Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Sociedad Ideal
Eduardo García Gaspar
26 agosto 2014
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue como un clisé hecho realidad. Una colección viva de frase hechas. androjo

La experiencia, en la superficie fastidiosa, en su fondo fue ilustrativa.

La reproduzco hasta donde recuerdo.

La persona me acusó de querer hacer que “el pueblo permanezca ignorante”.

Todo porque me opongo al sistema de educación pública (y resulta curioso que sean las escuelas públicas las que hacen una gran tarea contribuyendo notablemente a lla ignorancia).

Me acusó de insensible, ante la injusticia social y los pobres en el mundo “que cada día son más [sic]¨. Todo por oponerme a políticas redistributivas de gobierno (y resulta llamativo que los niveles de pobreza no hayan sido reducidos con esas políticas).

Las acusaciones siguieron, lanzadas a otros también. Nos dijo que éramos los “enemigos de la igualdad”, que protegían “con oscuros intereses al 1%. Todo por defender a la libertad de la gente, la que por supuesto produce diferencias”.

Nos dijo “destructores de derechos humanos”. Todo por apuntar que los derechos humanos se habían convertido en una lista de reclamos al gobierno solo posibles en un sistema político de bienestar (una realidad bien documentada).

Total, recibimos un rapapolvo un tanto repetitivo, al que muchos hemos estado acostumbrados desde hace tiempo. Le digo, nada nuevo, nada divertido, excepto cuando la persona introdujo una variable muy llamativa.

Habló de “construir una nueva sociedad con un hombre y una mujer nuevos”.

Por supuesto, esa nueva sociedad y esos nuevos seres humanos son una creación de la imaginación de esta persona.

En resumen, la persona era partidaria de una sociedad artificial, diseñada por alguien y posible de volver realidad por medio de la fuerza estatal: educación pública para promover el nuevo modelo, políticas redistributivas para financiarlo, derechos humanos para justificarlo moralmente.

La nueva sociedad, que no era más que otra utopía, necesitaría “moldear nuevos paradigmas en las mentes de las personas”, para hacerles entender que sus intereses personales deben ser ignorados frente a los intereses sociales y colectivos, que tienen prioridad.

La implantación del sueño narrado por la persona, me recordó algo escrito por F. Bastiat (1801-1850):

¡Oh, sublimes escritores. Por favor, recuerden algunas veces que este barro, esta arena, y este abono de los que ustedes disponen arbitrariamente, son hombres!

Vayamos ahora a la realidad de lo que tal persona dijo. Eso que se encuentra debajo de lo que propone.

Primero, ella o unos como ella, necesitan tener todo el control para imponer a la nueva sociedad y moldear a las personas. Ellas decidirán todo y cambiarán las estructuras de la sociedad para hacerla mejor.

En otras palabras piden establecer un sistema totalitario, con mando centralizado. Y piden que todas las obedezcan sin chistar por su propio bien. Una petición realmente llamativa.

Segundo, la garantía de que viviremos mejor bajo su mando. Si esa garantía fuera total, quizá valdría la pena intentarlo, pero todo indica que solo aplicarán lo que ellas piensan que es mejor. No necesariamente coincide con lo que piensan los demás.

Tercero, el supuesto de que cambiando las reglas de la sociedad, sus estructuras, podrá cambiarse a la naturaleza humana. Suponen que bajo la nueva sociedad desaparecerán todos los vicios y malas costumbres, y que todos serán tan virtuosos como aseguran serlo los que mandan.

Esas tres cosas me parecen suficientes motivos como para acercarle a un psiquiatra a esa persona para que la trate de haber perdido el sentido de la realidad. Ha creado ella un mundo en el que todo lo que se propone es posible (síntoma común en gobernantes).

No es infrecuente encontrar casos de este tipo, los que pueden detectarse al poseer esas tres condiciones en sus propuestas.

Los gobernantes, por ejemplo, sufren dosis variadas de ellas: creen tener la respuesta a todo problema social y para solucionarlos basta con obedecerlos sin preguntar para construir lo que ellos piensan es la mejor sociedad posible.

Son patologías delirantes, producidas por el poder y el alejamiento de la realidad. Propias de los gobernantes especialmente.

Pero, ¿podemos tener una sociedad perfecta? Por supuesto, no. Es imposible. Dentro de esa imperfección, sin embargo, es posible hacer algo que se sale de los moldes acostumbrados.

Si cada uno de nosotros tiene una idea de lo que sería una mejor vida personal, es posible pensar en otra cosa: tener una sociedad en la que cada quien tenga las mayores facilidades posibles para vivir esa mejor vida (sin alterar esas mismas posibilidades en otros).

Post Scriptum

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