Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más y Más Leyes
Eduardo García Gaspar
14 noviembre 2005
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
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Hasta ahora el asunto no ha pasado a nada grave, pero era serio. Fue sacado a la luz pública, sin pruebas, que empresas tabacaleras habían otorgado dádivas a legisladores mexicanos a cambio de una resolución negativa al aumento del impuesto al cigarro. Se proponía elevarlo a 130 y se mantuvo en el actual 110 por ciento.

Esto dio pie a una pequeña nota editorial de El Financiero de la capital de México. En ese editorial del 1 de noviembre se decía que,

“Desde 1997… floreció en México la próspera industria del influyentismo conocida eufemísticamente como cabildeo o, dependiendo de la sofisticación del cliente y del tratamiento operativo, el lobismo. El coyotaje, como… se le conocía… aceleró la distorsión de decisiones fundamentales para el país, formalizó la opacidad entre la sociedad y ha sido promotor de la incompetencia nacional, porque promueve prácticas oligopólicas o monopólicas.”

Claramente el editorial se opone a la práctica del cabildeo y añade que

“Los cabilderos… trabajan al margen de la ley pero amparados en el Artículo Octavo Constitucional, que consagra el derecho de petición, por lo que no dudan en comprar voluntades… La más reciente fue con las tabacaleras. Reglamentar esta práctica es impostergable, al igual que sus vicios. Pero no de manera interesada ni con denuncias grotescas que tienden a espesar las cortinas de humo.”

El asunto es interesante porque muestra uno de los defectos nacionales mexicanos, el de querer que todo sea reglamentado en una ley. La petición del periódico es más clara que el agua, “reglamentar esta práctica es impostergable.” Y al acabar de decirlo creen que el problema se ha resuelto para ahora moverse al siguiente problema para el que otra ley se necesita.

Obviamente, el resultado de esto es una abundancia tal de leyes que nadie las conoce, ni cumple. No afirmo que no se hagan leyes, pero sí digo que las leyes deben ser sencillas y escasas, capaces de ser entendidas por todos y de sentido común.

Quizá la falta de leyes sean un defecto menor al de su abundancia. El asunto no es nuevo. De lo que conozco, Diego de Saavedra Fajardo lo trató en 1640, en su libro “Empresas o Idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas.”

Entre las cosas que dice es que cuando hay muchas leyes, se contradicen unas a otras, y hacen nacer diversas interpretaciones u opiniones maliciosas, de donde nacen los litigios y las desavenencias.

Las sociedades que se rigen con un exceso de leyes ocupan a la mayoría de los habitantes en los juicios y desperdician tiempo necesario para los campos y los oficios. El trabajo es frenado por la abundancia de leyes. En otras palabras, la abundancia de leyes es una calamidad. A lo que voy es a ese vicio de la mente, que la entrampa, creyendo que todo tiene una solución con una nueva ley, o una modificación a la actual.

Puede ser que lo que se necesite sea la carencia de la ley que entorpece. Una nueva y flamante ley de cabildeo corre el riesgo de cerrar el camino a peticiones válidas y abrirla a las sucias, especialmente cuando eso de lo que se queja el periódico es sencillo de solucionar por mero sentido común.

Ningún legislador puede aceptar ingresos ni bienes que vengan de entidades y personas interesadas en su voto, pero sí pueden tener acceso a él, para expresar puntos de vista, y presentarle análisis y estudios. La solución no es una ley, sino el mero sentido común que tiene cualquier ranchero.

Y sin embargo, la solución expedita, común y sugerida por sistema es otra ley, una más, para acumular en la vida de los mexicanos. Consecuentemente, creo, la petición del periódico, ésa solución al problema de posibles influencias indebidas, es el remedio inducido por la falta de imaginación. Si un legislador acepta regalos a cambio de su voto, no es ese un problema legal realmente. Con o sin leyes los seguiría aceptando, porque el problema es de honestidad personal, de ética.

La verdad no entiendo cómo sigue existiendo esa primitiva imaginación que todo pretende resolver con una nueva ley. Hace mucho, Aristóteles dijo que unas pocas leyes son suficientes para los casos graves, pues del resto puede encargarse el juicio natural.

Post Scriptum

La referencia al autor español está en Diego de Saavedra Fajardo (1584-1648) Empresas o Idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas, coedición del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y Editorial Océano de México MCMCCIX, Empresa XXI pp. 287-292. El original fue publicado en 1640. Y existe un resumen de AmaYi® aquí.

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