Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Quiere Escribir un Ensayo?
Leonardo Girondella Mora
2 noviembre 2009
Sección: Sección: Análisis, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en:


Una hoja en blanco que debe ser llenada con un contenido de calidad —el contenido sale de la mente de quien escribe, pero queda el problema de cómo organizarlo, cómo presentar eso que una mente ha creado. La hoja en blanco, o una pantalla de computador, también en blanco, la tienen estudiantes a quienes se ha pedido un ensayo y también, columnistas y reporteros.

Todos ellos han aceptado una misión, la de llevar conocimiento de sus mentes a las de sus lectores —y deben cumplirla con eficiencia: el autor pone el contenido, y quizá esto ayuda a organizarlo.

Lo que sigue es una idea sobre una estructura de textos por escribir —más en concreto, la estructura de una columna editorial o de opinión, e incluso un trabajo de universidad, a los que suelen llamar ensayos. Mi objetivo es proveer al lector que quiere escribir un texto efectivo, con esa organización coherente que es necesaria.

La difrencia entre tener una estructura organizada y no tenerla, es abismal —aunque quizá no sea inteerpretada como tal por el lector, el que sí diferenciará, sin embargo, entre una buena lectura y una mala.

Un ensayo es una pieza de texto, generalmente corta, que contiene una idea personal de su autor sobre un tema que allí se explora y que tiene dos vertientes. Una es un simple intento, no terminado, de tratar el tópico elegido. La otra es una exploración más formal y organizada. Pueden tratar cualquier tema, con tratamientos que van desde reflexiones muy subjetivas hasta razonamientos disciplinados.

Igualmente, el armazón que propongo puede ser usado por el estudiante a quien se le pide un ensayo —los estudiantes, demasiadas veces, se enfrentan a la dificultad que les parece insoluble, ¿cómo escribir un ensayo? ¿cuáles son las partes de la monografía o ensayo que pidió el profesor?

Lo que sigue es una breve descripción de las partes de un ensayo efectivo —y las características generales de cada una. Una especie de manual de consejos para un escritor en temas que no son de ficción.

La Fachada

Es la primera impresión que logra el escrito a los ojos del lector potencial —y su objetivo es atraer a ese lector, convencerlo de que continúe leyendo. La fachada del texto está formada por tres elementos:

• Título

• Subtítulo

• Primer párrafo

Los tres forman la invitación a la lectura y deben funcionar en conjunto.

El título debe inspirar curiosidad —un poco de misterio quizá, con la idea de separar al escrito del resto de ellos que está compitiendo por la atención del lector.

El subtítulo debe mencionar el tema tratado —dar información al lector de lo que tratará el texto.

El primer párrafo tiene la misma función del título principal, que es atraer la atención, hacer que el lector se diga a sí mismo que debe seguir leyendo porque vale la pena hacerlo.

Si puedo usar una metáfora, esta parte es como la primera impresión que causa un edificio: su fachada debe motivar al visitante a acercarse a él y no al resto de edificios.

Esta primera parte, en el título, debe tener un significado inmediato para la persona —quizá usando frases conocidas, refranes, títulos populares, palabras muy conocidas, construidas de manera creativa. El subtítulo le dará información más dura —el tema del escrito.

El primer párrafo debe mantener el interés y hacerlo con más elementos. Su tono debe ser activo, importante para el lector y relacionado con lo que sigue. Debe ir al grano y ser directo, sin paja ni rollo, y mucho menos palabras técnicas y complicadas. Todo rebuscamiento debe ser evitado.

Quizá puedan utilizarse imágenes conocidas, pero siempre asociadas directamente con el tema. Tratando de mantener el suspenso sin artificios, la escritura debe ser simple, directa, con frases breves. Creo que es un error grave el hacer referencias personales de experiencias propias, cuando ellas poco o nada tienen que ver con el tema tratado.

La Introducción

Se coloca en el segundo párrafo y quizá algunos pocos siguientes —en donde se cumple una labor netamente informativa para el lector. Se le dice de qué tratará lo que sigue, todo escrito también en un tono amigable que muestra los deseos del escritor para agradar al lector: dar detalles del tema, de la idea que será tratada, de la tesis que será propuesta, de la idea que será demostrada.

El tono de la escritura debe ser similar al anterior —la claridad debe cuidarse, en lo que suele ayudar mucho el uso de frases cortas y cierta reiteración de ideas. Es buena idea mencionar la manera en la que lo escrito afectará al lector en su vida, adelantando algo de lo que se dirá en las siguientes partes del texto.

