Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Incongruencias Ignoradas
Eduardo García Gaspar
11 junio 2002
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


De verdad que esta vida nos presenta ocasiones que son dignas de celebrar con el más puro de los humores hasta caernos al suelo por las carcajadas.

Una situación así se me presentó hace pocos días, cuando hablábamos varias personas y disfrutábamos de muy frías cervezas.

El tema de la conversación era muy ameno y lo hacía aún más la presencia de un amigo de todos, un socialista que hasta donde yo sé, sólo tiene ese defecto.

En fin, no hay nadie perfecto. El punto de este amigo era que un sistema económico debía ser totalmente controlado por el gobierno, el que debía decir qué debía producirse a qué precios y en qué cantidades.

Así, de esa forma, afirmaba él se podía tener un uso más adecuado y eficiente de los recursos.

Nos explicó las ventajas de su sistema, la coordinación que existiría entre los productores de acero y los armadores de autos. Ésa era su idea, en la que creía realmente. Luego habló del resto de la sociedad que el apoyaba.

Dijo que en ella existiría libertad de expresión y democracia para elegir gobernantes, al igual que libertad religiosa, de manera que nadie fuera discriminado por su religión. Habría libros de todos tipos, y en general una gran libertad para todas las personas que allí vivirían felices y con buen estándar de vida.

No sé cómo es que él no encontraba la incongruencia de su idea.

Pero como supongo que usted también se haya encontrado personas como ese amigo mío, si no tiene nada mejor que hacer, allí va una segunda opinión y que tiene gran impacto en la vida del país ahora.

Suponga usted que todo lo que mi amigo dice se hace, todo eso de lo que platicó… y vea lo que va a suceder.

Usted va a poder ir a la Iglesia de los Santos Reorganizados si es que quiere, pero no va a poder trabajar para nadie más que las paraestatales.

Usted va a poder casarse con quien usted quiera, pero no va a poder comprar la cerveza que usted quiere, sino la que el gobierno fabrica.

Usted va a poder votar por el candidato de su preferencia, pero no va a poder invertir sus ahorros donde más desee (los bancos son propiedad gubernamental).

Usted va a poder leer sólo los libros editados por el gobierno, comprar gasolina de la compañía estatal (bueno, esto ya sucede) y usar la electricidad de la empresa estatal (lo que también sucede).

No tiene sentido ser libre para creer en cierto rito religioso y no ser libre para comprar el jabón que más guste o no ser libre para abrir una planta de aceites. El sistema de mi amigo tronaría tarde o temprano por esas inconsistencias.

Las personas no encontrarían sentido en votar por el partido político que quieren y no poder abrir el negocio de su elección, ni trabajar donde ellas quisieran. Y eso es lo que nos está pasando en la actualidad.

Por un lado están las corrientes de ideas que apoyan esos sueños de economías planeadas y organizadas por el gobierno.

Por el otro lado, está una corriente liberal que ha tenido triunfos muy grandes en los terrenos políticos con el establecimiento de sistemas democráticos y la caída de dictaduras. Igualmente ha tenido victorias con el respeto a la libertad de prensa, de religión y de expresión.

Pero en el terreno económico la lucha aún sigue. México está en esa lucha también, en medio de ella. Por eso hay discusiones acerca de la privatización de paraestatales, pero casi nadie se opone a la democracia ni a la libertad de expresión.

En EEUU esa lucha también se da, pues al mismo tiempo que se habla de libre comercio su gobierno da protección al acero nacional y a sus agricultores. Es nuestra época una tumultuosa y turbulenta.

Estamos en un ciclo de cambios profundos, quizá iniciado a finales del siglo 18 con los pensadores libertarios que enfatizaron la libertad en cosas tan concretas como el comercio internacional de maíz.

El ciclo continúa en nuestra época sin que la lucha haya sido detenida. México es parte de ese ciclo y por eso es que estamos en estos terribles conflictos sobre la privatización de paraestatales. Unos aferrados a ellas y otros queriendo moverse hacia delante.

Si gana la congruencia veremos a la libertad económica establecida, pero si gana la incongruencia veremos victoriosos a regímenes bajo el dominio de las ideas como las de Le Pen, Hugo Chávez y los intervencionistas.

Todo, al final, es una cuestión de ideas, que es lo que los humanos creamos por excelencia, ideas. Unas buenas, otras malas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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