Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Armando a Goliat
Eduardo García Gaspar
28 agosto 2009
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La contracción será difícil. La economía disminuirá. Los ingresos bajarán. La recuperación será lenta. Y dentro de todo esto, uno solo será beneficiado: el gasto gubernamental. No se contraerá.

El tema bien vale una segunda opinión para mostrar un fenómeno: durante las épocas de bonanza, los ingresos gubernamentales crecen por la mayor prosperidad. Durante las épocas de desdicha, aunque no haya más ingresos, los gastos de gobierno también crecen.

No importa lo que acontezca, los gastos de gobierno crecen. Suceda lo que suceda, el gobierno se vuelve más grande. Si no me cree, el gasto del gobierno mexicano necesitaría tener una fortuna base de unos 4 billones de dólares colocados al 6%. Los más millonarios del planeta tienen fortunas de alrededor de 60 mil millones, varias decenas de veces inferior. Los realmente ricos no son los que aparecen en las listas de súper millonarios.

Esa desproporción de poder tiene su antecedente principal en la recomendación keynesiana, que se ha convertido en una solución estandarizada de gobierno. Funciona más o menos así.

Durante épocas malas, de recesión, se contrae el gasto privado, el que hacemos los ciudadanos, y esa caída se quiere compensar con un mayor gasto público. La meta es que el gasto total se mantenga. El mecanismo central es pensar que manteniendo el gasto total, la crisis se remediará. Claro que hay un problema.

Si el gasto privado es menor, puede anticiparse una caída en los ingresos públicos (menos impuestos), pero como el gasto público debe aumentar, se buscan otras fuentes de ingresos. Una de ellas es la contratación de más deuda pública. El gobierno pide prestado dinero, con lo que eleva la demanda de capital y eso, a su vez, provoca una tendencia a elevar las tasas de interés.

Este efecto ha sido mencionado muchas veces, apuntando una situación indeseable: con tasas más altas la recuperación no será fácil, a pesar del mayor gasto gubernamental. Pero hay otra opción, la de cobrar más impuestos. Es absurdo hacerlo, se ha dicho, porque eso elevaría los costos de vida de la gente en momentos en los que menos gasta.

La tercera opción es aún más temible: echar a andar la máquina de hacer dinero para gastar más. Es una opción delictiva, pues se trata de falsificación de billetes y, peor aún, produce inflación, lo que tiene el mismo efecto, pero maximizado, que elevar impuestos y subir tasas de interés.

Regreso a mi punto inicial: no importa qué suceda en la economía, los gobiernos tienden a crecer en general a un ritmo de largo plazo que es mayor que el de la economía. Y eso permite hacer una predicción general: cuando la economía se encuentre en un mejor estado que ahora, el gasto real del gobierno será mayor que en el período anterior de bonanza.

Ese gasto es como el que da dos pasos adelante y uno hacia atrás. Si es que hay retracción en el gasto de gobierno, o en el tamaño de su participación en la economía, no regresará a niveles anteriores. No disminuirá porque los gobiernos son instituciones especiales, únicas en su género: sus ingresos son obtenidos por la fuerza y su rendición de cuentas es mínima.

Creo que el fenómeno es digno de ser señalado por los riesgos que significa para la vida de todos. Conforme más se eleve la participación económica de los gobiernos más dependencia se tendrá de ellos y ya que son organismos mal administrados por lo general, la economía sufrirá el desperdicio de recursos escasos.

¿Por qué sucede este fenómeno tan curioso? Una razón es obvia entre varias. Me refiero a la miopía con la que se analizan los fenómenos económicos. Pongo un ejemplo: las fortunas de Gates, Buffet y el resto se consideran un enorme poder económico y es cierto. Igualmente son muy poderosas otras empresas, como las petroleras.

Y, con temor muy justificado ante ese poder empresarial, que sin duda tenderá a ser abusado, se comete una de las acciones más miopes de toda la historia: se pide a los gobiernos que tengan más poder para controlar a esas empresas poderosas. Con un problema serio.

El gobierno al que se pide intervenir tiene aún más poder y recursos que todas esas empresas juntas y creyendo que el gobierno nos salvará de abusos, se acaba creando un monstruo varias decenas de veces mayor que esas temibles empresas poderosas. Más miope es difícil ser. Es como darle armas a Goliat para que nos proteja de David.

Post Scriptum

La prueba de que los gobiernos con mucho más ricos que las mayores empresas está en Los Más Grandes Gastadores.


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