañinas para nuestra producción de alimentos e imagen internacional, falta agregarles los discursos y declaraciones oficiales en la reciente cumbre de la FAO en Roma, en la reunión por la ronda de Doha en París y las recientes ponencias de la Presidente.

La idea del gobierno es que el campo argentino no asume riesgos (el clima y los precios siempre juegan a favor, cree), que es sólo un sector rentista (gana millonadas sin trabajar), no usa capital (todavía se pueden ver a los bueyes tirando del arado de cincel), no genera empleo (que medio país esté parado es sólo una ficción hollywoodense), produce en esencia un yuyo cocainómano (la soja) que gracias a Dios sólo se exporta (no sería bueno poner cocaína en la mesa de los argentinos), genera desabastecimiento del resto de los alimentos (leche, carne), asfixia con humo a la capital del país cuando incendia sus propios campos para complotar contra la Casa Rosada y emular los golpes de Estado del 30, el 55 y el 76, y recibe los deleznables capitales financieros a través de los pools de siembra que hacen subir los precios mundiales de los alimentos (sin ningún aumento de producción).

Además -siguiendo con la tesis oficial-, por culpa de los países desarrollados que subsidian la agricultura, los pobres producen menos alimentos de los necesarios, lo cual agrava su pobreza estructural, cuando en realidad el Estado argentino quiere que se eliminen los subsidios en el mundo para subir las retenciones en estas playas y gastar más todavía.

Y lo que no tiene desperdicio por lo ridículo es la argumentación de que la Argentina no abrirá su comercio industrial al mundo si el mundo no abre sus puertas a nuestras exportaciones de alimentos. La apertura bien hecha siempre es buena (más para países chicos), y usar al agro como excusa para no bajar aranceles a la importación industrial con lo que el gobierno hace hoy con el agro no tiene nombre.


ContraPeso.info es un proveedor de información e ideas que buscan explicar la razón de ser de sucesos económicos, políticos y sociales.





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