Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hago Leyes, Luego Existo
Eduardo García Gaspar
23 junio 2009
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
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Tomemos unos datos, los que indican los trámites para abrir un negocio en México: se necesitan 9 procesos, que tardan 28 días. Pagar impuestos requiere 27 trámites de pagos, que toman 549 horas y son una tasa total sobre utilidades de 51%. Las cifras son del Banco Mundial.

En Canadá, para pagar impuestos, se hacen 9 pagos que necesitan 119 horas y son el 45% de las utilidades. Muy similar a EEUU. Abrir una empresa en Canadá toma 1 proceso que requiere 5 días.

Para sobrevivir, las empresas tienen otros costos a considerar: permisos de construcción, trámites de importación y exportación, registro de propiedad, adquisición de crédito, costo de empleo y despido de personal y otras cosas más. Todos estos datos que están disponibles para todos y cuentan una historia poco conocida.

Debe suponerse que quien funda una empresa es un emprendedor, alguien que está arriesgando parte de su patrimonio. Tiene una idea de negocio, en la que cree y está dispuesto a esforzarse sin garantía de beneficio personal. Debe ser un tipo admirable, al menos en este sentido y cualquiera pensaría que es absurdo obstaculizar su tarea.

Pero eso es lo que hacen esos trámites. Por ejemplo, en Ecuador toma 65 días abrir un negocio. En Venezuela, 141 y en Bolivia, 50. Cualquier persona con un mínimo sentido verá el mal que eso causa y que se llama pobreza. Es sólo un lado de la historia. No sólo se obstaculiza al emprendedor, también se premia al no emprendedor.

La prueba es sencilla. Según los mismos datos, despedir a un trabajador cuesta 52 semanas de su sueldo en México. En Bolivia, no es posible despedirlo. En sistemas de este tipo se tienen incentivos opuestos a los que requiere el crecimiento: no sólo se castiga al emprendedor, sino que se premia a quien no lo es.

Cuantas menos inciativas tiene una persona, más inclinada está a esperar que el gobierno le remedie su vida. En México, ahora mismo, las promesas electorales están dirigidas principalmente a quien no tiene iniiciativas de abrir negocios y mantenerlos vivos.

Son sistemas que premian la falta de iniciativa económica y, por eso mismo, generan pobreza por diseño. Menos impuestos, más facilidad de pago, trámites baratos e inmediatos, todo eso haría posible una mayor creación de riqueza. Y adicional a eso, el que no es emprendedor recibe apoyos y beneficios que son conquistas laborales. Es el sujeto a quien se le hacen las promesas electorales: seguro de desempleo, servicios médicos, todo, lo que sea, siempre que no sea emprendedor.

Lo que pocas veces se explora, por no ser políticamente correcto, es esa protección exagerada a quien no tiene iniciativas de negocio y es dependiente de la apertura de empresas. Si se facilitara la apertura y funcionamiento de empresas, habría más empleos y todos saldrían beneficiados, principalmente los trabajadores.

La causa de una situación tan opuesta al sentido común es una mentalidad muy propia del gobernante. Él siempre parte de un supuesto: creer que él sabe más que todos los demás y que por eso debe decirles al resto lo que ellos deben hacer. Por eso se tiene, como en Brasil, 18 trámites que toman 152 días para abrir un negocio.

El por qué piensa el gobernante que debe frenar al empresario y apoyar al que no lo es, es suponer que uno es el villano y el otro, la víctima. Tomando eso como verdad, el gobernante hace lo que sólo él puede hacer: prometer locuras en elecciones, emitir más leyes y aumentar impuestos.

Los famosos y recientes escándalos financieros provocan en esa mentalidad la conclusión que es obvia para el ingenuo: debe haber más regulación, es decir, más dificultades para abrir negocios y operaciones más costosas, que crean más burocracia. El gobernante piensa que él puede resolver todo porque sabe más que los demás.

Pero el problema está en que el gobernante ni siquiera sabe lo mismo que el resto. Sabe menos, bastante menos sobre lo que conviene a cada persona. Por esta razón es que muchas medidas gubernamentales castigan la creación de riqueza y premian la pasividad. El gobernante cree que sabe más, pero sabe menos y con ese conocimiento se pone a dar órdenes a los demás pensando que todos se beneficiarán.

Por eso se tienen trámites largos de importación y exportación y una ley laboral sobreprotectora, porque el gobernante piensa que en el mundo los empresarios son malos y los trabajadores, buenos. No es razonable, pero eso es lo que ha producido la soberbia gubernamental, bien ilustrada en épocas electorales llenas de promesas locas. Sin dejar de considerar a la codicia, que juega un papel central también: más impuestos, nos dice el gobernante, son mejores para todos.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Hago Leyes, Luego Existo”
  1. carol Dijo:

    que impuestos debo pagar para abrir mi propio negocio? NOTA DEL EDITOR: más de los que debería pagar.





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