Siguiendo con la metáfora anterior, esta parte es como el recibidor del edificio —el lector ya está adentro y debe recibir una impresión agradable e informativa, que le lleve a querer adentrarse en el resto del edificio —si se tratara de un museo, en esta parte el visitante se convence a sí mismo de que vale la pena pagar el precio del billete de entrada: el tiempo que dedicará a leer lo que sigue.

La Tierra de en Medio

Esta tercera parte es la mayor en tamaño —la que ocupa más espacio. Es la tierra de los detalles en donde la primera noción que debe comprender el escritor es que se trata de un monólogo y los monólogos tienden a aburrir a quien los escucha.

Por esto es que deben anticiparse las reacciones del lector y tratarlas abiertamente. Y también es conveniente evitar la soberbia del autor, los adornos que él puede arrojarse a sí mismo. Se trata de explicar algo al lector —no de colocarse adornos y echarse loas.

Si continuo con la metáfora, esta parte del edificio son los pisos y habitaciones del edificio —en el caso de un museo son las diferentes salas de exhibición. Quizá la palabra clave en esta parte es agilidad —la otra sería una lógica ordenada.

Esta parte debe atender varias sugerencias que persiguen mantener al lector dentro del edificio. Se deben evitar cosas como adverbios redundantes, demasiados gerundios, demasiados signos que ensucian la lectura (“”¡!¿?,…) y despistan a los ojos —demasiadas itálicas anulan su propósito.

En esta parte, se permiten frases más largas y complicadas, pero sin abusar de ellas —hay que recordar que la meta del texto es explicar algo. Conviene no dar por supuestos conocimientos en el lector, quien quizá no conozca a algún personaje o idea que para el autor es muy conocido. Las palabras demasiado abstractas y la jerga profesional deben evitarse, a menos que se trate de un texto para una audiencia que conoce eso.

Quizá la más importante de las consideraciones es suponer que el lector es un ser pensante y racional —por lo que conviene usar razonamientos, pruebas y evidencias que den sostén a la idea propuesta por el escritor. Los razonamientos, evidencias y pruebas deben ser lógicos y sóidos —incluso admitiendo puntos de vista opuestos.

La honestidad es vital —deben reconocerse a los autores cuyas ideas se mencionan y no hacerlas pasar por propias. El plagio es un asunto serio. Las pruebas y evidencias usadas deben ser fidedignas y razonables.

Es en esta parte que el autor expone las razones que sostienen su opinión —y las trata de manera organizada, una por una, individualmente, anticipando razones opuestas. Debe hacerse de tal manera y en un tono que haga que el lector “vea” lo escrito. En esto ayuda el tono de la escritura, que debe ser alegre, movido, activo y capaz de ser recordado.

La revisión de esta tercera parte debe hacerse extensamente para retirar del escrito lo sobrante —eso que no ayuda al punto principal, por bello que lo crea el autor. Todo aquello que tenga un tomo de lamentación debe ser retirado cuando no lleva a nada constructivo dentro del tema. No debe el escritor tener miedo a ser original con el uso de contrastes y comparaciones con situaciones cotidianas, pero si debe evitar el uso de frases hechas, lugares comunes y clisés.

La despedida

Esta parte está formada por los párrafos finales —quizá uno o dos en un texto breve. Es como salir a despedir al amigo que ha visitado la casa y al que se le recuerda la conversación tenida con él, tratando de hacerle sentir lo agradable que sería regresar.

Se trata de resumir todo lo anterior en unas pocas palabras. Siempre debe estar asociado con lo escrito antes, con la fachada, la introducción y la tierra media —y por supuesto ser claro y directo, sin tecnicismos e idealmente tratando de dar un elemento memorable que se convierta en un “hasta luego”.

Addendum

Las consideraciones anteriores, en mi opinión, son como una especie de receta de cocina, algo muy básico que señala principios y que una vez dominados, se convierten en hábitos que permiten variaciones y experimentación —pero siempre pensando que el lector merece respeto porque tiene poder de razonar y el objetivo es mostrar una posición del autor a ese lector capaz.

Las partes que en lo personal encuentro más difíciles de realizar son las de la fachada —todo eso del título atractivo que cause curiosidad y del primer párrafo que la mantenga, me representa un reto serio.

¿Soy un escritor digno de imitar? No, aún tengo demasiados errores —y me atreví a escribir lo anterior, primero, por un motivo egoísta, el forzarme a formalizar una estructura que debo respetar —pero, en segundo lugar, pensé que quizá esto le serviría a alguien más.

