Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Analizar, Insultar
Eduardo García Gaspar
23 enero 2009
Sección: EDUCACION, FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
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En un par de intercambios de opiniones con lectores de esta columna salió a la superficie lo que creo es tal vez la mayor de las dificultades que se padecen cuando se defienden opiniones opuestas. Digamos que usted apoya la opinión A y yo la opinión B.

Como personas educadas, cada uno de nosotros emite su opinión y la trata de fundamentar con razones que deben ser pertinentes al caso, suficientes para la demostración y aceptadas por ambas partes. Cada uno hace eso, y comienza el examen de las razones. Quizá, al fin de la discusión alguno cambia de opinión, o los dos, o ninguno.

Pero, suele suceder con frecuencia, que en las discusiones acontecen otras cosas.

Digamos que yo sostengo la opinión C y usted me dice que yo estoy equivocado, que es mejor opinión la D. En el siguiente paso yo debería razonar con argumentos pertinentes al caso, pero no lo hago y tomo una táctica que distrae la atención del problema, la de decir que la opinión de usted no vale porque usted es pelirrojo.

Y, alego, los pelirrojos tienen opiniones distorsionadas porque son muy diferentes al resto y se sienten superiores a todos, o inferiores, o que el pelo rojo es producido por una sustancia que altera las neuronas.

El ejemplo es extremo para mayor claridad. Se entiende rápido que nada tiene que ver el color del pelo con la falsedad o veracidad de sus opiniones. Pero esto mismo, de manera no tan fácil de percibir, sucede mucho distrayendo la atención del problema. Los siguientes son algunos ejemplos reales.

Un persona hablaba de una columna de Carlos Fuentes, el escritor mexicano, y descartó las opiniones de Fuentes alegando que se trataba sólo de un socialista intelectual que vive en una torre de marfil. Puede ser que Fuentes sea eso, no lo sé. Pero lo que sí sé es que debo poner atención en lo que dijo Fuentes y no en su persona. Es perfectamente posible que haya dicho algo válido, aunque sea o no cierto el resto.

Otra persona hablaba conmigo y me decía que la opinión que yo sostenía en ese momento estaba condicionada y limitada por mi religión, lo que la hacía poco merecedora de atención. Hablábamos de economía. Y si bien no hay duda de que las creencias religiosas influyen en las personas, debe admitirse que al descalificar una opinión porque quien la sostiene es católico, el otro puede alegar lo mismo, diciendo que el no ser católico altera las opiniones.

Y, la discusión se convierte en una fricción indeseable que olvida el tema central, que son las opiniones de las personas, y no su religión ni su color de pelo. Esta táctica que distrae la atención es muy usada en política. Es fácil encontrar casos en los que un gobernante propone la medida A y sus oponentes la descalifican echando adjetivos contra ese gobernante. Le dirán vendepatrias, nazi, enemigo del pueblo.

La discusión ha fracasado y convertido en un concierto de ataques personales. Se ha desviado la atención por medio de una falacia, conocida como ad hominem. Es la misma falta mental que cometen quienes argumentaron que Obama sería un mal gobernante por ser negro, o que Kissinger no podía ser asesor de seguridad ni secretario de estado porque era extranjero… y, en verdad también, cuando se requiere que un presidente sea nacido en el país.

Usted ha escuchado esta clase de discusiones, que es frecuente porque resulta mucho más sencillo atacar a la persona que analizar lo que dice.

Una vez una mujer en una empresa presentó una propuesta que fue descalificada por varios colegas suyos alegando que se sólo eran cosas de mujeres. Es un error serio, pudo ser una buena idea, o una mala, pero el sexo de la persona nada tenía que ver.

Sin embargo, hay ocasiones en los que los rasgos de la persona son importantes y pueden usarse como una de las varias razones para atacar o defender una de sus opiniones. Como ha sucedido, se tienen casos de cantantes que emiten opiniones sobre políticas económicas, en cuyo caso sí resulta pertinente examinar el nivel de conocimiento de la persona sobre el área de la que habla.

Aunque pueda todo esto tener un sabor académico un tanto aburrido, creo que bien vale una segunda opinión para exponer una manera equivocada de examen de opiniones. Lo que más importa es la serie de razones para sostener un punto de vista y no los rasgos de la persona. Un ateo puede emitir opiniones sobre política, pero descalificarlas porque es ateo sería erróneo. Igual que las opiniones de un judío o de un católico.

Muchas de las discusiones en México sobre la reforma del monopolio estatal petrolero tomaron esa forma. No se dirigieron a examinar el contenido de las propuestas, sino a atacar a las personas que las hicieron, un truco muy usado por los gobernantes y que los ciudadanos no alcanzamos a comprender aún muy bien.

Post Scriptum

Una modalidad de esta manera errónea de razonar es la que se usa constantemente en algunos círculos que defienden, por ejemplo, que más mujeres sean incluidas en puestos públicos por el hecho de ser mujeres. Sería lo mismo argumentar que debe haber más pelirrojos en la cámara de diputados porque no hay suficientes. Ser pelirrojo o ser hombre o mujer, resulta irrelevante en una posición que no requiere esas cualidades para su buen desempeño.

En la pasada discusión de la reforma energética o petrolera en México se registró muy claramente el uso de la falacia, cuando los oponentes a las asociaciones con empresas privadas usaron ataques personales y adjetivos, pero no razones. Con ese material de insultos y respuestas se llenaron las noticias produciendo un gran desperdicio de atención del ciudadano.

Hay una variación inversa a esta falacia, que usa no el ataque personal, sino la alabanza. Por ejemplo, se acostumbra mucho defender una cierta opinión diciendo que es la de un Premio Nobel de Economía. Esto, en realidad, no es una prueba sólida de nada. Podrían ser mostrados otros premiados con opiniones diferentes, anulando el argumento personal anterior.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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