Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Sindicato Anti-huelga
Santos Mercado Reyes
2 febrero 2010
Sección: ESCUELAS, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Me sorprendió la nota que escuché en la radio hace unos días de este enero de 2010. Casi textual decía: “El Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana (SPAUAM) reprueba el emplazamiento a huelga del Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y en caso de estallar, pedirán la declaración de inexistencia ante las autoridades correspondientes”.

El SITUAM (dos años) y SPAUAM (35 años) son dos sindicatos dentro de la UAM.

Sonaba inaudito, así que me comuniqué con uno de los líderes del SPAUAM para confirmar la noticia y, efectivamente, dijo que su asamblea determinó oponerse a que el SITUAM (un sindicato  tradicionalmente izquierdista) cerrara las puertas de la Universidad.

“Si los del SITUAM quieren hacer huelga, que dejen de trabajar, pero no tienen por qué impedir a los académicos cumplir con sus funciones y tampoco deben violar el derecho de los alumnos de recibir educación”.  Indudablemente, me dije, aquí hay un cambio de visión.

En efecto, desde la huelga de Río Blanco (1907) hasta la del Colegio de Bachilleres (2009) han dado muestras sobradas de instrumento inútil, estéril y contraproducente. Muertes, despidos, quiebre de empresas son las constantes. En la UAM, más de veinte huelgas, todas fracasadas.

Tradicionalmente la izquierda ha usado la huelga para manipular a los trabajadores llenándolos de ilusiones. Los convence de que sirvan como carne de cañón y al final, los beneficiados son los líderes sindicales que pactan acuerdos a espaldas de los trabajadores. Algunos de ellos se han convertido en grandes millonarios, otros usan los movimientos sindicales para impulsar sus carreras políticas; al rato los vemos de diputados, senadores o  gobernadores.

Los pocos líderes honestos y de buenas intenciones, terminan muertos. Pero, generalmente, los trabajadores siguen igual o peor pues además de pagar los impuestos al gobierno tienen que pagar impuestos a sus líderes sindicales.

En otros países los trabajadores ya no creen en los sindicatos y mucho menos en la huelgas. En los Estados Unidos de América son pocos los trabajadores que se sindicalizan y en Singapur de plano están prohibidos los sindicatos y de esta manera los trabajadores no tienen que mantener a zánganos y líderes explotadores.

En el fondo, los sindicatos, generalmente, han jugado el papel de fuerzas fascistas que actúan coactivamente contra los trabajadores y contra los empresarios.  Contra los trabajadores porque obligan a todos a obedecer las decisiones de asamblea y más bien del líder; contra los empresarios porque violan los derechos de propiedad privada al cerrar las puertas de la empresa, perdiendo  el tren de producción e incumpliendo  los compromisos con los clientes.

Innumerables empresas han desaparecido por las acciones de sus sindicatos. Y cuando miles de trabajadores se quedan sin chamba, los sindicatos y sus líderes no asumen su responsabilidad y acusan de todo al patrón “explotador”.

Pero si la huelga es un arma inútil en las empresas privadas, en las universidades públicas son una completa aberración.

Las universidades públicas no tienen propietario privado, son del gobierno, del pueblo, digamos. Funcionan gracias a los recursos que el Estado extrae de los contribuyentes, del pueblo.  Luego, el patrón real es ese pueblo que paga impuestos.

Cuando los trabajadores de una universidad pública piden más salarios, a quien le están exigiendo es al pueblo. Las huelgas son un instrumento coactivo contra el pueblo, aunque los sindicalistas miopes creen que es contra el rector de la universidad o contra el gobierno.

Cuando un sindicato de universidad pública  pide aumento de sueldo en realidad está exigiendo que el gobierno incremente los impuestos. En tal caso y para ser congruente, debería decir: “gobierno, sube el Impuesto al valor agregado al 20%, el Impuesto Sobre la Renta al 40% para que me des más sueldo”.

Los gobiernos simpatizan con estas demandas pues de ellas obtienen beneficios. Pero estoy seguro que los contribuyentes no darían voluntariamente ni un centavo más para mejorar a los sindicalizados.

Y cuando los sindicatos de las universidades públicas estallan la huelga, en realidad están atacando a la propiedad del pueblo y están poniéndose en guerra contra ese pueblo que los mantiene a cambio de nada. En realidad, esas huelgas son para expoliar a los más pobres del país, a los que no tienen voz ni la posibilidad de defenderse pues son contribuyentes cautivos.

Por eso, si el SPAUAM renuncia a usar la huelga como un instrumento para mejorar las condiciones de los trabajadores y académicos, creo que puede representar un gran cambio. ¿No cree usted?

Bueno, ahora habría qué ver qué es lo que proponen, pero ya empieza a gozar de las simpatía de profesores, alumnos e incluso de miembros del viejo SITUAM.


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