Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Entusiasmo De Corta Duración II
Selección de ContraPeso.info
4 agosto 2010
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta una idea de Alberto Mansueti, que puede ser encontrada en su versión completa aquí. Agradecemos al autor el amable permiso de publicación de los fragmentos que siguen.

La idea central del escrito es examinar las razones por las que el liberalismo clásico no ha sido exitoso en su aceptación. Mansueti, en esta parte, hace un examen de factores que han hecho que el liberalismo no sea popular.

La siguiente es esa lista de factores adicionales que han impedido la difusión y aceptación del liberalismo. Y, más que eso, son verdaderos puntos de reflexión para el liberal convencido. En una entrega anterior se trataron los factores 1 a 7. Mansueti trata aquí quizá los puntos más calientes.

8. Keynes está muerto, y Mises y Hayek.

“En el largo plazo todos estaremos muertos”, reza la desafortunada frase de Keynes, pergeñada para justificar su inmediatismo, y su criminal desinterés por los destructivos efectos a largo plazo de las medidas que recomendó y alentó.

Hoy Keynes está muerto, mas no sus ideas y políticas; pero si no están muertas, es porque nosotros no hemos sido muy efectivos en impulsar alternativas.

Sin embargo hay actualmente formidables economistas de la Escuela austriaca, buenos discípulos de Mises, Hayek y Rothbard, que combaten el keynesianismo. Investigan, enseñan, publican y difunden sobre principios libertarios aplicados a la realidad presente y candente, incluso a través de Internet y Facebook. (No son “ancaps”.)

Entre ellos Jeffrey Tucker, Shawn Ritenour, Gary North y Stephen Perks. Durante la actual crisis financiera, sus sabios consejos han salvado multi-billonarias sumas de dinero, no sólo de los super-ricos sino también de los trabajadores retirados y de sus “viudas y huérfanos” (tan mencionados en la Biblia), los cuales dependen de sus Fondos de Pensión.

Pero nuestra enseñanza a veces se circunscribe a Mises y Hayek, transmitiendo la errónea impresión de que el libertarianismo es un “dogma”, lo cual provoca inmediato rechazo. Y peor: un dogma muerto.

¿Por qué olvidamos a Tucker, Ritenour, North y Perks? ¿No tendrá algo que ver el hecho de que como cristianos consistentes —católico, bautista, presbiteriano y anglicano, respectivamente— en mayor o menor medida han hecho la “reconexión” de su Economía con las tradicionales enseñanzas de su religión, y con la Biblia, y lo profesan, explican y enseñan abiertamente?

Aquí viene el punto delicado, para muchos casi un “tabú”.

9. Asunto espinoso: la religión.

En la década de 1850, Marx era un judío alemán exiliado y desconocido en Londres, pero el Editor del Christian Socialist era el entonces renombrado Rev. Charles Kingsley, Dean de Canterbury.

La mayor parte de los líderes intelectuales y políticos del socialismo eran cristianos, clérigos muchos de ellos. Y en el sigo XXI, como fue en el XIX, el socialismo se apoya en la religión, y depende críticamente del cristianismo, aunque mal entendido.

“El cristianismo es una religión, cuya aplicación práctica es el socialismo”, nos repite Chávez, y en muchas iglesias se oye “Amén!”

Es trágico, doloroso para los cristianos, un hecho que nos llama a gritos a nuestra responsabilidad. Los libertarios ateos y agnósticos lo señalan con frecuencia, y con mucha razón, porque es una realidad tremenda; pero emprenden un camino equivocado: arremeten apasionadamente contra la religión, y en especial contra el cristianismo, con lo cual, ¡dan la razón a Chávez!

Y andan por una senda de antemano destinada al fracaso: no van a desaparecer al cristianismo. Antes que los intelectuales libertarios de hoy en día, otros han intentado lo mismo en sus escritos —desde Celso hasta los posmodernos, pasando por Voltaire y Marx— y asimismo en desde el poder y con la fuerza bruta —de Nerón a Stalin, pasando por Danton y Robespierre— y no lo han logrado.

Todos los liberales —creyentes y no creyentes, sin renunciar cada quien sus creencias o no creencias, y con mutuo respeto— deberíamos revisar con más calma y detenimiento las alegaciones de las neo-izquierdas acerca de las palabras del joven rabino de Nazareth.

Y de cómo deben ser y han sido interpretadas en más de dos milenios de civilización cristiana occidental: a favor o en contra de la razón, de la separación de lo público y lo privado, de la libertad, del progreso y del capitalismo. Es lo que hacemos los liberales cristianos.

