Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Son Permisos a Piratas
Eduardo García Gaspar
2 marzo 2010
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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La idea de los monopolios ha sido convertida en un clisé sin significado concreto. La opinión general es clara: no deben existir, deben ser prohibidos. No está mal como entrada, pero si eso se pregunta en México, muchas personas que odian a los monopolios estarán dispuestas a defender hasta la locura a otro monopolio, el de Pemex.

No es congruente, pero es la realidad. Un caso reciente sobre el tema fue el de Luis Alberto Harvey. Él es director de una empresa, Nexxus Partners, un fondo de inversión. Expuso una queja que tiene cierto sentido. Según él, los fondos de inversión tienen posibilidades muy limitadas en donde existen empresas muy dominantes.

Las referencias específicas que mencionó: Cemex, Televisa, TV Azteca, Bimbo, Femsa, CFE y Pemex. Ya que ellas dominan áreas importantes de la economía mexicana, los fondos de inversión tienen un panorama limitado. Dijo, además, que no se le puede competir, por ejemplo, a Bimbo en pan, ni a Pemex en petróleo… en fin, nada que no conozcamos.

Mi punto es que, puesto así de simple el tema está mal explicado. Hay una diferencia del cielo a la tierra entre esas empresas. No es lo mismo Pemex que Cemex, ni la CFE que Femsa.

La diferencia estriba en el no pequeño detalle de que por ley en México los monopolios existen y son legítimos si ellos son propiedad gubernamental. El monopolio petrolero es un caso notable expuesto en la misma constitución:

Artículo 28. En los Estados Unidos Mexicanos quedan prohibidos los monopolios, las prácticas monopólicas… la ley castigará severamente… toda concentración o acaparamiento… para evitar la libre concurrencia o la competencia entre sí y obligar a los consumidores a pagar precios exagerados… No constituirán monopolios las funciones que el Estado ejerza de manera exclusiva [sic]…: correos, telégrafos y radiotelegrafía; petróleo y los demás hidrocarburos; petroquímica básica; minerales radiactivos y generación de energía nuclear; electricidad…

Esa diferencia debe ser destacada: algunos monopolios existen, no por conveniencia económica ni beneficio general, sino por decreto político de beneficio gubernamental. Esto no se da en el resto de los casos y mezclarlos distorsiona las ideas.

Si tomamos a Bimbo, o a Cemex, sin duda son empresas dominantes, pero por ley no pueden ser monopolios. Los únicos monopolios legales son los gubernamentales, no los privados. Un caso muy notable de leyes con doble estándar.

Esto nos manda a investigar posibles razones por las que una empresa puede ser dominante. El caso de Microsoft puede ser usado para mostrar una posibilidad, la de que sin apoyo gubernamental se haya convertido en un estándar de computación. Por alguna razón, la que sea, incluso por suerte, pero que no fue favor de gobierno, ella fue capaz de dominar el mercado.

Es decir, la distinción que debe hacerse es la de haber usado o no la fuerza gubernamental. Bimbo, por ejemplo, domina en México el mercado de pan de caja y productos conexos, como pastelitos empacados, pero no el de botanas fritas. Eso pudo haberlo logrado por ser mejor que otros y tener preferencia del consumidor. Si esa fue la causa, nada hay de malo.

Si, en cambio, la empresa acudió a favores gubernamentales, las cosas son diferentes. Suponga usted que las dos cadenas de televisión se unen para influir en el gobierno e impedir que entre un tercer competidor, ahora sí entramos en problemas. El dominio de mercado de esas empresas ya no se debe a preferencia del consumidor. Se deberá al uso del poder de gobierno en favor de empresas dominantes.

Lo que bien vale una segunda opinión es resaltar que la existencia de monopolios sólo es posible por medio de la intervención gubernamental. No hay otra manera de tener monopolios reales y verdaderos. Es decir, el causante de los monopolios es el gobierno, como en México el monopolio eléctrico.

Para lograr tener una presencia dominante en un mercado, en cambio, hay dos posibles medios. Uno de ellos es la preferencia clara del consumidor, especialmente en industrias en los que los costos de entrada son altos. El otro es cometer actos ilegales de diversa naturaleza. Podría, por ejemplo, una empresa dominante comprar y destruir productos competidores.

O podría llegar a acuerdos con el gobierno para que pusiera obstáculos a la competencia que entra. Por ejemplo, suponga usted que llegan importaciones de cemento más barato al país y la empresa dominante logra que el gobierno impida el descargar ese material usando un pretexto cualquiera. El efecto neto es el mismo que el del monopolio legal.

Es bueno aclarar las cosas para evitar generalizaciones indebidas. Una cosa muy clara son los monopolios legalizados y los favores gubernamentales a empresas dominantes. Pero otra cosa muy distinta es lograr tener una posición dominante por medio de un producto realmente preferido por la gente. Nada de malo hay en esto último.

¿No quiere usted monopolios? Sencillo, evite que el gobierno intervenga. Es el único que puede formarlos y conservarlos.

Post Scriptum

Si al lector le preocupan aún así los casos de empresas muy dominantes, cuasi monopolios, recuerde que su dominio suele ser temporal. ¿Se acuerda de las copiadoras Xerox y de las cámaras Kodak? Un tratamiento de sentido común es el que Buchholz da al tema.

La nota que usé apareció en el Norte (26 febrero 2010)


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