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Egoísmo y Altruísmo
Selección de ContraPeso.info
1 marzo 2003
Sección: ETICA, Sección: AmaYi
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Si se ve al altruismo como algo independiente y contrario al egoísmo, tendremos que enfrentar disyuntivas insolubles. Las actividades, por ejemplo, de entrenamiento de obreros en una fábrica es altruista para muchos, pero puede ser considerada como egoísta por otros.

¿Es altruista o egoísta que yo dé ayuda para el mantenimiento de niños pobres? La mayoría dirá que es una acción altruista, pero en esa acción hay un beneficio personal indudable.

La idea de esta carta fue tomada de la obra de Spencer, Herbert (1978). THE PRINCIPLES OF ETHICS VOL 1. Indianapolis. Liberty Fund Inc. 0913966770, Part I, Chapter 12, Altruism versus Egoism, pp 231 a 245. La primera parte de esa obra fue publicada originalmente en 1879. Spencer fue un filósofo británico autodidacta a quien se ha considerado uno de los primeros sociólogos.

Se define al altruismo, comienza Spencer, como toda acción que en el curso normal de las cosas beneficia a otros en lugar de a sí mismo. Más aún, podemos decir que desde el inicio de los tiempos el altruismo ha sido igualmente esencial que el egoísmo.

El altruismo depende primariamente del egoísmo y secundariamente el egoísmo depende de él.

Así como ha habido avance por niveles del altruismo inconsciente de los padres al altruismo consciente, igualmente ha habido avance por grados del altruismo de la familia a lo social. Y debe ser notado que sólo donde existen relaciones de altruismo avanzado en la familia ha sido posible tener grados avanzados de altruismo en la sociedad.

En la evolución del hombre deben reconocerse esto, que el aumento en la satisfacción egoísta ha dependido del crecimiento en el cuidado por las satisfacciones de los demás.

En otras palabras, lo que Spencer hace es poner en tela de juicio la noción de que el egoísmo y el altruismo son polos opuestos. No, dice él, ambos están íntimamente relacionados. Mi bienestar personal egoísta depende del cuidado que ponga en el bienestar de los demás.

El autor examina a continuación varios niveles de altruismo. Lo primero a ser tratado, en el plano social, es el altruismo negativo que está implícito dentro de los impulsos egoístas que evitan la agresión.

Si el hombre en vez de vivir solo se une con otros para propósitos de defensa mutua o cualquier otro motivo, es que así todos tienen notables mayores ventajas de esa unión. En promedio cada quien pierde menos de lo que gana con esa unión. Por tanto, el egoísmo tiene que tener el suficiente altruismo como para reconocer los reclamos de otros, si no es por medios voluntarios, al menos por obligación.

Aunque este reconocimiento es del más bajo tipo, debido al temor de represalias o a la imposición del castigos, la ganancia egoísta debida a la unión es pequeña y crece conforme se reconoce de manera voluntaria.

Más aún, el objetivo primario de seguridad ante la presencia de enemigos comunes es mal alcanzado si existen animadversiones internas y tampoco pueden tenerse ventajas de cooperación en trabajos comunes; hay poco incentivo para hacer esfuerzos adicionales cuando el futuro de trabajo no es seguro.

Los intereses privados de cada persona mejoran no solo en proporción en la que ella se abstiene de agresiones directas, sino también en la proporción en la que los demás disminuyen sus conflictos entre sí.

Los antagonismos entre los que están alrededor impiden la realización de cada uno a favor de beneficios personales; causando desorden hacen dudosos los beneficios personales. Por tanto, todos se benefician egoístamente del aumento del altruismo que lleva a la prevención y disminución de la violencia de otros.

Lo mismo sucede en otro nivel, el del altruismo que evita el rompimiento de acuerdos y promesas mutuos. La aceptación de la máxima de que la honestidad es la mejor regla de conducta, implica beneficios para todos.

A todos interesa que exista ese altruismo, porque de mil maneras diferentes hay daños comunes por la falta de esa conducta altruista. Todos saben que conforme crecen las cuentas incobrables de los comercios los precios suben, que cuando más defectos tengan las materias primas y sea malo el trabajo de los obreros, más costarán las telas.

Conforme menos de confianza sean las personas, más altas serán las tasas de interés, lo que es un impedimento a la industria.

Eso lleva a un tercera manera en la que el bienestar propio es el resultado de hacer sacrificios personales por el bien común. Aquél que se preocupa solo de sus asuntos personales sin atender a los asuntos públicos está ciego ante el hecho de que su propios asuntos son posibles sólo por el mantenimiento de un buen orden en las cosas públicas.

