El combate contra los monopolios. ¿Qué hacer para que ellos desaparezcan? La respuesta: haciéndoles perder su poder. Ahora el asunto es encontrar esa manera de lograrlo. La mejor estrategia es directa y poco costosa.

10 minutos

Introducción

Buchholz trata el tema del combate a los monopolios. Lo hace de forma sutil y lógica. Dentro de un mercado en el que existe la posibilidad libre de entrar y salir, allí monopolios y oligopolios son situaciones que no deben preocuparnos. 

Sí, eso que leyó: no deben preocuparnos (al menos bajo ciertas condiciones(


📕 La idea de esta carta está en el libro de Buchholz, Todd GFrom here to economy: a shortcut to economic literacy. New York, N.Y. Dutton, pp. 80-84.


Combate contra el poder de los monopolios

El autor da inicio a esta sección con una pregunta, ¿cómo pierden poder los monopolios y los oligopolios? ¿Cuál es la mejor estrategia para combatir a los monopolios?

Y comienza a contestarla con una definición de monopolio. Cuando solamente una firma es la que vende un producto o servicio. Más la definición de un oligopolio: cuando existen solamente unos muy pocos vendedores. Ambas situaciones suenan riesgosas.

Con lógica y razón

¿Cómo combatir a los monopolios? ¿Qué hacer para que los monopolios desaparezcan? Obviamente hay que hacerlo, pero antes de emprender acciones alocadas, un llamado a la cordura.

George Stigler, un Premio Nobel en Economía, después de estudiar este tema durante mucho tiempo acabó concluyendo que los economistas que se dediquen a luchar contra los monopolios y oligopolios perderán su tiempo, sería más útil que se dedicaran a exterminar plagas.

Stigler, dice el autor, admite que la situación monopólica u oligopólica es en teoría algo negativo, porque esos vendedores tienden a mantener altos los precios y sus utilidades limitando la oferta de eso que producen.

Pero combatirlos no tiene sentido, al menos sin una forma inteligente de hacerlo

Una curiosa opinión

Así es que se está en una posición extraña. Por un lado se admite que es una situación peligrosa. Sin embargo, se propone que los economistas, especialmente los gobiernos, deben abstenerse de actuar en el combate contra monopolios y oligopolios.

La razón de esto es que quien tenga la exclusividad de venta de un bien valioso no va a mantener su dominio en el mercado por largo tiempo. A menos que tenga una disposición legal que mantenga esa situación.

Una panadería sola en una cierta zona puede tener un monopolio, hasta que se instale junto un supermercado que también venda pan.

Además, otra razón, es que un monopolio temporal puede ser visto como un premio o una recompensa a la innovación. Esto sucedió con Xerox y sus copiadoras, hasta que llegaron otros competidores.

El tiempo es la variable central

Más aún, la legislación en contra de los monopolios es muy lenta. Los gobiernos se mueven con muy poca rapidez, tan despacio que para que cuando tienen la legislación lista, el monopolio quizá ya no exista.

El punto realmente importante es el de saber si es posible que otras firmas entren al mercado que dominan los monopolios u oligopolios. Esto cambia la perspectiva y nos hace explorar el terreno de las razones por las que no entran otras empresas a competir con el monopolio.

Una posibilidad real es que el monopolio considere en sus decisiones de precio a la competencia. Si él eleva los precios demasiado, de inmediato hace atractivo su mercado a otras firmas, que es lo que no quiere.

El miedo a la entrada de otras empresas actúa frenando a los monopolios en la elevación de sus precios. Siempre que no tenga en su favor una exclusividad otorgada por la autoridad.

Desde luego, entrar a un mercado puede no ser una tarea sencilla, pues quizá requiera de patentes, grandes inversiones iniciales, permisos tardados, o cualquier otro obstáculo de entrada.

Sin embargo hay historias que muestran el ataque al gigante, como la de Fuji a Kodak, la de las computadoras personales a IBM. Claros ejemplos de un combate contra el poder de los monopolios.