Al cristianismo no le van a hacer ni mella las alegaciones en contra de los libertarios ateos o agnósticos; pero al liberalismo le hacen mucho daño, porque entorpecen nuestro trabajo, cuyo propósito es muy simple: que los cristianos todos redescubran que la verdadera e histórica enseñanza política bíblica y cristiana no es el estatismo ni el socialismo, sino su opuesta, la doctrina del Gobierno Limitado.

Y así lograr que las Iglesias, ministerios y líderes cristianos que hoy apoyan a los Castro, a los Chávez, a los Ortega y a los Kirchner, a lo menos dejen de hacerlo, y a lo más, se sumen al liberalismo.

Anotemos que el ateísmo militante de muchos libertarios no se basa tanto en el objetivismo, la filosofía de Ayn Rand —reformulación del viejo y buen realismo aristotélico— como en la teoría de la evolución (macro-evolucionismo), la cual muchas veces, con fervor religioso, se quiere hacer pasar por la última y definitiva palabra de “la Ciencia”.

Lo cual está lejos de ser cierto: muchos científicos incluso no creyentes, en distintas ramas disciplinarias de la ciencia, tienen dudas, reservas y objeciones respecto al evolucionismo, cuyas alegaciones distan de ser concluyentes.

Pero la agenda liberal queda un tanto relegada, y desplazada por el celo evangelizador del darwinismo panteísta y beligerante; lo que ocurre mucho menos con el ateísmo de la Rand, que fácilmente puede desgajarse del cuerpo general del objetivismo, lo cual hacen en EEUU muchos cristianos autodeclarados objetivistas.

El objetivismo es sanamente anti-relativista, en cambio el evolucionismo tiende a conducir a sus simpatizantes a un total relativismo, otro factor que empantana todas las discusiones, e impide llegar a conclusiones políticamente operativas.

Otra semejanza con el siglo XIX, es que por entonces nuestra América latina conoció mucho del liberalismo tipo francés, masónico y anticlerical, que redujo la agenda liberal a unos pocos puntos de confrontación con la Iglesia católica; principalmente: el matrimonio y el registro civil (incluidos los cementerios), la educación laica, y la expropiación de bienes eclesiásticos, en el contexto del proceso de secularización de la sociedad.

Menos supieron por aquel entonces nuestras naciones del liberalismo tipo británico, más interesado en materias como la libertad de trabajo y el libre comercio, y la democracia parlamentaria.

Pues bien, una situación muy parecida tenemos hoy, con muchos “jóvenes turcos” libertarios agnósticos o ateos (no todos), que pretenden reducir toda la agenda liberal a unos pocos puntos de confrontación con los cristianos (católicos o no): el aborto, las uniones homosexuales, y la legalización de las drogas, temas que a la fuerza ellos encajan siempre en el mismo saco, como si fuesen de igual naturaleza y tratamiento. Y como si no hubiera otros temas relevantes.

10. Bondad natural del hombre o la noción del pecado.

Conecta muy de cerca con el anterior, hay otro punto, relativo a la cosmovisión predominante en los círculos liberales; y en especial la visión del hombre.

Con frecuencia lo que se escucha de los liberales son aquellas amargas y repetidas quejas: “el Presidente no sabe Economía”. Ni sus Ministros y asesores. Y tampoco la gente de a pie. Y que los socialistas “no han leído a Mises” (o a Friedman, o a Buchanan).

Entonces los profesores liberales reeditan una y otra vez sus clases magistrales y sus lecciones prácticas, con las respectivas citas, notas y referencias bibliográficas, a ver si alguien por fin se decide a leer y aprender.

Lo siento, pero detrás de estas quejosas y cansadoras letanías —y del “anarcocapitalismo”— se mal disimula la concepción roussoniana acerca de la bondad natural del hombre, y su infaltable y lógico corolario, sobre la educación como panacea universal. Es la filosofía optimista-racionalista de la Ilustración continental, francesa y alemana, diferente de la Ilustración escocesa, influida por el calvinismo protestante.

Por supuesto que los Presidentes no saben Economía, ni quieren saber. Desde luego los socialistas no han leído a Mises, ni van a leerlo. No les interesa. Tampoco a los sindicalistas, a los burócratas, a los empresarios mercantilistas, y a los defensores mediáticos del status quo.

