Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Quién es el Monstruo?
Leonardo Girondella Mora
7 diciembre 2009
Sección: Sección: Asuntos, SEXUALIDAD
Catalogado en: ,


Jesús Silva-Herzog Márquez es uno de los columnistas respetados en México —tiene el don poco común de escribir con tranquilidad razonada y clara. En una de sus columnas, titulada Parto o Cárcel, trata ideas muy dignas de examinar (Grupo Reforma, 16 noviembre 2009). Introduce el tema haciendo referencia a modificaciones constitucionales en varios estados de México —17 de ellas que “dan forma de ley al dogma religioso” y a la “demolición del Estado laico” en el país.

Se refiere a que tales constituciones, incorporan “a su texto la consigna eclesiástica de que la vida humana empieza desde el instante mismo de la concepción y considerar al cigoto —antes inclusive de su implantación en el endometrio— como un ser humano con plenos derechos”. El emdometrio es una mucosa, la que cubre el interior del útero.

En su opinión, los cambios legales persiguen “cerrarle el paso a la despenalización del aborto como se hizo en el Distrito Federal” y “cancelar la posibilidad de legislar en materia de eutanasia”.

En pocas palabras el columnista está en contra de “arrancarle a los hombres el derecho de disponer de su cuerpo” —y más claramente aún, el columnista opina que un “Estado laico no puede asumir esa interpretación del mundo para imponer a las mujeres el deber de aceptar los hijos que les caigan o para impedir que se auxilie a los sufrientes a bien morir”.

Esas opiniones son conocidas y no tienen nada de original —pero lo más interesante son las razones que el columnista expresa para sostener su opinión de apoyo al aborto, y que son las que deseo explorar con algún detenimiento.

“…una mujer violada que resulte embarazada por la violenta invasión de su cuerpo no tendrá la opción de elegir si continúa o termina con el embarazo”.

El tema ha sido antes tratado en esta página —y en resumen significa lo siguiente: si se autoriza el aborto por causa de violación, la ley estaría permitiendo que un tercero inocente fuese castigado con la máxima pena posible sin haber participado en ningún acto delictivo. No tiene lógica.

También, puede argumentarse en contra un efecto colateral —si se permitiera el aborto por violación, se colocaría un incentivo para los casos en los que mujeres quisieran abortar sin haber sido violadas. Todo lo que tendrían que hacer es mentir. Pero, a pesar de esta posibilidad de efectos colaterales, el principal argumento sigue siendo el anterior: un inocente es condenado a morir sin haber cometido falta legal alguna —una situación paradójica en un país que no acepta la pena de muerte: es como hacer pagar a un inocente por al delito de otro.

“Una mujer tampoco podrá decidir si sigue adelante con un embarazo que ponga en peligro su propia vida. El piadoso Estado le impone la obligación de parir”.

Es una afirmación exagerada y falsa que no me resulta apropiada en un columnista que suele ser razonable —existen casos como el embarazo ectópico que admite salvar a la madre y sacrificar al futuro nacido.

“Identificar la unión de dos células con la vida humana plena y equiparar el régimen de sus derechos es un absurdo monumental. Una mujer que por descuido ingiriera alimentos que provoquen la muerte del embrión deberá ser considerada homicida imprudencial. Si se provocara voluntariamente el aborto estaría cometiendo un homicidio con todos los agravantes imaginables y podría pasar 50 años en la cárcel”.

Este es el razonamiento que creo es de mayor peso —no tanto en sí mismo, sino por lo atractivo que podría ser para muchos. Sus fallas no son sencillas de ver, pero las trato en lo que sigue.

Primero, “Identificar la unión de dos células con la vida humana plena y equiparar el régimen de sus derechos es un absurdo monumental”. En realidad, no. Los derechos existen sin considerar el número de células. No existe definición legal que defina a la persona humana como dependiente del número de células que la formen —la vida existe con independencia de ese número, sea la vida de un organismo primitivo o la de un ser humano.