Esto permite otra consideración, la de entender la posibilidad de existencia de monopolios de bienes de escaso atractivo, como el del fabricante de neumáticos para modelos T de Ford que poseen ahora los coleccionistas. No sería de gran preocupación la existencia de monopolios de ese tipo.


«Nuestra libertad de elección en una sociedad competitiva se basa en el hecho de que, si una persona se niega a satisfacer nuestros deseos, podemos recurrir a otra. Pero si nos enfrentamos a un monopolista estamos a su absoluta merced. Y una autoridad que dirija todo el sistema económico del país sería el monopolista más poderoso que se pueda imaginar … tendría el poder total para decidir qué se nos va a dar y en qué términos. No solo decidiría qué productos y servicios estarían disponibles y en qué cantidades; podría dirigir sus distribuciones entre personas en el grado que quisiera.».

Friedrich A. Hayek (1889-1992)

Un asunto de percepción e imaginación

Las imágenes de grandes marcas que dominan el mercado son más una situación examinada en los círculos académicos que una realidad de mercado. 

Por ejemplo, combates a empresas grandes con la existencia de las marcas privadas de los supermercados y una variedad de productos.

En algunos casos, el monopolio puede seguir creciendo y elevar su eficiencia, siendo así menos probable que enfrente competencia y su tamaño llegue a ser considerable. 

Dice el autor que cuando la empresa presenta estas economías de escala estamos en presencia de un monopolio natural.

Un ejemplo de esto es el servicio de drenaje en alguna ciudad, pues sería más caro tener dos o más instalaciones alternativas para seleccionar a una de varias empresas.

En estos casos, los economistas en general recomiendan dejar que el monopolio exista, pero vigilar sus precios, de manera que no los eleve irracionalmente.

Sin embargo, dice Buchholz, en los últimos años muchos monopolios considerados naturales han sido transformados.

Un ejemplo de esto es el servicio telefónico atacado por los servicios móviles e inalámbricos. Igualmente, la energía eléctrica es una industria que se ha visto alterada por empresas que producen ellas mismas su electricidad.

Tiempo atrás cuando sucedía eso

Hace ya tiempo se dio un duro combate contra de monopolios que significaran restricciones de mercado. Fue una lucrativa labor para abogados que en su misma profesión limitan a la competencia.

Los jueces y tribunales solían atacar de inmediato cualquier posibilidad de fusión de empresas y arreglos entre ellas. La situación, sin embargo, ha cambiando y hoy se tiene una mentalidad diferente.

Ahora se entiende mejor la noción de que lo grande no es necesariamente malo, que no se necesita tener a cientos de empresas para tener un mercado competitivo. Que el mejor combate a los monopolios es una economía abierta y libre.

Un ejemplo de esto es la media docena de líneas aéreas americanas que entre ellas tienen una fiera lucha competitiva.

La variable de la elasticidad

En este terreno tiene una alta importancia la idea de la elasticidad, lo que explora la posibilidad de sustitutos del bien producido por un supuesto monopolio.

Por ejemplo, si dos productores de comida para perro se fusionan para tener un gran porcentaje del mercado de comida seca para animales, tendrá que verse el grado de sustitución que ese tipo de comida tiene con, por ejemplo, comida enlatada.

Esto es la elasticidad cruzada de la demanda, usada en las discusiones legales sobre la existencia de monopolios.

Lo que en esencia hace esa medición es indicar con datos reales la facilidad con la que los consumidores se mueven de un tipo de producto a otro, dando así una base a los juicios sobre monopolios.

Por último, apunta el autor, en la vida real las empresas en los EEUU no se han concentrado, es decir, no hay menos firmas dominantes de más mercados.

En resumen, el combate a los monopolios

¿Combate contra los monopolios? Obviamente hay que hacerlo, pero antes de emprender acciones alocadas, debe entenderse qué son, cómo funcionan y su probabilidad de supervivencia.

Dentro de situaciones de libre mercado y libre comercio, la lucha contra los monopolios es una pérdida de tiempo. La existencia de competencia económica, en otras palabras, es la mejor fuerza de combate contra los monopolios.


