¿Qué hacer para que ellos desaparezcan? La respuesta: haciéndoles perder su poder. Ahora el asunto es encontrar esa manera de lograrlo. La mejor estrategia es directa y poco costosa. El combate contra los monopolios.

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Introducción

Buchholz trata el tema del combate a los monopolios. Lo hace de forma sutil y lógica. Dentro de un mercado en el que existe la posibilidad libre de entrar y salir, allí monopolios y oligopolios son situaciones que no deben preocuparnos. 

Sí, leyó bien: no deben preocuparnos (al menos bajo ciertas condiciones).


📕 La idea de esta columna está en el libro de Buchholz, Todd GFrom here to economy: a shortcut to economic literacy. New York, N.Y. Dutton, pp. 80-84.


Combate contra el poder de los monopolios

El autor da inicio a esta sección con una pregunta, ¿cómo pierden poder los monopolios y los oligopolios? ¿Cuál es la mejor estrategia para combatirlos?

Y comienza a contestarla con una definición obvio de monopolio. Cuando solamente una firma es la que vende un producto o servicio. Más la definición de un oligopolio: cuando existen solamente unos muy pocos vendedores. Ambas situaciones suenan riesgosas.

Con lógica y razón

¿Cómo combatir a los monopolios? ¿Qué hacer para que ellos desaparezcan? Obviamente hay que hacerlo, pero antes de emprender acciones alocadas, un llamado a la cordura.

George Stigler, un Premio Nobel en Economía, después de estudiar este tema durante mucho tiempo acabó concluyendo que los economistas que se dediquen a luchar contra los monopolios y oligopolios perderán su tiempo, sería más útil que se dedicaran a exterminar plagas.

Stigler, dice el autor, admite que la situación monopólica u oligopólica es en teoría algo negativo, porque esos vendedores tienden a mantener altos los precios y sus utilidades limitando la oferta de eso que producen.

Pero combatirlos no tiene sentido, al menos sin una forma inteligente de hacerlo

Una curiosa opinión

Así es que se está en una posición extraña. Por un lado se admite que es una situación peligrosa. Sin embargo, se propone que los economistas, especialmente los gobiernos, deben abstenerse de actuar en el combate directo contra monopolios y oligopolios.

La razón de esto es que quien tenga la exclusividad de venta de un bien valioso no va a mantener su dominio en el mercado por largo tiempo. A menos que tenga una disposición legal que proteja esa situación.

Una panadería sola en una cierta zona puede tener un monopolio, hasta que se instale junto un supermercado que también venda pan.

Además, otra razón, es que un monopolio temporal puede ser visto como un premio o una recompensa a la innovación. Esto sucedió con Xerox y sus copiadoras, hasta que llegaron otros competidores. La clave está en esa situación, la posibilidad de competencia.

El tiempo es la variable central

Más aún, la legislación en contra de los monopolios es muy lenta. Los gobiernos se mueven con muy poca rapidez, tan despacio que para que cuando tienen la legislación lista, el monopolio quizá ya no exista.

📌 El punto realmente importante es el de saber si es posible que otras firmas entren al mercado que dominan los monopolios u oligopolios. Esto cambia la perspectiva y nos hace explorar el terreno de las razones por las que no entran otras empresas a competir con el monopolio.

Una posibilidad real es que el monopolio considere en sus decisiones de precio a la competencia. Si él eleva los precios demasiado, de inmediato hace atractivo su mercado a otras firmas, que es lo que no quiere.

El miedo a la entrada de otras empresas actúa frenando a los monopolios en la elevación de sus precios. Siempre que no tenga en su favor una exclusividad otorgada por la autoridad.

Desde luego, entrar a un mercado puede no ser una tarea sencilla, pues quizá requiera de patentes, grandes inversiones iniciales, permisos tardados, o cualquier otro obstáculo de entrada.

Sin embargo hay historias que muestran el ataque al gigante, como la de Fuji a Kodak, la de las computadoras personales a IBM. Claros ejemplos de un combate contra el poder de los monopolios.

Esto permite otra consideración, la de entender la posibilidad de existencia de monopolios de bienes de escaso atractivo, como el del fabricante de neumáticos para modelos T de Ford que poseen ahora los coleccionistas. No sería de gran preocupación la existencia de monopolios de ese tipo.