El escritor de columnas de opinión, lo creo con firmeza, tiene el deber de presentar al lector una opinión razonada —lo mismo que el escritor de ensayos: el lector debe aprender algo por medio del texto, salir enriquecido. Por esta razón es que encuentro útiles algunos ejemplos de lo que no debe hacerse, ejemplos anónimos de columnas reales que contienen fallas notables:

• El primer párrafo de una columna de opinión, demasiado largo, supone conocimientos en el lector; demasiados adjetivos en lo que pretende ser gracioso y complace más al ego del autor que a la mente de quien lee:

Sacristán de la iglesia del futurismo élbico, el secretario particular Lujambio ha informado que el ciudadano Dios no forma parte de la comisión redactora de los nuevos libros oficiales de piadosa historia patria rasurada.

• Otro primer párrafo, con demasiadas distracciones, elementos ajenos a una introducción, calificativos que podrían venir después, una palabra nueva en medio de esas distracciones:

En un análisis muy sesgado (por interesado) en defensa de los supuestos derechos neoliberales globales, Jamil Anderlini, de The Financial Times (24/8/09), expone las lamentaciones de las empresas privadas en China, propaladas por los analistas británicos y chinos (la mayoría anónimos: el viejo truco), donde se ha acentuado el guojinmintui: la renacionalización (más correctamente la “restatización”, porque nunca cesaron las empresas de ser “nacionales” en su mayoría) y desprivatización.

• El caso de una introducción ajena al tema, con un elemento personal del autor que poco interesa al tema:

Comentaba que, muy novedoso yo, vengo recién descubriendo un concepto tan viejo como el “Álbum Blanco” de The Beatles. Hablábamos desde la pasada entrega de una corriente de pensamiento llamada Teología de la Liberación. Si usted tenía ya conocimiento de esta modalidad de la fe le suplico no juzgue tan duramente a quienes no estábamos familiarizados con la misma.

• Esa misma columna se despide pidiendo disculpas y diciendo que no ha terminado su trabajo:

Disculpe los vericuetos, ya habremos de concluir las reflexiones sobre este tema más adelante.

• En la parte final de una columna se escribió un resumen satisfactorio, pero que viola la buena educación al usar una mala palabra y hacerlo en un tono de lamentación:

Bueno, pues ésa es la gran cuestión. Porque, luego de recibir tanta plata, los resultados casi no se ven por ningún lado. Peor aún, las arcas del erario están vacías. Entonces no es un problema de recaudación. Sí recaudan. Pero gastan a tontas y locas. O, mejor dicho, dilapidan criminalmente los recursos de la nación. ¡Coño!

• La tierra de en medio tomaría demasiado espacio el poner ejemplos de errores —por lo que simplemente prevengo sobre el uso de falacias, es decir, errores de argumentación. Entre todas ellas algunas son muy comunes. El lector puede acudir a ejemplos de malos razonamientos en ¿Quién es el Cavernario?, El Riesgo de Opinar, Clisés: Una Colección y Escribir Factor de Riesgo. Las columnas de opinión y los ensayos suelen estar plagados de razonamientos falaces —y lo que el autor debe hacer es convertirse en un aceptable conocedor de esas falacias para evitar cometerlas.

• El uso de adjetivos sin necesidad como una herramienta para descalificar al opositor, como en este caso en donde no se expresan razones y todo se complica en una mezcla sin sentido de idea:

LA demócrata cristiana Angela Merkel, quien pretende desfigurar el legado de Adenauer y Kohl, dos estadistas que antepusieron los intereses civilizatorios alemanes frente al eje anglosajón globalizador, se desfondó con la propuesta del sicótico “impuesto plano” (flat tax) de Paul Kirchhof, candidato a ministro de Finanzas repudiado en las urnas inclusive por los “barones” demócratas cristianos. Por cierto, el “impuesto plano” fue “impuesto” -válgase la tautología- por los invasores anglosajones a Irak… convertido en laboratorio de experimentación neoliberal

• Otro caso de una mala fachada es la siguiente introducción a una columna —demasiado protagonismo del escritor:

Hace tiempo, recibí en mi casa de la Ciudad de México a Edward Kennedy. Un grupo de intelectuales y políticos mexicanos le interrogó y todo procedía con fluidez hasta que un inteligente y provocador amigo mío hizo una pregunta que criticaba directamente, no a la política de Estados Unidos, sino a la nación norteamericana. En ese momento, Kennedy interrumpió la sesión y me dijo: “Vamos a cenar”.


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