Otros lectores también leyeron…

[Actualización última: 2021-04]

¿Puede crearse un monopolio dentro de un mercado libre?

Primero, la definición de monopolio

«Mercado en el que una empresa es la única que ofrece un producto homogéneo que carece de sustitutivos y que tiene un gran número de demandantes». economia48.com

«Monopolio es una situación en la que una sola empresa domina todo el mercado de un tipo de producto o servicio, por definición el monopolio se caracteriza por la ausencia de competidores, que se suele traducir en altos precios y en una baja calidad del producto o servicio monopolizado». economipedia.com

Es uno de los pocos términos económicos conocidos por casi todos —el de una empresa que es la única oferente de un producto sin sustitutos adecuados. Con la conclusión inmediata de emprender un combate contra los monopolios.

Ahora la definición de mercado libre

Por otro lado, la esencia de un mercado libre:

«[…] es un proceso en el que muchas personas actúan de manera individual, movidas por iniciativas personales, realizando intercambios entre sí y sin intervención gubernamental que oriente esas acciones». contrapeso.info

«[…] se desenvuelve a través de empresas privadas sin el control directo de parte del gobierno […] los principales procesos y operaciones económicos son llevados a cabo por particulares, ya sean estos consumidores o empresas, y la interferencia gubernamental es mínima o al menos está claramente delimitada a través del marco jurídico vigente[…]» enciclonet.com

En un mercado libre existen varias empresas oferentes del productos sustitutos entre sí —pero en una situación monopólica existe una sola.

¿Puede crearse un monopolio dentro de un mercado libre?

La respuesta es positiva. Corresponde a una posibilidad: los compradores prefieren a una empresa con tal intensidad que los demás competidores fracasan y salen del mercado.

Ella queda como sobreviviente, como la masivamente preferida, cualquiera que sea la razón de esa preferencia.

Esto abre la vía natural para el combate a los monopolios en un mercado libre: dejar libre al mercado para que exista competencia.

¡Pero hay otra forma de crear monopolios!

Hay otra posibilidad de tener monopolios. La que solo puede suceder en un mercado regulado por el gobierno. O sea, dentro de una economía intervenida.

Esta otra posibilidad de creación de un monopolio no se origina en la posibilidad de una preferencia masiva de compradores por los productos de una sola empresa. Se origina por un acto de gobierno.

El caso de la Constitución Mexicana ejemplifica esta posibilidad (énfasis mío):

«En los Estados Unidos Mexicanos quedan prohibidos los monopolios, las prácticas monopólicas […] la ley castigará severamente, y las autoridades perseguirán con eficacia, toda concentración o acaparamiento en una o pocas manos de artículos de consumo necesario […] No constituirán monopolios las funciones que el Estado ejerza de manera exclusiva en las siguientes áreas estratégicas: correos, telégrafos y radiotelegrafía; minerales radiactivos y generación de energía nuclear; la planeación y el control del sistema eléctrico nacional, así como el servicio público de transmisión y distribución de energía eléctrica, y la exploración y extracción del petróleo y de los demás hidrocarburos […]» jurídicas.unam.mx

Estos monopolios «legales» son intencionalmente creados mediante un acto de autoridad, por la razón que sea. Producen esa situación que todos temen, la de un solo proveedor de un producto o servicio sin sustitutos.

Los monopolios creados libremente, al menos como una posibilidad de los mercados libres, tienen su origen en la preferencia masiva del comprador y que hace fracasar a los demás competidores.

Los monopolios creados legalmente no pueden ser combatidos de la misma manera que los monopolios libres. Tienen los mismos defectos, incluso peores. Los monopolios legales no corren el peligro de ser combatidos por otros competidores.


«El intercambio es verdaderamente voluntario solo cuando existen alternativas casi equivalentes. El monopolio implica la ausencia de alternativas y, por lo tanto, inhibe la libertad efectiva de intercambio.».

Milton Friedman (1912-2006)