A todos ellos les interesa sólo el poder y sus privilegios, las ventajas anexas y su disfrute. ¿Por qué? Pues porque el humano no es bueno por naturaleza, y por ende la educación no es la panacea.

Es un ser creado por Dios pero herido por el pecado, y en nuestra naturaleza hay una poderosa inclinación al mal; y al error, por eso la verdad y la justicia no se imponen por sí mismas de manera espontánea. Y todos los humanos tenemos asimismo una no menos fuerte tendencia a vivir a expensas del Estado. Y al abuso de poder.

Por esas poderosas razones, bien destacadas en la Biblia y en la educación cristiana clásica, Thomas Jefferson pensaba como Mises: que el Gobierno debe ser fuerte pero limitado. Y que “el precio de la libertad es la vigilancia permanente”. Por eso mismo James Madison escribió que los límites a los poderes gubernamentales deben ser prescritos y cuidadosamente redactados en la Constitución.

Pero deben también ser defendidos en la práctica política cotidiana, por al menos un partido político combativamente pro-Gobierno limitado, operando eficazmente en el marco de un sistema de partidos. Un partido liberal, que se ocupe de catequizar al público en las virtudes del libre mercado, pero que también ejerza esa vigilancia en la plaza pública y el ruedo parlamentario, mediante el uso racional, inteligente y eficaz de los demás recursos políticos.

Es la teoría del “Remanente”, bíblica en su inspiración, que explican Albert Jay Nock y su discípulo el teólogo y economista Gary North. (Es la minoría selecta, dicho en el laico lenguaje de Ortega y Gasset.)

No obstante los maestros liberales latinoamericanos de hoy en día parecen haber adoptado el tonto prejuicio antipartido y antipolítico y hasta antidemocrático de nuestra clase media, la cual aspira a que las garantías constitucionales y legales se cumplan solas, sin fuerza de opinión o partido alguno que las sostenga y empuje en favor de su aplicación. Olvida que las únicas leyes que se cumplen solas son las leyes físicas, químicas, biológicas, etc. Así nos va.

Como cosmovisión, la filosofía de la Ilustración continental no sirve para defender los logros de la Modernidad. Ha sido y es la puerta abierta al socialismo y al estatismo, por lo general a través de la vía del utilitarismo.

Si el hombre es naturalmente bueno, ¿por qué limitar el poder de los planificadores y funcionarios públicos? Si la educación es la panacea y remedio, ¿por qué no dejar que la elite universitaria guíe nuestras vidas desde las oficinas estatales, y nos haga el mayor bien general? Y así tener así “la mayor felicidad para el mayor número”, conforme a la famosa frase de Joseph Priestley, que desarrollaron Jeremy Bentham y John Stuart Mill, que reescribió Simón Bolívar, y que repite Hugo Chávez.

11. Interminables discusiones.

Como consecuencia de los factores señalados hasta aquí, muy agrios debates sobre infinidad de materias, más o menos relacionados, son el pan nuestro de cada día en los grupos libertarios. Las discusiones de distinta naturaleza y entre distintas facciones adversarias, se solapan y entrecruzan unas con otras, en varios frentes:

a) Teológicas, sobre evolución o creación, Dios o no Dios, el Universo, la Biblia, la ciencia y Darwin, la moral cristiana, etc. etc. La espiritualidad New Age no falta en estas discusiones.

b) Filosóficas, en especial epistemológicas y éticas, sobre si existe o no la verdad, si podemos los humanos conocerla y cómo, si hay verdades absolutas o “todo es relativo”, aborto, drogas, eutanasia, homosexualidad, etc. etc. La filosofía del Posmodernismo se deja oír siempre en este tipo de confrontaciones.

c) Económicas, sobre si la Escuela de Viena o la de Chicago (o Virginia), sobre liberalismo y “Neo” liberalismo, reformas de los ’90, etc. etc.

d) Políticas, en dos frentes muy álgidos: las líneas de pensamiento liberales clásicas versus el “anarcocapitalismo” en uno, y en el opuesto, el liberalismo clásico versus todas las multiformes expresiones de talante y conciencia socialdemócrata y “liberales de izquierda” (¿?) etc. etc.

En este segundo frente político aparecen todos los que pretenden actualizar o aggiornar al liberalismo clásico, acomodarlo a la “problemática social” y a “nuestra realidad nacional” (¿?) Entre estos y los “anarcocapitalistas”, los liberales clásicos en la defensa del Gobierno limitado nos encontramos como el jamón del sándwich.

e) Estratégicas, entre hacer política o no, hacer partidos políticos liberales nuevos o participar en los existentes, en las campañas electorales, etc. etc.

