Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gobernantes Como Magos
Leonardo Girondella Mora
22 octubre 2008
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
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En un tono de amplio sarcasmo el WSJ del 10 octubre 2008, en la columna titulada Obama’s Magic, se trata al senador de Illinois como un mago que “¡desafía a la política, a la economía, hasta a la gravedad!” —aunque el centro de la columna es Obama, la situación es universal: gobernantes que retan a la ciencia, a las leyes naturales, con tal de lograr convencer al ciudadano de que todo es posible.

Primer truco mágico, según la columna: la promesa de dar al 95% de los estadounidenses un recorte de impuestos —lo que resulta una promesa maravillosa porque un 40% de los ciudadanos no pagan impuestos al ingreso personal. La promesa es falsa, pero revelando el truco se ve otra realidad.

El recorte de impuestos al 95% se hace dando dinero a esos que no pagan impuestos —el gobierno, según Obama, dará dinero a los ciudadanos que ahora no tienen carga fiscal y así se logra ese recorte fiscal al 95% de la gente. Suena muy bien, hasta que uno se da cuenta de la trampa: el gobierno va a tomar dinero de los que sí pagan impuestos para dárselo a los que no los pagan.

Eso se llama técnicamente caridad por la fuerza —técnicamente es la implantación de un estado de bienestar que redistribuye recursos a su antojo: mete las manos en los bolsillos de unos, se queda con una parte y coloca el resto en los bolsillos de los que el gobierno seleccione. Prácticamente puede ser llamado compra de votos.

Segundo truco: dinamizar a la economía por medio de una elevación de los impuestos a las empresas, que son las que crean los empleos. Más aún, animará a la economía imponiendo más regulaciones y reglamentos. Todo esto en medio de una crisis mayor, durante la cual sin elevar el déficit tendrá más programas de salud de gobierno, más gasto en infraestructura, en educación, en ayuda externa, en entrenamiento, en energía.

Aunque la columna sigue con otras acciones dignas de magia política, me detengo en esto para señalar un fenómeno —el de las promesas electorales que cuentan un lado de la historia, no los dos o tres y más que tiene la realidad. El mecanismo de Obama y el resto de los gobernantes en campaña funciona así.

• Un candidato cualquiera quiere ganar una elección cualquiera y sabe que la única manera de hacerlo es prometiendo medidas que persigan una mejor vida futura para la gente que vota —ésa es la esencia desafortunada del sistema democrático de elecciones: las promesas no tienen límites razonables.

• El candidato sabe que la mayoría de quienes votan carecen de una preparación económica suficiente como para evaluar promesas electorales —es natural que no la tengan muchos porque tienen un bajo nivel de educación, o porque no es ésa su especialidad, o por cualquier otra razón.

• Entonces el candidato hace promesas concretas, destinadas a atraer a segmentos grandes —no le interesan los grupos pequeños—, y promete, por ejemplo, reducción de impuestos al 95% de la ciudadanía, lo que suena maravilloso. La promesa se queda allí, en un lado de la historia, sin contemplar que eso significará otras cosas, como reducción de gasto gubernamental.

• Pero esa promesa no es suficiente, debe haber más y entonces el candidato promete cosas como seguros de salud, más gasto en educación, subsidios a la cultura, gasto en desarrollo de energía —una amplia colección de promesas que a muchos maravilla, pero se abstiene de contar lo que está del otro lado: para hacer todo eso necesita más dinero… y muy pocos ponen atención que todo esto requerirá elevación de impuestos.

• En la competencia electoral, basada en promesas, cada candidato pelea por tener las mayores de todas —lo que los fuerza a situaciones extremas que se resumen en más y más programas de gobierno, en cada ocasión más osados: no se contará el otro lado de la historia, el de la necesidad de fondos para realizar todo.

En todo lo anterior, no hay ley económica que no sea violada —se presupone que los recursos son ilimitados, que la oferta y la demanda no operan, que toda reglamentación dará resultados positivos. Las narraciones de ciencia ficción que hablan de los adelantos futuros son mínimas con respecto a estas promesas —las que parecen haber sido sacadas de un libro de alquimia en el que se tiene la receta de producir oro partiendo del plomo.

La columna del WSJ puso atención en el caso de Obama —mi punto es aplicar esa misma idea al resto de las candidaturas en elecciones democráticas: los candidatos harán promesas irreales, imposibles, utópicas que en sí mismas no tienen mucho significado, pero que resultan dignas de mención cuando ellas son creídas por algunos segmentos numerosos de la ciudadanía. Esta credulidad en la magia personal de los gobernantes es lo que resulta inexplicable.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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