En donde haya muchas personas así, se tendrán gobiernos llenos de aventureros y demagogos, en los que la corrupción vicie la administración y las transacciones fraudulentas sean habituales.

Fuerte castigo cae sobre la comunidad en la que las personas se preocupan sólo por ellas y no por los demás. Allí sus inversiones estarán inseguras, sus cobros menos protegidos y sus vidas en mayor riesgo.

Spencer continúa ahora con otra consideración, al hablar de un hombre débil que por sí mismo debe mantenerse y que por ello sufre de porciones pequeñas de comida y otras cosas necesarias para recobrar su fuerza.

En una comunidad formada por hombres débiles, que dividen sus frutos y esfuerzos, todos sufren las consecuencias de la debilidad de sus compañeros. Por tanto, todo lo que reduce la fuerza de los hombres en general, restringe el bienestar de los demás y hace a las cosas más caras.

Es obvio que a todos interesa el bienestar de los demás. Lo malo que haya en los demás puede afectarlo a él también, como por ejemplo, la diseminación de una enfermedad. El egoísmo del bienestar personal es ayudado por las acciones altruistas que lleven a acciones que detengan esa infección.

Con los mejores estados mentales y físicos de los ciudadanos los gozos de las personas se elevan. La ignorancia, como la debilidad física, eleva el precio de los bienes.

Donde la agricultura no es mejorada, los precios de la comida son mayores de lo que podrían ser. Donde no hay inventiva todos pierden del beneficios de los nuevos artefactos inventados. Muy clara es la dependencia de la satisfacción personal en la buena condición de los demás.

La mala preparación de un cocinero puede enfermar a los comensales. El retraso en la entrega de un mensaje puede ocasionar pérdidas personales. Hay un beneficio egoísta al ayudar a los demás a ser mejores. Y aclara que no se refiere a los impuestos pagados para las escuelas que llenan a las personas de datos inútiles, sino al altruismo que ayuda a difundir el conocimiento de la naturaleza de las cosas y que cultiva el poder de aplicar ese conocimiento.

Todos tienen interés personal en elevar la moral pública, para fomentar el cumplimiento de la palabra, por ejemplo, pero también en numerosos detalles, como el evitar el descuido en un trabajo que echa a perder una ropa o en el engaño de quien pone un abrigo sobre un asiento de un tren para hacer creer a los demás que el lugar está ocupado.

Las personas sufren daños personales cuando un trabajo se hace mal, por ejemplo, con una construcción realizada con descuido debido a que el sindicato impide que los buenos trabajadores ganen más que los malos.

El éxito personal depende en buena forma del bienestar de otros. Por ejemplo, quien gana amistades con gestos sinceros contrasta con quien gana enemistades, y así muestra la verdad de que los gozos egoístas son ayudados por las acciones altruistas.

Se gana más ayudando a otros con actos verdaderamente altruistas que con acciones que falsamente lo son. Porque es obvio que el flujo de la buena naturaleza en los detalles es la que genera en los demás la unión que lleva a la benevolencia.

Si se compara el estado de un hombre con todos los medios materiales para su felicidad, pero aislado debido a su egoísmo, con la situación de un hombre relativamente pobre pero con muchos amigos, vemos que los gozos vienen en abundancia al segundo pero no al primero.

Hay que considerar el aspecto egoísta del goce altruista. El estado mental que produce un acto altruista es un estado de placer y debe ser contado como una de los que constituyen la suma de sus placeres. En este sentido es egoísta.

Por mucho que dudemos de clasificar al placer altruista como un placer más elevado que el egoísta, debemos reconocer que sus efectos en los demás son iguales al efecto egoísta.

Es decir, el egoísmo puro es en sus resultados directos menos exitoso que el egoísmo debidamente calificado por el altruismo, el que además de lograr placeres adicionales, eleva la vitalidad y la capacidad del placer en general.

Igualmente, la gratificación estética es más amplia para la naturaleza altruista que para la egoísta. Desde el principio de los tiempos el egoísmo ha dependido del altruismo igual que el altruismo del egoísmo.

Más aún, esta dependencia del egoísmo en el altruismo debe ser llevada más allá de las fronteras de una nación y tiende a ser universal. Con el progreso, la dependencia entre las naciones se eleva por causa del intercambio comercial y el bienestar de cada nación se torna la preocupación de las demás.

Esto no es la supuesta conquista de varias partes del mundo por la codiciosa acción disfrazada de llevar las bendiciones británicas, sino igual que antes, por la justicia en los tratos.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “Egoísmo y Altruísmo”
  1. yamilet ten su Dijo:

    cómo podemos formentar el altruismo. NOTA DEL EDITOR: primer paso, siendo un egoísta ilustrado.





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