«Nuestra libertad de elección en una sociedad competitiva se basa en el hecho de que, si una persona se niega a satisfacer nuestros deseos, podemos recurrir a otra. Pero si nos enfrentamos a un monopolista estamos a su absoluta merced. Y una autoridad que dirija todo el sistema económico del país sería el monopolista más poderoso que se pueda imaginar … tendría el poder total para decidir qué se nos va a dar y en qué términos. No solo decidiría qué productos y servicios estarían disponibles y en qué cantidades; podría dirigir sus distribuciones entre personas en el grado que quisiera.».

— Frederich A; Hayek

Un asunto de percepción e imaginación

Las imágenes de grandes marcas que dominan el mercado son más una situación examinada en los círculos académicos que una realidad de mercado. 

Por ejemplo, combates a empresas grandes con la existencia de las marcas privadas de los supermercados y una variedad de productos.

En algunos casos, el monopolio puede seguir creciendo y elevar su eficiencia, siendo así menos probable que enfrente competencia y su tamaño llegue a ser considerable. 

Dice el autor que cuando la empresa presenta estas economías de escala estamos en presencia de un monopolio natural.

Un ejemplo de esto es el servicio de drenaje en alguna ciudad, pues sería más caro tener dos o más instalaciones alternativas para seleccionar a una de varias empresas.

En estos casos, los economistas en general recomiendan dejar que el monopolio exista, pero vigilar sus precios, de manera que no los eleve irracionalmente.

Sin embargo, dice Buchholz, en los últimos años muchos monopolios considerados naturales han sido transformados.

Un ejemplo de esto es el servicio telefónico atacado por los servicios móviles e inalámbricos. Igualmente, la energía eléctrica es una industria que se ha visto alterada por empresas que producen ellas mismas su electricidad.

Tiempo atrás cuando sucedía eso

Hace ya tiempo se dio un duro combate contra de monopolios que significaran restricciones de mercado. Fue una lucrativa labor para abogados que en su misma profesión limitan a la competencia.

Los jueces y tribunales solían atacar de inmediato cualquier posibilidad de fusión de empresas y arreglos entre ellas. La situación, sin embargo, ha cambiando y hoy se tiene una mentalidad diferente.

Ahora se entiende mejor la noción de que lo grande no es necesariamente malo, que no se necesita tener a cientos de empresas para tener un mercado competitivo. Que el mejor combate a los monopolios es una economía abierta y libre.

Un ejemplo de esto es la media docena de líneas aéreas americanas que entre ellas tienen una fiera lucha competitiva.

La variable de la elasticidad

En este terreno tiene una alta importancia la idea de la elasticidad, lo que explora la posibilidad de sustitutos del bien producido por un supuesto monopolio.

Por ejemplo, si dos productores de comida para perro se fusionan para tener un gran porcentaje del mercado de comida seca para animales, tendrá que verse el grado de sustitución que ese tipo de comida tiene con, por ejemplo, comida enlatada.

Esto es la elasticidad cruzada de la demanda, usada en las discusiones legales sobre la existencia de monopolios.

Lo que en esencia hace esa medición es indicar con datos reales la facilidad con la que los consumidores se mueven de un tipo de producto a otro, dando así una base a los juicios sobre monopolios.

Por último, apunta el autor, en la vida real las empresas en los EEUU no se han concentrado, es decir, no hay menos firmas dominantes de más mercados.

Ventana de ideas afines

📍 La lucha contra los monopolios es un tema que da entrada a otros, como los pros y contras del mercado libre, las críticas a la libre competencia económica y los efectos colaterales del intervencionismo. Más los de la privatización, la desregulación y el problema del exceso de leyes.

📍 Este es el campo de asuntos como el monopolio educativo del Estado, la moralidad y ética del libre mercado y el sistema de precios en un mercado libre. Incluyendo la dificultad para entender el orden económico espontáneo, y la mejor política económica posible en un mundo imperfecto.

En resumen, el combate a los monopolios

¿Combate contra los monopolios? Obviamente hay que hacerlo, pero antes de emprender acciones alocadas, debe entenderse qué son, cómo funcionan y su probabilidad de supervivencia.

Dentro de situaciones de libre mercado y libre comercio, la lucha contra los monopolios es una pérdida de tiempo. La existencia de competencia económica, en otras palabras, es la mejor fuerza de combate contra los monopolios.


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[Actualización última: 2022-07]

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Lector frecuente y culto, defensor de la libertad y de la moral objetiva. Cofundador de Contrapeso.info.