Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
“Dame para mi Viagra”
Eduardo García Gaspar
17 noviembre 2008
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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La muy pequeña noticia reportó, sin embargo, algo enorme:

“Carlos Welti, miembro del Programa de Población y Estudios Demográficos de la UNAM, consideró que el reparto gratuito de Viagra entre ancianos es un reconocimiento a sus derechos sexuales”.

Tal cosa dijo, por motivo de una acción de gobierno.

La Secretaría de Salud del Gobierno del Distrito Federal en México tiene un programa de atención a la salud sexual de las personas a las que se llama de la tercera edad.

El programa de gobierno incluye una dosis gratuita de ese medicamento para quienes sufran de lo que la medicina remedia. Cada una de las píldoras cuesta unos 130 pesos.

Más allá de lo grotesco de la noticia, en su fondo representa toda una revolución filosófica. La autoridad gubernamental, de acuerdo con ese programa, tiene ahora facultades meta constitucionales, las relacionadas con el gozo sexual de los ciudadanos.

La autoridad ha reconocido que existen derechos sexuales, lo que sea que eso signifique, pero ha ido un paso más allá y facilita que ellos se ejerzan.

El siguiente paso en la misma dirección podría ser la contratación de sexo servidoras, como ahora se les dice, para enviarlas a las casas de la gente de tercera edad. Es algo asombroso realmente y podría tener una frase de campaña publicitaria, “Mi voto por un Viagra”.

Visto con algo de mayor profundidad, sí se trata de un cambio revolucionario de las funciones de un gobierno.

En un primer plano, esa autoridad mexicana da un paso que es llamativo, el de reconocer que las personas tienen derechos sexuales y que, supongo, sea reconocer que pueden llevarlos a la práctica, que no están prohibidos.

Hasta aquí no hay problema alguno.

Pero, en segundo plano, da un paso adicional realmente novedoso y que cambia toda concepción política de las funciones de un gobierno: detecta a personas que por edad no pueden ejercer esos derechos e implanta un programa para que lo hagan: les da Viagra de manera gratuita. Es un paso que debe dejarse muy claro en la mente.

Usted y yo, por ejemplo, tenemos derechos y entre ellos hay muchas acciones concretas como el beber una cerveza.

Siguiendo la lógica del gobierno de la capital mexicana, esa autoridad debería proveernos de esa cerveza.

Si un gobierno es proveedor de medios para ejercer derechos, como en el caso del Viagra, no hay razón de fondo para impedir que provea medios para ejercer el resto de las cosas que podemos hacer, como escuchar música, para lo que deberá regalar discos a quienes digan que no pueden comprarlos.

Quizá la razón de fondo sea una mentalidad astuta en esa autoridad aunque llena de ideas incomprensibles y revueltas. Su intención, sin duda, es la de ganar popularidad y, con ello, votos: cambia Viagras por simpatías electorales.

Con tal intención, sin embargo, produce un cambio en la teoría política: el gobierno deberá ahora proveer los medios para poder ejercer los actos a los que las personas tienen derecho.

El cambio es notable porque, bajo esta nueva teoría, los impuestos ya no se usan para bienes públicos, como carreteras, pavimentación, policía y demás.

Deben usarse también para bienes privados dados a grupos específicos: la posible compra de materiales para la policía será ahora dedicado a remediarle a alguien el padecimiento que alivia el Viagra.

El tema bien vale una segunda opinión, en parte por lo risible del tema, pero mucho más por otra razón, la del cambio de funciones gubernamentales.

Bajo esta nueva teoría de estado, los gobiernos son proveedores oficiales de medios que dan a los ciudadanos para que ellos puedan realizar acciones, especialmente las que no pueden hacer por la razón que sea.

Bajo esta nueva visión gubernamental, impuestos, ingresos petroleros y demás, serán dedicados a dar Viagra.

Bajo el mismo principio, será también lógico que el gobierno dé materiales de pintura a quien sea que argumente que quiere ejercer su derecho a pintar. O una guitarra al que alegue que tiene el derecho a tocarla.

Sucede todo esto porque no se ha entendido la diferencia entre derechos y situaciones deseables. Para usted y para mí, será en extremo deseable contar el siguiente viernes con una cena de caviar y vodka y, nadie puede evitar que la tengamos, pero eso no significa que tengamos derecho a ella y que alguien la pague.

Tendrán derecho los de la tercera edad a tener sexo, pero eso no significa que usted y yo le paguemos su pequeño placer. Ni significa que deban retirarse fondos del sueldo de un policía para que el viejito la pase bien hoy por la noche.

Si el viejito lo quiere hacer, allá él, pero no posee el derecho de afectar al resto. Y la autoridad tampoco tiene ese derecho de afectar a terceros.

Post Scriptum

La nota apareció el 13 de noviembre de 2008 (Grupo Reforma), donde se mencionaba también que uno de los municipios de Nuevo León, Escobedo, tiene un gobierno que reparte Viagra y condones. Lo que llama la atención es que esta barrabasada no llama la atención a nadie.

El corazón del tema es un asunto tratado por otros autores, por ejemplo, Hazlitt y lo que menciona de los pseudo derechos.

Yo tengo derechos que imponen en los demás la obligación de no interferir al realizar ciertas acciones; usted no puede interferir en mi ida a cenar a un restaurante porque tengo libertades de tránsito y movimiento. Pero que yo tenga derecho a transportarme al restaurante no significa que usted deba pagar por el taxi que uso.

Usted puede estudiar en una universidad, pero no significa que otros deban pagar por esa educación. Los viejos pueden hacer lo que el cuerpo les permita, pero no tienen derecho a obligar a otros que paguen por eso.

El punto es vital y trata de distinguir entre derechos y posibilidades que otorgan esos derechos. El derecho a escribir lo que uno quiere, implica la obligación en el resto de no impedirlo, pero no la obligación de pagar a alguien para que escriba.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural. Tiene una colección de más de tres mil textos.



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