Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Imposibilidad de Discutir
Eduardo García Gaspar
25 septiembre 2006
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No ha sido mucho tiempo el que ha pasado desde que varias personas conversamos sobre diversos temas. Muchos de ellos de política. Había liberales y socialistas, panistas y perredistas. La discusión fue desordenada, pero interesante, hasta que surgió el tema del pago de impuestos por la venta de Banamex.

Quizá usted lo recuerde: en resumen, la venta se realizó legalmente por la vía de la bolsa de valores, lo que evitó el pago de impuestos que se hubiera hecho si la venta se hubiera realizado por otro medio. El asunto es en verdad fascinante por los ángulos que tiene al examinar lo legal y lo moral, el uso de los impuestos, los recursos en manos de los particulares y demás.

De manera ordenada, la discusión del tema hubiera sido de beneficio para todos. Habríamos aprendido argumentos a favor y en contra. Todos hubiéramos ganado incluso a pesar de no haber llegado a un acuerdo. No se pudo lograr eso, porque un par de personas se crisparon, como ahora se dice, o sea, se calentaron sus ánimos y en lugar de argumentar comenzaron a arrojar los usuales epítetos que sustituyen a la razón.

Sustituir a la discusión con embestidas de adjetivos es una mala costumbre, no privativa de los socialistas, pero muy usada por ellos. Si uno, por ejemplo, argumenta que esa venta fue legal y que evitar el pago de impuestos es permitido dentro de la ley, no se debe contestar eso con “lo que sucede es que usted es un salvaje capitalista”. Nadie gana con esa reacción. Al contrario, se pierde la oportunidad de aprender.

Cuando no se arrojan calificativos, suele embestirse con un cambio de tema que evita una discusión ordenada. Recuerdo un caso extremo de esto, cuando tuve un programa de radio hace ya tiempo y hablaba de las políticas educativas en México recomendando que la educación cambiara su forma de financiamiento con el sistema de vales. Llamó un escucha queriendo atacar mi tesis y lo hizo argumentando que en la guerra de Irak no se habían encontrado armas de destrucción masiva.

Eso es frecuente. Un lector hace poco escribió diciéndome que criticaba mi calificación del programa económico del PRD porque yo no había escrito nada sobre la ley Televisa. En realidad sí había escrito sobre ella, pero aunque no lo hubiera hecho, nada tiene que ver una cosa con la otra. Estos y otros casos similares son muestra de una pérdida de oportunidad de aprendizaje que en México es muy común, como supongo lo sea en otras partes.

Es la pérdida del aprendizaje que se lograría si nuestras discusiones fuesen mejores. No lo son, me parece, por la dos razones anotadas arriba. La primera es la crispación de los ánimos, que ciega y evita el uso de la mente. No se puede argumentar con quien ha sido dominado por la emoción exaltada. La segunda es el desorden de temas, que provoca brincos de un sitio a otro, desorganizando la discusión y tornándola una serie de acusaciones mutuas sin sentido.

Sobre esto conversaba yo con un amigo. Él agregó otra causa de esa pérdida de oportunidades de aprendizaje: la imposibilidad de muchos para aceptar evidencias de estudios usando teorías de conspiración que niegan la credibilidad de la fuente. Por ejemplo, decir que la evidencia de mayor desarrollo en regiones con libre comercio es falsa porque ella fue reportada en un análisis publicado por un organismo privado que tiene intereses capitalistas.

Tiene razón mi amigo. Eso me ha sucedido continuamente. He vivido ocasiones en las que las pruebas y evidencias que sostienen un punto cualquiera son negadas totalmente porque se sospecha de los intereses ocultos de quien las publicó. Es una de las formas de la terquedad humana, contra la que muy poco puede hacerse.

El tema es importante por una razón. México parece estar desarrollando pensamientos políticos en sus ciudadanos, inclinados a las diversas doctrinas económicas y políticas. Si no sabemos discutirlas racionalmente, los acuerdos serán imposibles y los conflictos, seguros. Es importante que evitemos esos vicios de discusión.

Que sepamos discutir sin crisparnos, sin recurrir a los insultos, sin salirnos del tema y sin negar evidencias gratuitamente. Y si a eso agregamos amabilidad, entonces nuestras discusiones nos permitirán aprender unos de otros, porque al final, ninguno posee la verdad absoluta.

POST SCRIPTUM

• El caso de la venta de Banamex “sin” pago de impuestos fue tratado aquí por Leonardo Girondella.

• El tema de la posibilidad de dialogar está muy cerca de la esencia de la controversia sobre la disertación papal en Alemania: para establecer contactos y conversar entre dos posiciones opuestas es necesario tener aspectos en común, como un lenguaje similar y principios lógicos de comprensión. Es lo que quizá pueda entenderse como razón.


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