Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Amenaza Pública No. 1
Eduardo García Gaspar
16 abril 2009
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los temas de la actualidad son muy diversos. Entre ellos, sin embargo, existe uno que se presenta una y otra vez, el del déficit público. Su definición es sencilla: el resultado que se tiene cuando un gobierno gasta más de lo que recibe.

Es lo mismo que le sucedería a una persona cualquiera cuando gasta más de lo que gana. De algún lugar deberá obtener la diferencia. El déficit se cubrirá con un préstamo a pagar más tarde. Es decir, un déficit es necesariamente una deuda futura que tiene obligación de pagarse con los ingresos futuros.

Un déficit público siempre es una deuda futura, un gasto por encima del ingreso presente. El caso actual en los EEUU es muy ilustrativo. Por supuesto, uno de los efectos más claros del déficit gubernamental es una elevación de la tasa de interés. La demanda de crédito se eleva por causa gubernamental y ese mayor costo se traslada a toda la economía.

Eso es malo porque daña el bienestar general: reduce el crecimiento. Pero quizá la peor consecuencia del déficit gubernamental sea el producir irresponsabilidad en la clase política. Un déficit público, en este sentido, es diferente al déficit personal, muy diferente.

Si usted o yo gastamos más de lo que ganamos y para cubrir nuestro déficit pedimos un préstamo, ese crédito será pagado por nosotros mismos. No le trasladamos a nadie nuestro déficit. Pero en el caso del déficit gubernamental, el gobernante no lo tiene que pagar de su propio bolsillo: lo traslada a otros y él sale sin deudas ni compromisos.

Esto es lo que hace al déficit público una práctica en extremo peligrosa. Un gobernante gasta más de lo que recibe su gobierno, cubre la diferencia con una deuda y esa deuda la tendrán que pagar otros, no él. Pocos mecanismos tan propicios para generar irresponsabilidad como éste.

La razón de ser de un gobernante es el llegar a una posición de poder. A esa meta dedicará todo su esfuerzo y, para lograrlo, tendrá que ganar elecciones atrayendo votos, los más posibles. El poder gastar más de lo que recibe, le permite al gobernante prometer mucho y convencer al electorado. Es un tipo de compra de voto que la posibilidad de tener un déficit hace mayor.

Pero, la cuestión no para allí. El déficit le permite al gobernante prometer sin elevar impuestos, lo que es una especie de ensueño para el ciudadano: recibirá del gobierno cosas que le parecerán son gratuitas. Detrás de esto, hay algo que no se ve con facilidad: el déficit tarde o temprano se convertirá en impuestos… o en algo peor, como una quiebra o impresión de dinero.

El problema del déficit público es, por tanto, uno de irresponsabilidad política: el gobernante podrá gastar dinero que no tiene y pasar la deuda a terceros que ningún papel han jugado en esa decisión. Es como si usted o yo tuviésemos tarjetas de crédito que por obligación pagan los vecinos, y no nosotros.

La posibilidad de un déficit, como práctica común, agrava el problema político, que es el del aumento del poder gubernamental. Hace que los gobernantes sean los personajes económicamente más poderosos. Mucho más que los más grandes millonarios de la lista de Forbes. Es por esto que la práctica del déficit debe ser anulada.

Creo que sería de enorme provecho que las legislaciones de los países prohibieran los déficits. Hacerlo permitiría al ciudadano comprender la relación directa entre gasto de gobierno e impuestos, la que demasiadas veces le pasa desapercibida. Y, también, haría del gobernante un mejor profesional de sus funciones.

Si no hay manera de entender al déficit público de una manera positiva, resulta por demás una sorpresa que se le considere como una práctica deseable. Por ejemplo, en la situación actual, una de las opiniones más prevalecientes es la que sostiene que para remediar la recesión económica, un gobierno debe entrar en una posición deficitaria.

Los gobernantes han sido muy exitosos al convencer a muchos ciudadanos de que el gasto gubernamental es bueno para todos. Mucho más exitosos que la esposa gastadora en persuadir a su marido de que su gasto en ropa ayuda a reanimar a la economía, o que el gasto en un auto de lujo del esposo se justifica por ser una colaboración a solucionar la crisis.

Y esto es lo que es realmente admirable: un acto de irresponsabilidad convertido en una práctica deseable.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras