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Derechos Animales, no Existen
Selección de ContraPeso.info
12 mayo 2016
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos
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Los derechos animales es la idea de Nicolás de Cárdenas en esta columna. Agradecemos a Arcol.org el amable permiso de publicación. El título original de la columna es Hablemos claro: los animales no tienen derechos.

Hace ya demasiados meses que se están multiplicando las peticiones de planes y protocolos de protección de los animales.

Algunos, no han renunciado siquiera a aquella aventura irracional del proyecto Gran Simio, que pretende poner en el mismo nivel de dignidad al ser humano y a los orangutanes y bonobos, entre otros simios.

El crecimiento de esta corriente de opinión es tal que el primer partido en número de votos que no obtuvo representación parlamentaria el pasado 20 de diciembre es el Partido Animalista Contra el Maltrato Animal. Cosechó el apoyo de cerca de 220.000 ciudadanos.

A ver si lo decimos claro: Los animales no tienen derechos.

Los derechos sólo son atribuibles a seres racionales, esto es, a los seres humanos. Esto no quita para que los humanos tengamos obligaciones respecto a los animales. Y muchas.

Estas obligaciones, precisamente, se derivan de nuestra superioridad respecto a ellos. El ser humano, con su sensibilidad y su ética, está obligado moralmente a cuidar de ellos, con criterios racionales.

Es bueno reseñar, llegado a este punto, el trabajo ingente de tantos divulgadores que nos han enseñado a lo largo de los años a amar la naturaleza.

Siempre deberemos reivindicar la labor de titanes del conservacionismo como el añorado Félix Rodríguez de la Fuente o Joaquín Araujo, entre otros.

Cualquiera con dos dedos de frente suscribe esto.

Pero el caso es que, con frontispicio o sin él, cada día es mayor el número de humanos que han adoptado una postura irracional (no humana) respecto a la protección animal.

Tan irracional es esta postura, que es muy frecuente que los defensores de posturas «animalistas» sean profusos adalides del infanticidio prenatal. Abortistas, vamos, para que se entienda.

Ellos, los fervientes defensores de los sucesores del uro, no pierden un segundo para pontificar sobre la moralidad y hasta la obligación de aplicar la pena de muerte para un animal —racional— de su propia especie, un ser humano.

No están ustedes ante un urbanita que odie el mundo rural o sea insensible ante los animales. Pues no fue pequeña la llorera cuando tuvimos que sacrificar a Trapa, la perra que nos acompañó durante tantos años en casa. Perra que, por cierto, recogimos en la carretera un verano, perdida y sin identificar.

Pero un animal es un animal. Y un humano un humano.

Y, aunque obvio, parece que esto no está claro para muchas personas. Recuérdese que lo mismo que reclamaron que no se repatriara a un ser humano moribundo por entregar su vida a los más pobres, misionero para más señas, montaron en cólera por un perro sacrificado por motivos de seguridad sanitaria.

Hay que desenmascarar esta hipocresía que invierte el orden natural de las cosas. Somos los humanos los que tenemos obligaciones respecto a los animales, no éstos quienes son sujetos de derechos. Seamos racionales.

Nota del Editor

El punto de Nicolás de Cárdenas es en exceso claro.

Creo que puedo ubicar al ansia de pensar que los simios tienen derecho en el fenómeno actual que pretende convertir a los derechos humanos en una lista creciente de reclamos y que, en esto, pretenden ser extendidos para incluir a «los seres humanos, los chimpancés, los gorilas y los orangutanes».

El que el ser humano tengan obligaciones morales en su trato con otras criaturas, no significa que esas obligaciones se consideren reclamos de ellas y, mucho menos, sus derechos.

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