Al abrigo de la divisa “El liberalismo es tolerancia, no es un dogma ni una doctrina cerrada; ¡cabemos todos!” cada grupo se hace un Club de Debates, y un campo de Agramante para batallas muy fieras, y quedan heridas. Algunas coloridas y animadas, otras muy aburridas, intelectualmente desafiantes muchas, pero siempre estériles políticamente.

Lo normal es que las facciones se muestren poca tolerancia. Cuando hay respeto recíproco, algunos disfrutamos intervenir, mas no todos. Y sin apremio ni responsabilidad por la acción política, ni la consiguiente presión hacia los acuerdos y consensos sobre puntos específicos de cara al público “consumidor”, las disputas se hacen enconadas y sin fin. Demasiada gente se cansa, y toma distancia y se aleja, más tarde o más temprano.

Parece que olvidamos que el liberalismo no es una ciencia, tampoco una filosofía, y menos una religión. (Empero, sí parece ser la religión de muchos libertarios que dicen no profesar religión alguna.) Aunque conecta muy de cerca con ciencias, con Filosofía y con religión, el liberalismo clásico es una política: una doctrina política destinada a guiar la acción política; y si no se realiza en el reino de la política, se muere.

12. Un obstáculo muy duro: las exigencias de la vida.

Toda persona que ha aprendido el ideario liberal, pronto compara, y llega a unas tristes conclusiones: vivimos en el contexto y bajo un sistema férreamente estatista, tipo social-mercantilista. Cada vez más.

Y aunque tenemos democracia, no existe nada ni parecido a un partido liberal que desde el Congreso impulse la derogación de las leyes estatistas, y abra paso a las reformas liberales. Por consiguiente no existe perspectiva ni esperanza alguna de cambio a futuro, ni a corto ni a largo plazo.

Y cada quien ha de ganarse la vida, como empleado, profesional, comerciante, industrial, empresario rural, obrero, artista o lo que sea, en medio de leyes, decretos y normas estatistas, que generan prácticas, costumbres, pautas de conductas y hábitos de comportamiento estatistas. Y “valores” colectivistas y estatistas, que la “educación” y los medios (y cierta religión cristiana mal entendida) refuerzan todos los días, y que la gente adopta.

Quien pasa por un grupo libertario o por las aulas de la UFM, se pregunta “¿a qué abrazar los principios, reglas y valores del libre mercado? ¿para ser un perdedor? ¿Y por qué debo sacrificarme yo? (¡Ayn Rand dice que es inmoral sacrificarse!)”

Se da así un choque, una contradicción entre los conocimientos aprendidos y la realidad circundante, del tipo que el sociólogo Leo Festinger llama “disonancia cognitiva”. Lo que vemos es su resultado. Factor muy de peso es esta disonancia cognitiva entre lo que se aprende de liberalismo y las demandas de la vida económica en sociedad.

13. Otra seria disonancia

Con todo hay una segunda disonancia cognitiva, de igual o mayor peso, que afecta particularmente a toda la gran cantidad de gente creyente, que todos los domingos acude a las iglesias y templos cristianos en las urbanizaciones de clase media, en los barrios y sectores populares, en las aldeas rurales: la tremenda contradicción entre lo que se aprende de liberalismo, y lo que se oye desde los púlpitos.

Cada vez que aluden al tema, y no es con poca frecuencia, los sacerdotes y pastores predican el más crudo y rudo socialismo. Salvo casos excepcionales; pero las excepciones, también en este caso, confirman la regla.

Por eso es que una gran mayoría de cristianos de todas las iglesias, credos y denominaciones (católicos y no católicos) apoyan fórmulas comunistas, sean radicales, o socialistas light, pero siempre de izquierdas. Y el liberalismo clásico va a seguir estancado hasta que esta disonancia no se resuelva. En esto tienen punto de razón los liberales ateos y agnósticos; pero la salida no pasa por embestir contra el cristianismo o la religión.

Post Scriptum

Debe insistirse, en esta entrega ContraPeso.info presentó un fragmento de una columna de Alberto Mansueti, titulada Amor de un Verano. En este fragmento se reprodujeron las restantes razones que el autor piensa que han impedido el desarrollo de la mentalidad liberal y su aceptación difundida.

En una entrega anterior se publicaron las primeras siete razones.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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