Segundo, “Una mujer que por descuido ingiriera alimentos que provoquen la muerte del embrión deberá ser considerada homicida imprudencial”. El argumento es llamativo y directo, capaz de convencer a muchos. Aún si se dictara como muerte imprudencial, no sería eso causa de negar la realidad de vida en las dos células —alterar una definición no explícita para evitar un caso mal definido no tiene sentido. Pero, el caso es que no puede ser un homicidio imprudencial, que es el resultado de una conducta criminal negligente y descuidada que en su misma naturaleza pone en riesgo a la vida de otro.

Argumentar que “por descuido” en el servido de alimentos puede una embarazada ser acusada de asesinato es una exageración que sí es descuidada —en ese descuido no existe una conducta negligente criminal como la que sí existiría en el caso de la conducción criminal descuidada de un conductor.

Tercero, “Si se provocara voluntariamente el aborto estaría cometiendo un homicidio con todos los agravantes imaginables y podría pasar 50 años en la cárcel”. Exactamente un aborto intencional es un asesinato —y de él, por ejemplo, sería responsable quien sea que lo realice, aunque lo de los agravantes dependería de cada caso y resulta exagerado apuntar “todos” ellos.

“En el caso de que el manejo del material fecundado [in vitro] condujera a la muerte del cigoto, estaríamos igualmente en presencia de un asesinato, posiblemente de un asesinato múltiple”.

Exactamente, si el ser no nacido se encuentra in vitro o no, es irrelevante —puede estar o no adherido al útero, pero sigue siendo un ser humano. Como señaló F. Pascual, “… producir embriones en el laboratorio los expone a situaciones peligrosas, injustas y dañinas, de selecciones arbitrarias, y favorece la mentalidad que los trata más como cosas… congelar embriones es un acto injusto que impide a miles, millones quizá, de hijos llevar adelante la propia vida en el seno materno…”

• “Se trata, pues, de monstruosas reformas apresuradas e irreflexivas que tienen como propósito congraciar a la clase política con la jerarquía católica… la imposición del dogma religioso”.

La falla del razonamiento es absoluta —se trata de una especulación ajena la tema: si es o no el propósito de las reformas constitucionales congraciar a los gobernantes con los clérigos católicos, es lo de menos. Si lo es o si no lo es, la argumentación subsiste con independencia de la intención. Si yo digo que la columna de Silva-Herzog Márquez intenta congraciarlo con sus amigos progresistas, cometería el mismo error de una especulación tangencial —aunque sea cierta.

Obviamente mi propósito es defender la vida de quien no ha nacido y es una persona como cualquier otra en su esencia —pero mi análisis de los argumentos de Silva-Herzog Márquez ha sido mi punto central: nada hay en ellos que tenga fuerza suficiente como para dar una aprobación legal al aborto.

Post Scriptum

Aunque no forma parte integral del texto principal, creo que es necesario poner perspectiva en dos temas centrales e interconectados —que harán menos complicado el entendimiento de la discusión sobre el aborto.

• El columnista bien muestra su posición filosófica en su rechazo a lo que signifique “arrancarle a los hombres el derecho de disponer de su cuerpo”. No es sólo el derecho a matar seres no nacidos dependiendo de su número de células —también incluye el derecho a disponer de la vida en casos de eutanasia.

• El columnista presupone que un estado laico es uno que por definición no respeta dogmas religiosos —es el error de hacer a los objetivos del estado por definición contrarios a los de las religiones: cualquier coincidencia entre las leyes y los dogmas sería una imposición religiosa. No sólo es una posición débil, sino ilógica —significaría que si una religión tuviera como dogma que el robo es malo, un buen estado laico consideraría que si una ley prohibiera el robo, eso sería una imposición dogmática religiosa (y tendría que autorizar el robo porque le no hacerlo sería no ser laico).

[En Aborto: Sus Defensas presenté un examen de los argumentos en pro del aborto]

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